Buenos Aires lanzó un visor para seguir lluvias y crecidas
La provincia de Buenos Aires lanzó un visor para monitorear lluvias y crecidas en tiempo real
La herramienta pública reúne datos de 150 estaciones sobre precipitaciones, caudales y niveles de ríos, y forma parte del plan provincial de gestión del riesgo frente al cambio climático, ante la amenaza de un El Niño intenso.
La provincia de Buenos Aires lanzó un Visor Hidrometeorológico de acceso público que permite seguir en tiempo real las lluvias, los caudales y los niveles de ríos y arroyos en todo el territorio bonaerense. La herramienta, presentada en Bragado por el Ministerio de Infraestructura y Servicios Públicos, busca anticipar crecidas e inundaciones en un contexto marcado por el exceso de agua acumulada y la amenaza de un fenómeno de El Niño de gran intensidad.
El visor fue desarrollado a través del Sistema Inteligente de Monitoreo para la Prevención y Análisis del Riesgo Hidrometeorológico (SIMPARH), de la Autoridad del Agua (ADA), junto con los ministerios de Ambiente y de Desarrollo Agrario. Cualquier persona puede consultarlo sin registrarse, desde una computadora, una tablet o un celular, a través del sitio simparh.ada.gba.gov.ar, y abarca los 135 municipios bonaerenses.
Qué muestra
La plataforma integra la información de 150 estaciones de monitoreo, 42 de ellas provinciales. También suma datos de redes nacionales y de otros organismos públicos y privados, como el Instituto Nacional del Agua, la Autoridad de Cuenca Matanza Riachuelo y la Bolsa de Cereales de Bahía Blanca, además de aportes de monitoreo participativo y de los municipios.
Las estaciones automáticas registran lluvias, caudales y niveles de agua, y, según su equipamiento, también condiciones meteorológicas, calidad del agua, nivel de la napa freática, temperatura, humedad y presión. La mayoría transmite datos cada 15 minutos o cada hora.
Los usuarios pueden filtrar la información por cuenca o por municipio, generar gráficos, descargar informes y proyectar el comportamiento de los cuerpos de agua. La versión para usuarios registrados incorpora además datos de campo de 180 puntos de la Red Hidrométrica Provincial. Cada municipio recibirá un usuario y una contraseña para armar sus propios tableros de control y filtros.
El ministro de Infraestructura y Servicios Públicos bonaerense, Gabriel Katopodis, definió al visor como “una herramienta que nos da más información para anticiparnos, planificar y tomar decisiones a tiempo”. El funcionario remarcó que la gestión del agua requiere coordinación entre sectores e inversión en infraestructura, porque el agua no reconoce límites entre jurisdicciones.
Un plan frente al cambio climático
El visor forma parte del Plan de Gestión del Riesgo frente al Cambio Climático que el ministerio impulsa desde 2025. La iniciativa responde a la gran cantidad de agua acumulada en el territorio bonaerense y al riesgo de que el fenómeno de El Niño, e incluso un posible “Súper Niño” de magnitud histórica, provoque lluvias extraordinarias durante la segunda mitad de este año y en 2027. En la región pampeana, los episodios de El Niño suelen asociarse con precipitaciones superiores a lo normal durante la primavera y el verano, lo que eleva el riesgo de anegamientos en campos y ciudades.
La provincia proyecta ampliar la red hasta 250 estaciones entre 2026 y 2030. Para 2027 prevé contratar un software centralizado de visualización, modelado de datos y alertas, y destinar recursos a la operación y el mantenimiento de las redes de monitoreo.
La importancia de anticiparse
Contar con datos en tiempo real es clave en una provincia de grandes llanuras, donde el agua escurre lentamente y las inundaciones pueden prolongarse durante semanas. La información sobre lluvias y niveles de ríos permite a los municipios, los productores y los organismos de emergencia prepararse con anticipación, organizar evacuaciones y proteger viviendas, infraestructura, cultivos y ganado.
La herramienta llega en un momento de alerta en buena parte del país. El fenómeno de El Niño ya provoca una crecida extraordinaria de los ríos Paraná y Uruguay, con cientos de evacuados en el Litoral, y especialistas de la represa de Yacyretá advirtieron que el episodio recién comienza y podría intensificarse entre octubre y febrero.
En la provincia de Buenos Aires, donde los excesos hídricos se alternan con sequías cada vez más severas, el monitoreo permanente se vuelve una pieza central de la adaptación al cambio climático, que aumenta la frecuencia y la intensidad de los eventos extremos.
Fecha de Publicación: 23/10/2026
Provincia/Región: Buenos Aires
Fuentes Consultadas: Diario La Nueva, Ministerio de Infraestructura y Servicios Públicos de la Provincia de Buenos Aires, Autoridad del Agua (ADA).
Crecida del Litoral, desplazados y Cataratas al límite
La crecida del Litoral deja 472 desplazados en Corrientes y multiplica por diez el caudal del Iguazú
El Paraná superó el nivel de alerta en la capital correntina y el agua ya entró en barrios costeros, mientras en el Parque Nacional Iguazú desmontaron las pasarelas de la Garganta del Diablo por un caudal récord vinculado a El Niño.
La crecida de los grandes ríos del Litoral se agravó en los últimos días y ya obligó a cientos de familias a dejar sus casas. El río Paraná superó los 6,50 metros frente a la ciudad de Corrientes, lo que activó la etapa de alerta del plan local de inundaciones, mientras el agua comenzó a ingresar en barrios costeros y en las Cataratas del Iguazú el caudal se multiplicó por diez.
Según el último relevamiento de Defensa Civil de Corrientes, difundido el viernes por la noche, hay 472 personas fuera de sus hogares en la provincia: 206 evacuadas y 266 autoevacuadas. La mayoría de estas últimas está en la capital, donde 65 familias se alojaron por sus propios medios en casas de familiares o conocidos. En Itatí hay 110 personas evacuadas, alojadas en la Casa Promesera y en un hospedaje; en la isla Apipé, 44; en Paso de los Libres, 31, resguardadas en el ex Regimiento; en Ituzaingó, 19, y en Yahapé, 2.
El agua llega a los barrios
En la capital correntina, el río alcanzó el viernes el barrio Anahí, en la zona norte, y anegó calles, veredas y viviendas. El intendente Claudio Polich había advertido que el impacto sería mayor en Punta Taitalo, Puerto Italia y la franja entre el barrio Caridi y La Tosquera. El nivel de evacuación para la ciudad es de 7 metros, y los pronósticos indicaban que podía alcanzarse entre el viernes y el sábado. En Itatí, el agua ya cubrió la costanera, afectó los campings e ingresó en sectores bajos del barrio Ibiray.
El gobernador Juan Pablo Valdés recorrió las zonas afectadas y anunció que la provincia habilitará refugios con servicios básicos, alimentos y atención sanitaria, junto con los municipios. La Prefectura Naval Argentina advirtió que la crecida acelera la corriente y arrastra troncos y ramas, por lo que recomendó extremar las precauciones en la navegación, evitar hacerlo de noche y no ingresar al agua en sectores no habilitados.
La situación también es crítica en otras provincias. En Misiones, Libertad, Libertador y Santa Ana están en etapa de evacuación, y Eldorado permanece en alerta. En Chaco, Barranqueras está en alerta. Sobre el río Uruguay, Concordia es la única ciudad entrerriana con evacuados, y hay alertas en Alvear, La Cruz, Yapeyú y Bonpland, en Corrientes. En el norte de Santa Fe, un productor rural de 70 años murió el jueves en Villa Ocampo, cuando arreaba ganado en un bañado inundado.
Las Cataratas, al límite
El fenómeno se ve con toda su fuerza en el Parque Nacional Iguazú. El caudal de las Cataratas llegó en los últimos días a unos 15.000 metros cúbicos por segundo, cuando el promedio habitual ronda los 1.500. El protocolo de cierre de la Garganta del Diablo se activa a partir de los 8.000, por lo que las pasarelas de ese sector fueron desmontadas por completo y el material quedó resguardado. Su reinstalación demandará entre 20 y 25 días, una vez que baje el agua.
“Estas crecientes cada vez vienen sucediendo con más frecuencia y cada vez son un poquito más violentas”, advirtió José María Hervas, intendente del parque. El resto de los circuitos sigue habilitado según evaluaciones permanentes, y Parques Nacionales conformó un comité de crisis con Gendarmería, Prefectura, bomberos y Defensa Civil. El nivel alto del Paraná, además, frena el desagüe del Iguazú.
