Chubut, Camarones: alertan por la pesca comercial todo el año

 


Alertan por el impacto ambiental de habilitar la pesca comercial todo el año frente a Camarones

Organizaciones ambientales y vecinos de la localidad chubutense advierten que el ingreso permanente de buques a una bahía pequeña, dentro de un área marina protegida, amenaza la fauna, el agua y el uso público de la costa.

En Camarones, un pequeño pueblo costero del este de Chubut, la bahía es mucho más que un puerto. Es el balneario de la comunidad, un espacio de recreación y la puerta de entrada a uno de los ambientes marinos más valiosos de la Patagonia. Por eso, la habilitación de la subárea 12 para la pesca comercial durante todo el año encendió las alarmas de organizaciones ambientales, especialistas y vecinos. Todos advierten por el impacto que podría tener la presencia permanente de buques sobre la fauna, el agua y el uso público de la costa.
La medida permite la explotación de merluza en la zona sin restricciones estacionales. Para quienes cuestionan la decisión, el problema central es la escala: la bahía tiene unos 150 metros de extensión, formaciones rocosas en el medio y un muelle de estructura reducida. Según advirtieron técnicos consultados, durante la temporada de verano las embarcaciones podrían llegar a maniobrar a menos de 50 metros de los bañistas.

Un área marina protegida
El reclamo cobra otra dimensión por el lugar donde ocurre. Camarones forma parte del Parque Interjurisdiccional Marino Costero Patagonia Austral, creado por la ley nacional 26.446 y gestionado en conjunto por la Administración de Parques Nacionales y la provincia de Chubut. El área protegida abarca más de 1,18 millones de hectáreas, la mayoría marinas, y alberga colonias de pingüino de Magallanes, apostaderos de lobos marinos, bosques de macroalgas y una gran diversidad de aves. Ballenas, delfines y orcas recorren sus aguas.
Los especialistas señalan que el ruido y el movimiento constante de los buques podrían alterar el comportamiento de las ballenas que frecuentan la región y afectar a la pingüinera cercana a la localidad.

Lo que dejan los barcos
A esas preocupaciones se suman antecedentes concretos. Investigaciones del Centro Nacional Patagónico (CENPAT-CONICET) detectaron en el agua estaño liberado por las pinturas antiincrustantes que se aplican en los cascos de los barcos, un contaminante asociado a alteraciones reproductivas y malformaciones en moluscos. Estudios de ese centro a lo largo de la costa patagónica ya habían documentado el imposex, la masculinización de hembras de caracoles marinos, en zonas portuarias con presencia de tributilestaño, el compuesto utilizado en esas pinturas.
Los vecinos también reportaron manchas de hidrocarburos en el agua durante el verano pasado y el desprendimiento de defensas del muelle por los impactos de las embarcaciones. Otro punto débil es el manejo de los residuos: la gestión de los desechos asimilables a domiciliarios que generan los buques es precaria, y no hay datos públicos sobre el volumen que se produce en la actualidad.
La falta de información alcanza a otro problema conocido de la pesca industrial: el descarte de fauna acompañante. Esa práctica, habitual en las flotas de arrastre, está prohibida por la Ley Federal de Pesca. "Sin embargo, poco sabemos sobre qué sanciones se aplican a los buques que incumplen", señaló Juan Coustet, coordinador de la organización Sin Azul No Hay Verde.

El reclamo por transparencia
Para Coustet, el debate no se limita a Camarones. La organización plantea que la gestión de los recursos pesqueros debe ser abierta y controlable por la sociedad, con información clara sobre controles, sanciones y volúmenes de captura. "Los argentinos tenemos derecho a saber cómo se gestiona nuestro mar", sostuvo el ambientalista, quien recordó que el mar es parte del patrimonio natural del país.
Hasta el momento no se conoció una respuesta oficial a los planteos ni el detalle del acto administrativo que habilitó la pesca durante todo el año en la subárea. Tampoco hay precisiones sobre cuántos buques operan o podrían operar en la bahía, ni sobre los volúmenes de captura previstos.

Una tensión de fondo
El caso expone una tensión que se repite en distintos puntos de la costa patagónica: la convivencia entre una actividad económica de peso como la pesca, el turismo de naturaleza y la conservación de ecosistemas marinos protegidos. En Camarones, donde el pueblo vive de cara al mar, esa discusión se juega en una bahía de apenas 150 metros, en la que cada embarcación que entra se nota.
Para los vecinos y las organizaciones que impulsan el reclamo, la prioridad es que cualquier decisión sobre el uso de la bahía se tome con información pública y controles efectivos, antes de que la próxima temporada de verano vuelva a llenar la costa de bañistas.


Fecha de Publicación: 09/10/2026
Provincia/Región: Chubut
Fuentes Consultadas: Portal Economía Sustentable, El Rompehielos, CENPAT-CONICET

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