La crecida por El Niño con un beneficio ecosistémico

 


La crecida del Paraná también renueva la vida de las islas y asegura la reproducción de los peces

Mientras el río obliga a evacuar familias en el norte del Litoral, especialistas destacan que las inundaciones periódicas recuperan lagunas secas, renuevan la vegetación y son decisivas para el sábalo, el dorado y el surubí.

Mientras la crecida del río Paraná obliga a evacuar familias en el norte del Litoral y preocupa a las ciudades ribereñas, especialistas recuerdan que el fenómeno tiene otra cara. Las inundaciones periódicas son el motor que renueva la vida de las islas y los humedales del río. De ellas depende la reproducción de los peces más importantes de la región, como el sábalo, el dorado y el surubí.
“Su renovación de poblaciones depende de estas crecidas”, explicó Damián Lescano, licenciado en Biotecnología y naturalista, sobre las especies de interés pesquero. Según detalló, gran parte de los ejemplares que hoy se pescan nacieron durante la última gran crecida, la de 2015 y 2016.

Un río que respira
El Paraná no es un río de caudal estable. Su historia alterna crecientes y bajantes, influidas por fenómenos climáticos como El Niño y La Niña. También influyen intervenciones humanas como los terraplenes, los dragados y los cambios en los cursos de agua. Cuando el río desborda, inunda la llanura aluvial, aporta nutrientes, dispersa semillas y renueva la vegetación de las islas.
Uno de los efectos más visibles es la recuperación de lagunas y cursos de agua que estuvieron secos durante la bajante extraordinaria, que se extendió aproximadamente entre 2019 y 2022. Con el agua vuelven los invertebrados, crecen las poblaciones de peces y se reactiva toda la cadena alimentaria del humedal.

La ciencia detrás del pulso
La explicación científica coincide con esa mirada. Pablo Scarabotti, investigador del Conicet y docente de la Universidad Nacional del Litoral, habló durante el Primer Congreso Argentino de Ictiología, realizado en Santa Fe. Explicó que especies como el sábalo, el dorado, el surubí, el patí y la boga se reproducen al ritmo de los llamados pulsos de inundación. En la región, esos pulsos se producen aproximadamente cada dos a siete años.

El proceso es preciso:
- Tras el desove, los huevos derivan río abajo durante dos o tres días hasta convertirse en larvas.
- Para sobrevivir, las larvas necesitan entrar en la llanura inundada.
- Allí encuentran aguas poco profundas, vegetación y alimento: primero zooplancton y luego materia orgánica en descomposición.
Un solo sábalo puede desovar hasta un millón de huevos. Durante la bajante, en cambio, las larvas no podían llegar a esos ambientes. Eso puede dejar generaciones casi ausentes en las capturas futuras.
Los efectos de una buena creciente no son inmediatos. Según el investigador, aparecen en la pesca dos o tres años después y pueden sostener la actividad durante cinco a diez años. Los peces migratorios viven entre 10 y 20 años, así que tienen varias oportunidades de reproducirse a lo largo de su vida.
“Es una dinámica natural del río y no una catástrofe; es un ciclo natural”, resumió Scarabotti. Advirtió además que si se terraplenan los ríos o se desconectan las lagunas, el sistema empieza a deteriorarse.

El Niño y el estado del río
El contexto climático favorece el fenómeno. Según el Servicio Meteorológico Nacional, El Niño alcanzó una intensidad fuerte y tiene un 100% de probabilidad de continuar entre octubre y diciembre, con lluvias abundantes en la cuenca.
El impacto es desigual a lo largo del río:
- Corrientes: el Paraná superó la cota de evacuación. Según los últimos relevamientos, hay 391 evacuados y unas 15.000 personas afectadas.
- Rosario: el río sigue por debajo de los niveles de alerta. Marcaba 3,52 metros el jueves 22, y el Instituto Nacional del Agua prevé que llegue a unos 4,56 metros a comienzos de noviembre.
- Santa Fe: se esperan 4,92 metros para la misma fecha.

Los desafíos de convivir con el agua
Los especialistas advierten que el problema no es la crecida, sino la forma en que se ocupó el territorio durante los años de bajante. Según Lescano, muchas personas se instalaron en las islas o empezaron a usarlas sin prever que el agua volvería. Los isleños y pescadores tradicionales, en cambio, conviven con estos ciclos: tienen viviendas desmontables y se trasladan por temporadas. Lescano también cuestionó el crecimiento de la ganadería en las islas sin planes para evacuar a los animales, algo que en crecidas anteriores provocó pérdidas.
La crecida de 2026 vuelve a plantear un debate de fondo: cómo proteger a las comunidades ribereñas sin olvidar que el humedal del Paraná necesita sus inundaciones para seguir vivo.


Fecha de Publicación: 26/10/2026
Provincia/Región: Litoral Argentino
Fuentes Consultadas: Portal Canal 1, Portal Rosario3, Diario El Litoral, Portal Mirador Provincial, Portal MDZ, Conicet

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