El Niño, detrás de la crecida
La crecida responde al aumento de las lluvias en la Cuenca del Plata, en el sur de Brasil, Misiones y el noreste argentino, vinculado al fenómeno de El Niño. Las represas de Itaipú, Yacyretá y Salto Grande abrieron sus vertederos para regular el volumen, lo que atenúa los picos, pero no elimina el riesgo aguas abajo.
María Alejandra Cristanchi, jefa de Hidrología de la Central Hidroeléctrica Yacyretá, advirtió que el fenómeno recién comienza y que se intensificaría entre octubre y febrero. “Es un Niño muy fuerte”, sostuvo. La Entidad Binacional Yacyretá prevé que los caudales que llegan a la represa se estabilicen o bajen levemente desde este fin de semana, y en el río Uruguay la Comisión Técnica Mixta de Salto Grande espera una tendencia descendente aguas abajo de la presa.
Sin embargo, el alivio podría ser breve. Se anticipan nuevas lluvias en la cuenca a partir del 22 de octubre, y la onda de crecida tarda entre 10 y 15 días en recorrer el Paraná, por lo que el río seguirá subiendo aguas abajo. El Instituto Nacional del Agua proyecta que frente a la ciudad de Paraná podría alcanzar los 5,12 metros a fines de octubre, por encima de su nivel de evacuación. Para las poblaciones ribereñas del Litoral, la emergencia recién empieza.
Fecha de Publicación: 19/10/2026
Provincia/Región: Litoral Argentino
Fuentes Consultadas: Diario La Gaceta, Portal TN24, Portal CFIN, Diario El Tribuno, Portal Perfil, Portal Infobae, Portal Elonce, Defensa Civil de Corriente
Por qué los incendios patagónicos son cada vez más graves
Sequías, pinos y barrios en el bosque: por qué los incendios patagónicos son más graves
Un estudio de investigadores del CONICET y la Universidad Nacional de Río Negro analizó doce grandes incendios en la Comarca Andina entre 2015 y 2025 y concluyó que el clima, la acumulación de combustible y la expansión urbana se combinan para potenciar el fuego.
Los incendios forestales en la cordillera patagónica no son solo más frecuentes: también son más extensos, más severos y más destructivos. Un equipo de investigadores del CONICET y de la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN) se propuso explicar por qué y llegó a una conclusión clara: no hay una única causa, sino una combinación de factores que se potencian entre sí.
El trabajo, publicado en la revista científica Ecología Austral, analizó doce grandes incendios ocurridos entre 2015 y 2025 en la Comarca Andina del Paralelo 42. Esa región reúne localidades como El Bolsón, Lago Puelo, El Hoyo y Epuyén, entre Río Negro y Chubut. En esa década, el fuego arrasó 46.222 hectáreas, y cerca del 48% de esa superficie se quemó con severidad alta. Los incendios de 2015, 2021 y 2025 destruyeron más de 930 viviendas y causaron la muerte de cuatro personas, además de dañar cultivos, redes eléctricas y sistemas de agua.
Un clima cada vez más seco
El primer factor es climático. Los registros de El Bolsón de los últimos 30 años muestran que siete de los últimos diez veranos tuvieron lluvias por debajo del promedio. En la temporada 2024-2025, la temperatura máxima media superó en 3,5 grados el registro histórico, con 28 días por encima de los 30 °C.
Sequías recurrentes y temperaturas récord generan un ambiente en el que la vegetación se seca con facilidad y el fuego encuentra condiciones ideales para propagarse.
Combustible acumulado
El segundo factor es el combustible. “Por un lado se produjo una acumulación durante décadas de material combustible a partir del bosque nativo”, explicó Mariano Amoroso, coautor del estudio, investigador del CONICET y director de la Maestría en Agroecología de la UNRN. A eso se suman unas 14.000 hectáreas de plantaciones de pinos exóticos, una especie muy inflamable y de crecimiento denso, que tampoco recibieron un manejo adecuado. Según el investigador, ambos factores facilitan la rápida propagación de las llamas.
El problema se retroalimenta después de cada incendio. En las áreas quemadas, los arbustos rebrotan más rápido que los árboles nativos, lo que genera un paisaje todavía más inflamable que el original y aumenta el riesgo de que el fuego vuelva.
Barrios dentro del bosque
El tercer factor es humano. Entre 2000 y 2022, la superficie urbanizada de la región creció un 63,1%, en gran parte sobre el bosque nativo. Ese avance amplió la llamada interfase urbano-forestal, la franja donde las viviendas conviven con la vegetación.
El estudio muestra que al menos nueve de los doce grandes incendios comenzaron o se propagaron en barrios construidos junto al bosque. En esas zonas se multiplican las fuentes de ignición vinculadas a la actividad humana, y al mismo tiempo crece la cantidad de casas y personas expuestas al fuego.
Los investigadores subrayan que estos tres factores no actúan por separado: un verano seco sobre un bosque cargado de combustible y rodeado de viviendas multiplica el riesgo de que una chispa se convierta en un incendio de gran escala.
Actuar “el día antes”
Los investigadores advierten que la estrategia actual, centrada en el combate, no alcanza. Proponen dejar de actuar solo cuando el fuego ya empezó y planificar el territorio con anticipación: gestionar la vegetación que funciona como combustible, regular el avance de los barrios sobre el bosque y educar a la comunidad para prevenir y anticipar los riesgos.
La advertencia cobra fuerza tras la temporada 2025-2026, considerada la peor en seis décadas en la región. Según un relevamiento satelital de Greenpeace, entre octubre de 2025 y marzo de 2026 los incendios afectaron más de 60.000 hectáreas de bosques andino-patagónicos, casi todas en Chubut. La superficie duplicó la de la temporada anterior y fue diez veces mayor que el promedio de 2022 a 2024. La organización estima, además, que cerca del 95% de los incendios en la región tiene origen humano, un dato que refuerza la advertencia del estudio sobre la interfase urbano-forestal.
Con una nueva temporada por delante y El Niño en pleno desarrollo, las autoridades de Parques Nacionales y de la Agencia Federal de Emergencias se reunieron días atrás en Bariloche para coordinar recursos. Para los científicos, sin embargo, la clave está en lo que se haga antes de que aparezca la primera columna de humo.
Fecha de Publicación: 13/10/2026
Provincia/Región: Patagonia
Fuentes Consultadas: Diario Río Negro, CONICET, Universidad Nacional de Río Negro
Crearon una app argentina que anticipa riesgos ambientales
Son estudiantes, crearon una app que alerta de riesgos ambientales y llegaron a la final mundial
Sofía Leal, de 17 años, y Chiara Catalini, de 16, son cordobesas y desarrollaron MultiRisk, una aplicación que anticipa riesgos de incendios forestales e inundaciones, y fueron seleccionadas entre más de 3.600 proyectos de 130 países para la final mundial de Technovation Girls, en la India.
Sofía Leal y Chiara Catalini son cordobesas, pero no se conocieron en persona en su provincia natal, sino de manera virtual. En 2023 participaron de cursos online gratuitos de Chicas Digitales, una iniciativa impulsada por una empresa de telecomunicaciones, y a partir de ese espacio comenzaron a compartir intereses y a trabajar juntas en proyectos vinculados con tecnología y ambiente. Ese fue el germen de MultiRisk, la herramienta que las llevó a la final del concurso internacional Technovation, que se realizará del 5 al 9 de octubre en la ciudad india de Bengaluru. Antes tuvieron un antecedente, FlameFighters, una aplicación que funcionaba como mapa interactivo de incendios. "Esa experiencia fue nuestro primer acercamiento al trabajo en equipo y al desarrollo de proyectos relacionados con problemáticas ambientales", contó Catalini sobre ese primer paso, antes de llegar al proyecto que presentan hoy.
Qué hace la aplicación
El nombre combina "multi", de múltiple, y "risk", riesgo en inglés, y busca abordar distintas amenazas ambientales, principalmente incendios forestales e inundaciones. "La idea surgió a partir de una problemática que conocemos de cerca en Córdoba, ya que atravesamos períodos de sequía que aumentan el riesgo de incendios y, en otros momentos, lluvias intensas que pueden provocar inundaciones", explicó Leal. MultiRisk cruza información de estaciones meteorológicas hiperlocales para estimar el nivel de riesgo según la ubicación del usuario y brindar recomendaciones concretas para actuar antes de una emergencia. Además de la aplicación móvil, el proyecto incorpora un panel de control pensado para municipios e instituciones, orientado a monitorear la calidad de los datos de las estaciones meteorológicas y fortalecer la gestión del riesgo. Las creadoras aclaran que el objetivo no es reemplazar a los organismos de emergencia ni tomar decisiones por las autoridades, sino ofrecer una herramienta complementaria que ayude a la comunidad a informarse y prepararse.
Un proyecto entre 3.600 iniciativas
MultiRisk fue seleccionado entre más de 3.600 proyectos presentados por 12.000 participantes de más de 130 países para integrar la final mundial de Technovation Girls 2026, uno de los certámenes de tecnología y emprendimiento social juvenil más grandes del mundo. El proyecto argentino compite en la categoría Senior junto a otros 14 equipos finalistas de distintos países, entre cinco de nivel inicial, cinco intermedio y cinco avanzado, seleccionados tras dos instancias de evaluación por parte de un jurado internacional.
Gratis para la comunidad, con la mirada puesta en ampliar la red
Sobre el futuro modelo de negocio de la app, las adolescentes coinciden en que quieren que siga siendo gratuita para la comunidad. "Queremos que todas las personas puedan acceder a estos datos y se democratice el acceso a la información ambiental. Por eso orientamos nuestro modelo de negocios hacia empresas y gobiernos", explicó Leal. Catalini agregó que también evalúan esquemas de financiamiento colectivo, mediante los cuales personas, empresas e instituciones podrían "adoptar" una estación meteorológica destinada a las comunidades que más la necesiten, sumando datos locales a la red de MultiRisk. Las jóvenes trabajan además en capacitaciones y acompañamiento para las instituciones que incorporen estaciones meteorológicas, con el objetivo de que el proyecto no se limite a una aplicación, sino que contribuya a construir una red de información ambiental más amplia y confiable.
La aplicación fue pensada para funcionar en cualquier dispositivo, incluso con recursos limitados, y contempla que durante los desastres muchas veces no hay conexión a internet: por eso desarrollaron una función que muestra el último riesgo registrado para que el usuario pueda acceder a esa información sin necesidad de estar conectado. Entre las mejoras que planean incorporar figuran predicciones más precisas, mayor información histórica y, a más largo plazo, la posibilidad de anticipar otros fenómenos influenciados por variables meteorológicas, como los aluviones y movimientos de laderas, aunque aclaran que ese tipo de eventos requiere estudios especializados adicionales antes de poder ofrecer una herramienta confiable.
Fecha de Publicación: 25/09/2026
Provincia/Región: Nacional - Córdoba
Fuentes Consultadas: La Nación, Technovation Girls
Capacidad de resistencia ante catástrofes
Argentina se posiciona entre los países con mayor capacidad de resistencia socioambiental ante catástrofes
Un análisis internacional destaca la combinación de diversidad biogeográfica, capital humano, redes comunitarias y disponibilidad de recursos naturales como pilares de la capacidad de respuesta del país ante emergencias climáticas y desastres globales.
En el marco de un encuentro internacional de periodistas y analistas, un panel de corresponsales extranjeros abordó las capacidades relativas que poseen distintas naciones para enfrentar, absorber y adaptarse a eventos catastróficos, tanto de origen climático como socioeconómico o epidemiológico. Para sorpresa de diversos observadores internacionales, la República Argentina se ubica en un lugar destacado dentro de las evaluaciones comparativas sobre resistencia y resiliencia global ante catástrofes. El análisis concluye que, pese a las recurrentes crisis macroeconómicas y las fragilidades de infraestructura que enfrenta el país, la Argentina posee una serie de atributos estructurales, biológicos y socioculturales que actúan como redes de contención vitales frente a escenarios de colapso sistémico o emergencias ambientales a gran escala.
Pilares de la resiliencia: biodiversidad, alimentos y red comunitaria
Entre las fortalezas identificadas por los especialistas sobresale la inmensa extensión territorial del país y su heterogeneidad biogeográfica, que abarca desde climas subtropicales hasta subantárticos. Esta amplitud geográfica no solo amortigua el impacto de fenómenos meteorológicos extremos focalizados, sino que garantiza una soberanía agroalimentaria basada en la capacidad de producir alimentos para cientos de millones de personas. Asimismo, los analistas enfatizaron el valor del capital social y las redes de solidaridad comunitaria, elementos altamente desarrollados en la cultura local que permiten organizar respuestas territoriales inmediatas ante inundaciones, incendios o crisis de abastecimiento, supliendo con frecuencia las demoras o fallas de la infraestructura estatal.
Para desglosar la matriz de factores ecológicos, territoriales y sociales que sustentan la elevada capacidad de resistencia de la Argentina frente a desastres, los analistas destacan los siguientes puntos clave:
- Autonomía alimentaria y grandes reservas hídricas: El acceso a la cuenca del Plata y grandes acuíferos subterráneos, sumado a una matriz productiva agropecuaria diversificada, protege al territorio del riesgo inminente de hambrunas o desabastecimiento severo de agua dulce.
- Capacidad técnica y capital humano calificado: La presencia de instituciones científicas de larga trayectoria y profesionales capacitados en gestión de riesgos, salud y agronomía facilita la adaptación técnica ante escenarios de crisis.
- Diversidad de matriz bioenergética y recursos naturales: La abundancia de fuentes energéticas renovables y fósiles tradicionales permite amortiguar los shocks energéticos globales que afectan a países dependientes de la importación de insumos básicos.
Fragilidades institucionales y el desafío del cambio climático
Pese al diagnóstico favorable en términos de potencial de resistencia, los corresponsales e investigadores hicieron hincapié en que la resiliencia no debe confundirse con invulnerabilidad. La falta de inversiones sostenidas en obras de infraestructura preventiva —como redes de drenaje urbano, defensas fluviales y mantenimiento de rutas— incrementa la exposición de las poblaciones más vulnerables ante eventos como las olas de calor severas, la sequía prolongada en la región pampeana o las inundaciones recurrentes en el litoral. Superar estas deficiencias exige transformar la capacidad de respuesta reactiva e informal de la sociedad en políticas públicas previsibles de gestión integral del riesgo ambiental.
Un activo estratégico para el orden global futuro
El reconocimiento de la resiliencia argentina ante contingencias mundiales cobra especial relevancia en un contexto global marcado por la aceleración del cambio climático y la inestabilidad geopolítica. Contar con un territorio de baja densidad poblacional, alta capacidad de regeneración ecológica y una producción agrícola consolidada posiciona al país como un actor clave para la seguridad alimentaria e hídrica internacional. Administrar adecuadamente este patrimonio natural y social resultará determinante para garantizar que la capacidad de resistencia del país no se erosione con el tiempo y sirva para proteger el bienestar de las futuras generaciones.
Fecha de Publicación: 07/09/2026
Provincia/Región: Nacional
Fuentes originales consultadas: Diario Perfil, Red Internacional de Corresponsales, Centro de Investigación en Gestión de Riesgos y Desastres
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Actualizan el escenario nacional ante el Super Niño
El Niño cambia el escenario climático en Argentina: qué regiones tendrán más lluvias y cómo impactará en el campo
Fecha de Publicación: 24/08/2026
Fuente: InfoBae
Provincia/Región: Nacional
El fenómeno climático anticipa un período de lluvias más frecuentes en el centro-este y noreste del país, con especial impacto en Buenos Aires y el Litoral
Con una probabilidad superior al 90%, El Niño ya instalado y una anomalía de casi 2° en el Pacífico ecuatorial, Argentina se prepara para una primavera y un verano con más lluvias y tormentas, un escenario que amenaza con crecidas de ríos, inundaciones en la provincia de Buenos Aires y cambios forzados en la producción agropecuaria.
El riesgo no se limita al pronóstico estacional. El meteorólogo Sergio Jalfin advirtió en Infobae en Vivo que el problema no pasa por tormentas más intensas que en otros años, sino por su mayor frecuencia, una acumulación que termina por saturar los suelos y desbordar la capacidad de drenaje.
Las áreas más expuestas serán el noreste y el centro-este del país, con foco en Buenos Aires y la región del Litoral. Jalfin añadió que el episodio actual se desarrolla en un contexto de calentamiento global, una condición que puede potenciar sus efectos.
En Carlos Casares, Alberto Pol describió una vulnerabilidad estructural que se repite desde hace décadas. “Desde 1973, cada cuatro o cinco años sufrimos inundaciones porque la zona es una Depresión, La Depresión del Salado, y no hay canales ni ríos que desagoten el agua”, explicó a Infobae en Vivo.
El productor explicó que la región pasó de una economía agrícola-ganadera a otra principalmente agrícola, y que la posibilidad de lluvias por encima de lo habitual obliga a revisar de antemano las decisiones de siembra. El girasol, dijo, quedaría relegado porque “no es apto cuando llueve mucho, por la forma de fecundar”.
La alternativa tampoco es simple con otros cultivos. Pol resumió el dilema así: “Si siembro girasol, llueve, se lava la flor, no me rinde nada. Si siembro maíz, estoy teniendo muchos más kilos por hectárea y si no voy a tener caminos porque va a llover y se van a cortar, no lo voy a poder sacar”.
Frente a ese escenario, anticipó una salida defensiva: “Desgraciadamente, vamos a terminar sembrando soja, porque es lo más fácil de manejar agronómicamente hablando en casos de situaciones adversas”.
La cuenta económica, según Pol, ya era estrecha antes de la amenaza de nuevas inundaciones. En su zona, afirmó, el rinde de indiferencia para sembrar soja es de 3.800 kilos por hectárea, mientras que el promedio habitual ronda los 3.500 kilos.
“Si sacás menos de 3.800 kilos perdés plata. Y el promedio de nuestra zona es 3.500 kilos. Estamos trabajando casi para cambiar la plata”, señaló. También sostuvo que el encarecimiento del combustible y de los insumos agravó la presión sobre la rentabilidad.
El productor vinculó además el resultado del negocio con factores externos y con la carga impositiva. “El que gana con una cosecha récord es el gobierno, no nosotros. Si hay más venta, se exportan más dólares y el que cobra las retenciones es el gobierno de turno. Nosotros no ganamos más”.
La ganadería tampoco ofrece una salida sencilla cuando el agua avanza. Pol explicó que la poca hacienda que queda en la zona no puede trasladarse con facilidad por el costo de los fletes y por las limitaciones sanitarias: “No podés llevar una vaca de Carlos Casares a Corrientes porque se te muere en un mes. La agarra la garrapata y no se puede”.
Ante ese riesgo, la opción pasa por reforzar reservas con rollos y silo de maíz, una decisión que incrementa los costos sin asegurar una mejora en los ingresos. El productor también remarcó que las alteraciones climáticas ya se perciben incluso antes de las lluvias extraordinarias: “Siempre en esta época hacía mucho más frío y no lo hace”.
Pol descartó faltantes de productos básicos aun en un contexto de pérdidas y menor rentabilidad. “El productor agropecuario no sabe hacer otra cosa. Si no siembro, ¿de qué vivo? Aunque sea cambiando la plata, seguís en la producción, la rueda no puede parar”.
También aclaró que el aumento de costos no necesariamente se traduce en precios más altos para el consumidor. Según su explicación, la soja, el maíz y el girasol se rigen por valores internacionales, mientras que el mercado interno puede reflejar más directamente los movimientos en el precio de la carne.
Sobre el consumo, observó un desplazamiento hacia proteínas más baratas. “Se dejó de comer mucha carne de vaca y se come más cerdo, se come más pollo por una cuestión económica”.
Jalfin indicó que gobiernos y municipios trabajan en planes de contingencia para amortiguar los efectos del fenómeno. La recomendación central, dijo, es anticiparse, porque el volumen de lluvias previsto puede superar la capacidad natural de absorción y drenaje en zonas urbanas y rurales.
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La sequía en Mendoza no se termina con la nevada histórica
“Ni cinco inviernos históricos como este son suficientes para revertir la sequía”
Fecha de Publicación: 13/08/2026
Fuente: Portal Unidiversidad
Provincia/Región: Mendoza
Así lo dijo Ezequiel Toum, investigador del Ianigla-Conicet Mendoza. El Niño favorecerá un invierno con mayores reservas de nieve, pero no alcanzará para salir de la crisis hídrica que afecta a la provincia desde hace más de una década. El fenómeno se extenderá durante todo el verano y dejará abundantes tormentas en el llano.
Después de varios inviernos marcados por la escasez de nieve y una crisis hídrica que condiciona el abastecimiento de agua en Mendoza, el fenómeno El Niño colaboró para generar nuevas nevadas en la cordillera. Los principales centros climáticos internacionales y nacionales coinciden en que el evento alcanzará su máxima intensidad hacia diciembre y continuará durante todo el verano, lo que provocará gran cantidad de tormentas durante la época estival. Sin embargo, nada de esto alcanzará para revertir la sequía que atraviesa la provincia desde hace más de diez años, tal como explicó Ezequiel Toum, investigador del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales, Ianigla-Conicet Mendoza.
Si bien el escenario permitirá atravesar un año con mejores reservas de agua, los registros científicos muestran que la provincia continuará inmersa en una megasequía histórica cuya recuperación demandará varios inviernos consecutivos con abundantes precipitaciones. Toum aseguró que El Niño persistirá durante los próximos meses y que las probabilidades de que eso ocurra son muy altas. El fenómeno traerá más agua, pero también exigirá una gestión más eficiente de un recurso que seguirá siendo estratégico en un contexto de cambio climático.
El Gobierno provincial, por su parte, ya puso el foco en ese escenario: mientras el Ministerio de Energía y Ambiente acelera obras para prepararse ante un posible aumento de lluvias y crecidas aluvionales, el Departamento General de Irrigación insiste en que esta nevada histórica representa una oportunidad de agua para el verano próximo, pero no el final de la crisis hídrica.
Un buen invierno no alcanza para terminar con una sequía histórica
Los modelos climáticos internacionales muestran una coincidencia poco habitual respecto de la evolución del fenómeno de El Niño. Según Toum, prácticamente todos proyectan que el evento continuará hasta comienzos de 2027.
"Los pronósticos climáticos de los centros que generan esta información a nivel mundial indican eso. Se habla siempre en términos probabilísticos, pero prácticamente las probabilidades muestran que El Niño va a alcanzar ahora un pico en el mes de diciembre, más o menos, y que se extenderá seguro hasta el trimestre enero-febrero-marzo", explicó.
Para Mendoza, esa situación representa una buena noticia desde el punto de vista hídrico. Históricamente, los años Niño incrementan las probabilidades de ingreso de frentes provenientes del Pacífico que descargan nieve sobre la cordillera, principal fuente de agua para los ríos mendocinos.
El investigador recordó que las últimas semanas son un ejemplo de ese comportamiento. Las nevadas han sido muy intensas y prolongadas en la alta montaña, tanto que han generado más complicaciones de las habituales con el transporte que cruza por el paso internacional Cristo Redentor.
De hecho, si las nevadas continúan dentro de los valores previstos, Mendoza podría recuperar caudales cercanos al promedio histórico. "Eso es algo importante porque, cuando se alcanzan al menos esos valores, la provincia tiene agua. Se van a poder llenar los embalses y no debería haber inconvenientes", explicó. Sin embargo, y pese al alivio que representará este ciclo húmedo de El Niño, el investigador advirtió que sería un error interpretar estas nevadas como el final de la crisis hídrica.
Según Toum, el grupo de trabajo del Ianigla realizó distintos escenarios para evaluar cuánto podría modificarse la tendencia después de quince años consecutivos con déficit de nieve.
"Tenemos en promedio, durante estos últimos quince años, un 30 % de déficit de nevadas. Hicimos un ejercicio para ver qué pasaba si este año caía el promedio histórico de nieve. La tendencia no cambiaba", explicó.
El análisis fue más allá. "Probamos qué ocurría si caía el doble del promedio: tampoco cambiaba la tendencia. Incluso exageramos el escenario y simulamos cinco veces el promedio histórico, algo extremadamente improbable, y tampoco alcanzaba para salir de la condición de megasequía”, dijo. La conclusión, según el especialista, es contundente: “Ni cinco inviernos históricos y extraordinarios como este resultan suficientes para revertir un proceso como la sequía, que lleva más de una década acumulando déficit en la provincia”.
Los registros históricos refuerzan esa conclusión. Los datos instrumentales abarcan aproximadamente un siglo, pero los científicos también reconstruyen el comportamiento climático de los últimos mil años mediante el estudio de anillos de crecimiento de árboles en la cordillera argentino-chilena. Cada anillo de crecimiento del árbol refleja la disponibilidad de agua registrada durante un año determinado. Al analizar ejemplares muy antiguos, los investigadores pueden reconstruir la historia de las precipitaciones mucho antes de que existieran estaciones meteorológicas.Los resultados muestran que la actual megasequía no tiene antecedentes comparables.
"Si tomamos los últimos cien años de registros instrumentales, estos quince años aparecen como el período más seco, y, cuando extendemos el análisis a reconstrucciones de mil años mediante anillos de árboles, también aparece como el número uno. Es una condición estadísticamente muy poco probable y no puede explicarse sin la influencia del cambio climático", afirmó Toum.
El cambio climático ya modificó las condiciones normales de Mendoza
La investigación desarrollada por el Ianigla también permitió determinar cuáles son las causas de esta prolongada sequía en Mendoza. Según Toum, alrededor del 70 % responde a la variabilidad de fenómenos naturales de gran escala, como El Niño, La Niña y otros sistemas de circulación atmosférica que interactúan entre sí. "Esos fenómenos pueden acoplarse o desacoplarse y, dependiendo de su intensidad y de la fase en la que estén, pueden potenciarse o anularse entre ellos. De ocurrir esta última, se genera esta sequía que afrontamos".
Sin embargo, existe otro componente imposible de ignorar. El otro 30 % no puede explicarse sin las emisiones de gases de efecto invernadero, es decir, sin el cambio climático. Por ese motivo, aun cuando El Niño permite algunos años más húmedos, la tendencia de largo plazo continúa siendo preocupante. "Las distintas proyecciones sobre el cambio climático sugieren que estas van a ser las condiciones estructurales. Vamos camino a que esta sea la nueva normalidad", indicó Toum.
En otras palabras, Mendoza podría alternar inviernos favorables con otros muy secos, pero sobre un escenario general menos húmedo que el conocido históricamente.
¿Más agua disponible, más tormentas intensas?
El otro efecto esperado de El Niño en Mendoza aparecerá durante el verano con las lluvias en el llano, que tienen un origen distinto a las nevadas. Mientras estas últimas dependen del ingreso de sistemas frontales provenientes del océano Pacífico, las precipitaciones de diciembre, enero y febrero son generadas principalmente por tormentas convectivas, esas grandes nubes blanquecinas que descargan abundante agua en poco tiempo y suelen estar acompañadas de granizo.
“A diferencia de lo que ocurre en el norte argentino, donde gran parte de la humedad llega desde el Amazonas o el Atlántico, en Mendoza, la mayor parte del vapor de agua es de origen local. A eso lo llamamos agua reciclada. Se evapora por las altas temperaturas y vuelve a formar tormentas", dijo.
Allí aparece una de las hipótesis que hoy siguen de cerca las y los investigadores, que deberá confirmarse con la evolución de la temporada y con el monitoreo permanente de radares y modelos meteorológicos. Si durante el invierno se acumula más nieve, habrá mayor disponibilidad de agua durante el verano en ríos, embalses, suelos y áreas cultivadas. Esa mayor humedad podría incrementar la evaporación cuando suban las temperaturas y favorecer tormentas más frecuentes e intensas.
"Va a haber mayor disponibilidad de agua porque cayó más nieve en la cordillera. Si tenemos un verano con temperaturas importantes, probablemente aumenten las tasas de evaporación, y es muy probable que tengamos un escenario con mayor cantidad de tormentas de este tipo y con una intensidad importante porque habrá mayor cantidad de vapor de agua disponible", expresó.
Por esa razón, aunque algunos organismos provinciales ya comenzaron a prepararse para un posible verano con mayor actividad de tormentas, el especialista evitó hacer afirmaciones categóricas. "Eso se va viendo día a día. Hay que seguir la evolución de las temperaturas, las mediciones de los radares y cómo responde la atmósfera", concluyó.
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Activan plan especial en Jujuy por el peligro de inundaciones
Jujuy sin plan de contingencia: alertan sobre el riesgo de inundaciones
Fecha de Publicación: 10/08/2026
Fuente: Portal JujuyAlMomento
Provincia/Región: Jujuy
Perito ambiental manifestó su profunda preocupación por las proyecciones meteorológicas de cara al próximo verano. Instó a los municipios de San Salvador, Perico y Palpalá, junto al Ministerio de Ambiente provincial, a coordinar obras de prevención, desmalezado de cauces y limpieza de colectores antes del inicio de las precipitaciones.
Ante los pronósticos científicos que anticipan un fenómeno climático de gran intensidad para el cierre del año, el perito ambiental y antropólogo Néstor Ruiz lanzó una advertencia sobre la vulnerabilidad que presentan diversas localidades de la provincia frente a eventuales temporal e inundaciones.
En diálogo con Radio 2, enfatizó que el escenario que se prevé requiere una respuesta inmediata de las administraciones locales y del Ministerio de Ambiente y Cambio Climático, proponiendo la creación de un comité operativo con enfoque preventivo y ofreciendo su asesoramiento técnico de manera ad honorem.
" Estoy verdaderamente afligido porque se viene un escenario de 'Super Niño' con lluvias puntuales e intensas. Todos los años vemos a vecinos de San Salvador, Palpalá o Perico perder sus bienes o correr riesgos de vida porque se colapsan los canales y se inundan las viviendas. Necesitamos planes de contingencia urgentes antes de que comiencen las precipitaciones a fin de año", sostuvo el especialista.
"Hay medidas tecnológicas y de infraestructura de muy bajo costo económico pero de enorme impacto para salvar vidas: limpiar bocatormentas, colocar rejillas de contención de residuos, mantener el canal de Los Perales/Mejías y evitar el avance de desmonte en zonas de recarga", agregó.
Riesgos identificados y ejes de la propuesta preventiva
El ambientalista detalló los puntos críticos que observa en la cuenca urbana y los sectores de mayor fragilidad en la provincia:
- Efecto del desmonte en la escorrentía: Señaló que el retiro de vegetación nativa en áreas como Reyes o Guerrero incrementa el flujo de agua y barro hacia las partes bajas, generando aludes o desplazamientos peligrosos sobre propiedades privadas debido a la escasa absorción del suelo.
- Asentamientos en cauces secos: Advirtió sobre la presencia de familias residiendo en márgenes o lechos de ríos secos en distintos municipios, un factor de riesgo vital cuando suceden crecidas intempestivas.
- Mantenimiento de infraestructura hídrica: Denunció la falta de limpieza y reparación en canales colectores urbanos (mencionando como ejemplo el tramo de barrio Los Perales/Mejías que permanece con roturas) y pidió priorizar el drenaje por sobre obras superficiales de cemento.
Ante la falta de respuesta a los proyectos presentados por escrito, Ruiz confirmó que solicitará la utilización del mecanismo de participación ciudadana (Banca 13) en el Concejo Deliberante capitalino para exponer el plan ante los ediles.
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El Super Niño y el impacto en Argentina
El Niño 2026: qué puede pasar en Argentina ante la llegada del fenómeno climático
Fecha de Publicación: 16/06/2026
Fuente: Portal Chequeado
Provincia/Región: Nacional
En redes sociales y medios de comunicación se advierte la llegada de un “súper niño”, con consecuencias en los niveles de lluvia y calor en todo el mundo. “Será el más fuerte de toda la historia”, “Será mortal”, “Habrá más lluvias, sequías y huracanes”, son algunas de las afirmaciones que circulan. Pero, ¿qué hay de cierto en esto? ¿Qué se sabe sobre El Niño?
Según comunicó la Organización Meteorológica Mundial (OMM), la probabilidad de El Niño entre junio y agosto es del 80 % y, para los períodos de julio a septiembre, agosto a octubre y septiembre a noviembre, la probabilidad es cercana o superior al 90 %.
Por su parte, la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos confirmó el jueves pasado que El Niño ya comenzó en el Pacífico tropical y prevé que va a alcanzar un nivel moderado a fuerte en los próximos meses.
“Aunque todavía es temprano para tener un escenario claro sobre los impactos específicos, es prudente considerar que en la segunda mitad del año pueden registrarse eventos climáticos extremos. Por eso, es fundamental el monitoreo y anticiparnos lo más posible”, explicó a Chequeado Leandro Díaz, investigador del Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (Conicet-UBA)
Por su parte, la doctora en Ciencias de la Atmósfera, Matilde Rusticucci, consideró que, aunque no es necesario nombrarlo como “súper niño”, sí es posible que sea muy intenso. “Los que se tienen que alarmar principalmente son los gobernantes de las regiones que pueden tener excesos de agua”, señaló en diálogo con este medio.
El Niño/Oscilación del Sur (ENOS) es un fenómeno natural caracterizado por la fluctuación de las temperaturas del océano en la parte central y oriental del Pacífico ecuatorial, que genera cambios en la atmósfera e influye en las condiciones climáticas de distintas partes del mundo.
El ENOS es uno de los patrones más importantes de la llamada variabilidad climática interanual. El Niño y La Niña son los componentes oceánicos, mientras que la Oscilación del Sur es el componente atmosférico, y ambos dan origen al término El Niño/Oscilación del Sur. Este fenómeno comprende 3 fases: El Niño, La Niña y una fase neutra. El ENOS suele ocurrir cada 2 a 7 años, según el Servicio Meteorológico Nacional (SMN).
Este patrón climático es causado por el aumento de la temperatura en las aguas del océano Pacífico ecuatorial. “Normalmente, el océano Pacífico en la zona del ecuador tiene agua más caliente del lado de Australia y Oceanía, y más fría del lado de América del Sur. Cuando viene un episodio de El Niño, toma altas temperaturas la zona central y cerca de América del Sur”, explicó Rusticucci, investigadora del Conicet y profesora emérita del Departamento de Ciencias de la Atmósfera y los Océanos (FCEyN/UBA).
Y agregó: “Como todo está concatenado, ese calentamiento le da más energía a la atmósfera en regiones donde normalmente está inhibida la producción de tormentas. Eso altera toda la circulación, con efectos incluso hasta en la cantidad de huracanes del Caribe”.
Por su parte, Díaz señaló que “estos grandes intercambios de energía perturban la atmósfera y generan ondas que se propagan a zonas remotas. Dichas ondas se traducen en sistemas de bajas y altas presiones que afectan a distintas regiones del planeta, alterando las condiciones características de temperatura y precipitación. En definitiva, El Niño explica gran parte de los cambios climáticos del planeta”.
Se cree que el nombre de este fenómeno se originó hace siglos, cuando pescadores peruanos advertían cambios meteorológicos cercanos a la Navidad y lo nombraron en honor a “El Niño Jesús”.
¿Qué puede pasar en Argentina?
El Niño afecta a la agricultura, el suministro energético, el comercio, los recursos hídricos, las cadenas de suministro y los medios de vida en regiones enteras, advirtió Naciones Unidas.
Rusticucci aclaró que, en Argentina, los efectos de El Niño han sido variados en el pasado porque no todos aumentan la temperatura de la misma cantidad ni evolucionan igual. “En general, impacta fuertemente en el noreste del país con niveles extremos de precipitación, principalmente en primavera y verano. Es muy probable que la lluvia genere crecidas de los ríos Paraná y Uruguay provocando inundaciones en la Mesopotamia. Respecto al invierno, se prevé que va a ser más cálido”, señaló.
La preocupación que genera la probabilidad de un fenómeno intenso tiene que ver con los episodios de El Niño de 1982-1983 y 1997-1998, indicó Díaz, ya que “generaron importantes inundaciones, sobre todo en la región del Litoral”.
No obstante, el especialista advirtió que todavía no se conoce la intensidad del fenómeno en 2026. “Todavía estamos lejos de condiciones que superen los registros históricos. Algunos modelos de pronóstico específicos muestran probabilidades altas de un evento muy intenso. Sin embargo, en la práctica se analizan múltiples modelos en conjunto, lo que muestra que el rango de escenarios posibles es bastante más amplio y moderado”, aclara.
Más allá de Argentina, no todos los países se ven afectados e incluso dentro de una misma región las consecuencias pueden ser diferentes.
¿El Niño es más intenso por el cambio climático?
El último episodio de El Niño de 2023-2024 fue uno de los 5 más intensos de los que se tiene constancia y contribuyó a las temperaturas mundiales sin precedentes que se registraron en 2024, sostuvo la secretaria general de la OMM, la argentina Celeste Saulo.
“El cambio climático es una fuente más de incertidumbre sobre este tipo de eventos climáticos y también hace que la comparación con eventos del pasado no sea tan certera. Si bien aún no está claro de qué forma exacta el cambio climático puede empeorar los efectos de El Niño, sí sabemos que se desarrolla en un contexto en el que la tendencia es al aumento de las precipitaciones y de las temperaturas extremas”, indicó Díaz.
Por su parte, Rusticucci concluyó: “Hacia el futuro, las proyecciones del cambio climático no son concluyentes en si habrá más o menos fenómenos El Niño, pero sí sabemos que partimos de una base más cálida: los océanos van a estar más cálidos, por lo que un calentamiento circunstancial generado por El Niño va a partir de una temperatura más cálida”.
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Científicos mapean el AMBA para estudiar la islas de calor
Islas de calor urbano: la ciencia mapea cómo el AMBA hierve por dentro
Fecha de Publicación: 18/05/2026
Fuente: Portal MeteoRed
Provincia/Región: CABA - Buenos Aires
Un estudio en Nature con participación del CONICET y la UBA analizó 41 megaciudades del mundo. El AMBA está entre ellas. En verano, sus zonas más densas pueden superar en 3 °C a las áreas rurales.
Que en las ciudades hace más calor que en el campo es un hecho conocido. Lo que no se sabía con precisión es cuánto más calor, dónde exactamente, cómo varía según la morfología urbana y qué pasará a medida que el cambio climático siga acelerando. Esas preguntas son las que aborda un trabajo publicado en la revista npj Urban Sustainability, de la editorial Nature, con participación de investigadores del Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (CIMA, UBA-CONICET) y el Instituto Franco-Argentino de Estudios sobre el Clima y sus Impactos (IFAECI).
El resultado es el primer análisis global que logra representar explícitamente megaciudades, incluido el Área Metropolitana de Buenos Aires, en simulaciones climáticas regionales.
Por primera vez, modelos climáticos globales logran representar megaciudades como Buenos Aires y muestran cómo el diseño urbano, la densidad y la desigualdad territorial amplifican el calor extremo barrio por barrio.
El contexto demográfico hace urgente el ejercicio. Según datos de Naciones Unidas, más del 50 por ciento de la población mundial vive en ciudades, y se estima que esa cifra trepará al 70 por ciento para el año 2050. En Argentina, el caso es aún más extremo: el 91 por ciento de las personas ya habita en ciudades hoy. En ese escenario, entender cómo el calor extremo impacta en los entornos urbanos no es un ejercicio académico. Es una cuestión de salud pública y planificación territorial.
Tal como expresa en Nex Ciencia Luis Muñoz, becario doctoral en el CIMA-IFAECI, "los impactos más fuertes del cambio climático relacionados con la temperatura se van a sentir principalmente en las ciudades". Y sin embargo, los modelos climáticos globales históricamente las ignoraron: las ciudades, siendo geográficamente pequeñas a escala planetaria, no aparecían representadas en las simulaciones de gran escala. El nuevo trabajo cierra esa brecha.
41 megaciudades bajo la lupa: el AMBA entre las elegidas
El estudio utilizó dos modelos climáticos regionales del proyecto CORDEX, una iniciativa del World Climate Research Programme, con una resolución aproximada de 25 kilómetros, suficiente para detectar la huella urbana de las ciudades más grandes del mundo.
En simulaciones climáticas regionales, se logró detectar 41 áreas urbanas a nivel mundial, entre ellas la Ciudad de Buenos Aires y su área metropolitana. Es la primera vez que el AMBA queda representada explícitamente en un análisis climático global de estas características.
El fenómeno central que se estudió es la isla urbana de calor: el efecto por el cual los materiales de la ciudad, asfalto, cemento, hormigón, absorben y retienen calor de manera diferente al suelo natural, elevando las temperaturas urbanas por encima de las rurales.
Sobre Buenos Aires, el estudio observa que, en los meses de verano, la isla urbana de calor puede alcanzar los dos o tres grados centígrados por encima del área rural. En el contexto de una ola de calor, esa diferencia no es un dato menor: puede ser la diferencia entre lo tolerable y lo letal para poblaciones vulnerables.
Tal como señala el investigador Lluís Fita, del CIMA y el IFAECI, los modelos climáticos han avanzado desde cuadrículas que agrupaban de 50 a 100 kilómetros hasta lograr el alcance de un kilómetro, lo que "permite ver fenómenos que ocurren a una escala más pequeña, como la sombra que producen los edificios o el impacto de un parque". Una resolución que transforma al modelo en una herramienta de política urbana concreta.
Dentro del AMBA: no todos los barrios sienten el mismo calor
El aporte local del equipo argentino va más allá de estar en el mapa. A partir del trabajo internacional, el grupo del CIMA-IFAECI publicó un segundo artículo con hallazgos específicos sobre la diversidad climática interna del Área Metropolitana de Buenos Aires. La conclusión es directa y con implicancias de justicia ambiental: el calor no se distribuye de forma homogénea dentro de la misma ciudad.
"Una ola de calor no se percibe del mismo modo en la zona de Ciudad Universitaria, al lado de la reserva natural, que en la Villa 31, que presenta una alta densidad poblacional y edilicia con pequeños pasadizos que no permiten mucha circulación de aire", plantea Muñoz. El equipo incorporó al modelo tipologías urbanas que incluyen villas y asentamientos, para cuantificar si una ola de calor podría ser más severa en determinadas zonas que en otras, y comprender los procesos físicos que lo explican.
Tal como detalla la investigadora Andrea Carril, codirectora de la tesis doctoral de Muñoz: "Si antes contábamos con una proyección de cambio climático donde un mismo píxel cubría toda la ciudad, esa proyección se aplicaba por igual a todo el píxel. Estos trabajos permiten ir bajando la escala y sumar complejidades". Traducido: las políticas de adaptación climática diseñadas a partir de promedios urbanos pueden ser ineficaces, o incluso inequitativas, si ignoran la heterogeneidad interna de las megaciudades.
El análisis de sensibilidad del modelo reveló que los parámetros morfológicos, la altura de los edificios y el ancho de las calles, son los que causan mayor impacto en la temperatura urbana simulada. Un dato que tiene consecuencias directas para el diseño urbano: las decisiones sobre densificación, altura máxima de construcción y trazado de avenidas no son solo estéticas o económicas. Son decisiones climáticas.
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El Impenetrable sufre la reacción de años de deforestación
El Impenetrable bajo agua: siembra desmonte, cosecharás inundación
Fecha de Publicación: 12/05/2026
Fuente: Indimedia
Provincia/Región: Chaco
Las lluvias extraordinarias en El Impenetrable chaqueño evidencian la crisis climática y la necesidad de preservar los bosques como servicios ecosistémicos. Productores locales denuncian la pérdida de la producción de alimentos y materias primas, mientras que las organizaciones denuncian la deforestación por el avance del agronegocio. Un caso testigo frente a la embestida del Gobierno contra la Ley de Protección de Bosques Nativos.
“Nunca en esta parte del Chaco se vio este tipo de inundación. En esta época no suele llover.” Roberto Benítez vive en la localidad de Juan José Castelli, en el portal de El Impenetrable chaqueño. En 15 hectáreas, junto a su padre Epifanio, cultiva alfalfa, sandías, melones y zapallos. Pero los zapallos, que ahora estaría cultivando, quedaron sumergidos en el agua por la lluvia extraordinaria de 240 milímetros que se registró el 20 de abril pasado. Las precipitaciones afectaron a unas 500 familias que se dedican a la horticultura, estima el productor. Menciona como una de las causas el desmonte. Organizaciones socioambientales cuestionan la intención del gobierno nacional y de las provincias de modificar la Ley de Bosques.
El 70 por ciento de Castelli, una ciudad de 50.000 habitantes situada a 260 kilómetros al norte de Resistencia, quedó bajo agua. El agricultor menciona que, en el último año, vivieron con crudeza los efectos de la desertificación y que el avance de la siembra con agrotóxicos pone en riesgo su producción. “Cada vez estamos yendo más al norte, donde todavía no hay pooles de siembra”, relata. La zona donde vive se caracteriza por la producción hortícola y abastece a ciudades como Resistencia. Pero advierte que no sabe hasta cuándo podrán seguir produciendo. Destaca también que trabajan gran parte de la producción en forma agroecológica.
Setenta kilómetros al norte, en el límite con Formosa, se sitúa El Espinillo; otra localidad de El Impenetrable. El 20 de abril cayeron allí 320 milímetros de lluvia. En ese pueblo vive la comunidad qom Pozo Los Ranchos. Son aproximadamente 20 familias, que se dedican a la cría de chivos y gallinas para el autoconsumo, a la apicultura y a la cestería con hojas de palma. “Nos afectó muchísimo el tema de las lluvias”, asegura Alcira Pérez, joven artesana de la comunidad. Recuerda que, en enero 2018, vivieron otra situación similar: parajes como El Espinillo, Campo de Mayo, Las Hacheras, La Armonía y Pozo La Gringa se anegaron en pocas horas por lluvias de 300 milímetros. Y apunta a la deforestación como la causa de estos desastres.
Tiene 30 años y a lo largo de su vida vio como se perdieron algarrobos y quebrachos blancos: especies autóctonas del monte chaqueño. Cuenta que deforestan para el aprovechamiento de la madera “pero no hacen un manejo sostenible, queda todo ralo y por eso queda mucho el agua”. A la vuelta de su casa, en su lote, aún perviven las especies devoradas por el desmonte. Por eso, explica, ella no se inundó, pero sus vecinos sí.
Desde niña aprendió el oficio de la cestería, que para el Pueblo Qom tiene un sentido económico, espiritual y ancestral. La técnica de tejer canastos y otros objetos con hojas de palma secas se transmite de generación en generación. Pero la crisis climática también afecta ese trabajo, en particular los procesos de recolección y de secado de las hojas. “Necesitamos varios días de sol para el secado pero eso se dificulta en estos meses”, comenta.
La palma que usan para la cestería también sirve como abono natural. “El cambio climático nos afecta en lo económico, tratamos de paliar la situación porque no tenemos ayuda”, señala. “Nuestro trabajo es y ha sido un camino de dignidad y sanación y, a pesar de la situación de la economía argentina, la gente sigue eligiendo nuestro arte”, agrega.
Inundaciones, cambio climático y alimentos en peligro
El Impenetrable abarca cerca de 4.000.000 de hectáreas de bosque nativo de la región chaqueña semiárida. Se ubica principalmente en el noroeste de Chaco, pero incluye también el este de Salta, el oeste de Formosa y el noreste de Santiago del Estero.
Las familias que habitan esa región viven de lo que da la tierra. “Hay zonas donde las veredas de las rutas tienen puestos, se mueven las microeconomías, hay mano de obra, gente trabajando”, describe Benítez y marca que son unas 500 familias que se dedican a la horticultura en la zona y fueron afectadas por la inundación. El productor explica que las parcelas que se trabajan se fueron achicando en los últimos años. Antes, la producción era mayor, pero el clima, la caída del consumo y la inflación repercutieron en las posibilidades de producción y generaron la necesidad de buscar otros territorios, más al norte de la provincia.
En el caso de El Espinillo, peligra la miel del monte chaqueño. Por la deforestación, las abejas se van del lugar en busca de alimento. La comunidad Pozo Los Ranchos también trabaja agroecológicamente, cuidando la tierra, y reivindicando la economía pluripopular, que tiene tres componentes: trabajo, sustentabilidad y reforestación. Pero la deforestación, cuenta Pérez, no incluye mantenimiento sostenible ni capacitaciones para reforestar. “Eso produce el cambio climático”, indica.
Consultado sobre si hubo previsiones acerca de las lluvias, Benítez asegura que no. Y explica: “Confiamos en los pronósticos, pero eso cambió. De la noche a la mañana aparecimos con 30 o 40 centímetros de agua adentro de la casa, en un lugar donde nunca había pasado”. Entre las razones de la inundación, Benítez enumera tres: el desmonte, la falta de previsión al hacer obras públicas y el cambio climático.
Lo ocurrido coincide con la intención manifiesta del gobierno nacional y de las provincias que conforman el Consejo de Mayo de modificar la Ley de Presupuestos Mínimos para la Protección Ambiental de Bosques Nativos (26.331). El proyecto propone exceptuar del pedido de autorización para el desmonte en las zonas clasificadas como “Verde” (de alto índice de conservación del bosque nativo), permite los desmontes en las zonas “Amarillas” (índice medio de conservación) y solo los prohíbe en las zonas “Rojas” (bajo nivel de conservación).
En 2025, Greenpeace denunció 167.684 hectáreas deforestadas en Chaco entre noviembre de 2020, cuando el Poder Judicial chaqueño suspendió los desmontes, y julio de 2025. Los datos fueron obtenidos a partir de datos oficiales y de un relevamiento satelital de la organización.
Desde la agrupación Somos Monte señalan, en un documento al que accedió Tierra Viva: “En el Chaco el monte nativo ha estado siempre sujeto a valoraciones materiales. Esta visión de apropiación, explotación y usufructo muchas veces está divorciada de toda jurisprudencia y sentido humanitario”. Agregan que la crisis climática se profundiza por el cambio de uso de los suelos, el desmonte y el avance de la frontera agrícola-ganadera.
“La depredación de la naturaleza para el negocio de un puñado de ricos no nos va a sacar de la pobreza y tenemos ejemplos de sobra. Ya lo vimos en los 90 con la soja transgénica y el glifosato. Son promesas de desarrollo vacías que solo nos dejan más pobres, contaminados y otra vez endeudados”, expresan.
“Sin bosques, perdemos todos”
“El desmonte le duele a la sociedad ahora porque ve por la tele que a la gente también le afecta”, asegura Somos Monte. La organización se refiere a las imágenes que llegaron a las ciudades a través de la televisión y las que la sufrieron en el propio centro de Castelli.
“Ahora también se inundaron ‘los del centro’ y no sólo los de los ‘barrios bajos’, como siempre. La gente afectada por la inundación ahora debe sentir lo que sienten los animales, vegetales y hongos del monte cuando llega la topadora. Angustia, miedo, pérdida de biodiversidad. Corridos, cercados, desplazados”, afirman.
La organización socioambiental va directo a las causas. Las calles llenas de agua, los campos anegados, los caminos intransitables tienen un origen: la tala indiscriminada de especies nativas y el cambio del uso del suelo para actividades extractivas. “Sistemas hidrológicos enteros se ven afectados reduciendo la disponibilidad y la calidad del agua, los eventos meteorológicos severos incrementan su intensidad y/o duración, afectando cultivos e innumerables economías familiares, comunidades enteras son desplazadas o forzadas a la marginación o vulnerabilidad socioambiental. A la larga, sin bosques, perdemos todos”.
Según el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), citan desde Somos Monte, una hectárea de bosque chaqueño absorbe 300 milímetros de agua por hora, mientras que una con pasturas 100 milímetros y una con soja hasta 30 milímetros.
El Consejo Federal de Medio Ambiente (Cofema) emitió, el 29 de abril, la Resolución 573/26, en la que rechaza la modificación a la Ley de Bosques. Diecisiete provincias se manifestaron en contra de la reforma; dos (Catamarca y Entre Ríos) se abstuvieron y cinco no se presentaron. Entre las ausentes, figura Chaco. El dictamen del Cofema señala también que realizó un proceso de consulta entre ONGs, universidades, institutos científicos, cámaras y profesionales. Recibieron 60 ponencias: el 90 por ciento en contra del desguace de la ley.
De aprobarse la reforma impulsada por el Gobierno, solo el 10 por ciento de las superficies de los ordenamientos territoriales de Chaco, Formosa, Salta y Santiago del Estero quedarán protegidas bajo la Categoría I de la Ley de Bosques. La iniciativa contradice el compromiso de Argentina sobre Deforestación Cero para el año 2030, firmado en 2021 durante la COP 26 de las Naciones Unidas en Glasgow. Greenpeace denunció el riesgo que esta reforma implicaría ante la Corte Suprema de la Nación.
“Una modificación que flexibilice los criterios o habilite recategorizaciones de Ordenamiento Territorial de Bosques Nativos (OTBN) no solo socava el principio de no regresión ambiental, sino que también convierte al OTBN en un instrumento político negociable, y abre puertas a la aparición de fronteras extractivas legalizadas como tal, como ser la ganadería, la agricultura y la minería”, indica Somos Monte.
Y menciona que la ley actual no solo protege los bosques en términos cuantitativos, sino que regula indirectamente muchos de los servicios ecosistémicos que emergen de la existencia de estos bosques. Por ejemplo, la retención de humedad y estructura de los suelos, la existencia misma de agua en regiones semiáridas debido a la formación de vapor de agua, la regulación de la temperatura, la captura de carbono y la generación de oxígeno, entre otros.
“Los desastres climáticos pasan por un mal manejo del ser humano”
“Así como tenemos inundación, también tenemos fríos extremos, cosa que era inusual. A veces pasamos de la inundación a la plena sequía. No tenemos nunca un clima estable”, señala Benítez sobre el impacto climático y asegura que el problema comenzó a notarse hace diez años en El Impenetrable.
Tras las lluvias, queda la ayuda entre los propios horticultores y la escasa respuesta estatal. Los productores elevaron un petitorio ciudadano al municipio de Castelli para que atienda a los pequeños productores. También hubo colectas solidarias de vecinos y vecinas autoconvocados.
Benítez, que perdió el 80 por ciento de su producción, asegura: “Vamos a pelearla como podemos, ya vivimos una situación similar, pero con la extrema sequía. Es doloroso, esto nos excede a todos, el desastre climático es enorme”, lamenta. Y pide conciencia porque “la naturaleza está cambiando, los climas son otros y los desastres climáticos pasan por un mal manejo del ser humano”.
Somos Monte se expresa en el mismo sentido: “La forma de pensar a la naturaleza como recurso proviene de una mirada puramente colonial y extractivista. Lo que tenemos como resultado es una tendencia casi irrefrenable al desmonte, más cuando se lo plantea como negocio, restándole toda importancia de servicio ambiental y cultural, sin preocupación por conservar áreas estipuladas por ley”.
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Nuevamente tendremos un invierno más cálido de lo habitual
Cambio climático: el SMN anticipa meses con temperaturas por encima de lo normal en gran parte del país
Fecha de Publicación: 25/04/2026
Fuente: Ambito
Provincia/Región: Nacional
El último pronóstico trimestral del Servicio Meteorológico Nacional prevé una mayor probabilidad de registros térmicos superiores al promedio histórico entre abril y junio de 2026.
El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) actualizó su Pronóstico Climático Trimestral y mantuvo una señal térmica que atraviesa buena parte de la Argentina: entre abril, mayo y junio de 2026 predominan las probabilidades de temperaturas normales o superiores a las normales, con focos donde la chance de registros más altos que el promedio aparece más marcada.
De acuerdo con el organismo, la señal más definida se concentra sobre sectores del Litoral, además de áreas de Santa Fe, Córdoba y el este de San Luis, donde el trimestre se perfila con una categoría superior a la normal.
En otras zonas del país, como el NOA, Cuyo, la provincia de Buenos Aires, La Pampa y la Patagonia, el pronóstico se ubica entre normal y superior a la normal, lo que también deja abierta la posibilidad de un período más cálido de lo habitual.
Qué implica el pronóstico del SMN para el otoño y el inicio del invierno
El informe no constituye un pronóstico diario ni asegura que cada jornada vaya a ser cálida, sino que marca una tendencia climática para el trimestre. En ese marco, el dato saliente es que el mapa oficial no muestra regiones del país con predominio de temperaturas por debajo de los valores históricos, una señal que refuerza el sesgo cálido para el cierre del otoño y el arranque del invierno.
Este tipo de escenario puede tener impacto en distintas actividades, desde la demanda energética hasta la producción agropecuaria, además de modificar hábitos de consumo y planificación cotidiana.
Por eso, desde el organismo recomiendan seguir las próximas actualizaciones del pronóstico trimestral y los reportes de corto plazo, ya que dentro de una tendencia general más cálida igualmente pueden darse eventos puntuales de frío o variaciones bruscas.
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Urbanización y desmonte agravan inundaciones en Tucumán
Por la urbanización y el desmonte de las zonas altas de Yerba Buena el agua cada vez baja más rápido y colapsa canales y calles en el Gran Tucumán
Fecha de Publicación: 11/04/2026
Fuente: Contexto
Provincia/Región: Tucumán
Especialistas advierten que el avance de countries, loteos y barrios sobre el pedemonte y otras áreas de absorción cambió el comportamiento del agua. Lo que antes infiltraba, hoy baja con más velocidad y termina colapsando canales y calles aguas abajo.
En Tucumán, cada vez que una tormenta fuerte deja calles anegadas, canales desbordados y barrios bajo agua, la discusión pública suele enfocarse en lo que se ve: una avenida colapsada, una alcantarilla tapada o un canal que no dio abasto. Pero el problema, en muchos casos, empieza mucho antes de que el agua llegue a esos lugares. El problema no siempre está donde se ve, sino donde se genera.
La clave está en las zonas altas del oeste metropolitano, especialmente en el corredor que va desde Tafí Viejo hasta Yerba Buena, Villa Carmela, San José y sectores próximos a San Pablo. Allí, en las últimas décadas, el crecimiento urbano transformó de manera profunda superficies que antes absorbían, demoraban o distribuían naturalmente el agua de lluvia. Ese cambio silencioso es el que hoy explica gran parte de las inundaciones.
El urbanista Gerardo Isas lo sintetizó con una frase que resume el fenómeno: “La ciudad hoy recibe el agua que la tierra absorbía”.
La definición no es retórica. Es casi una descripción física de lo que ocurrió en el territorio.
El especialista pone el acento en la transformación de las zonas altas, donde en los últimos años avanzaron desarrollos urbanos sobre terrenos que antes cumplían una función ambiental esencial. “Cada desarrollo implica desmonte y superficies impermeables. Antes había suelo absorbente; hoy el agua escurre directamente. Eso aumenta el volumen que llega a los canales”, explica.
El agua ya no encuentra el mismo suelo
En las zonas altas y de pedemonte, el cambio de uso del suelo alteró el funcionamiento natural del escurrimiento. Donde antes había vegetación, suelo permeable, monte, cultivos o superficies abiertas, hoy hay cada vez más calles pavimentadas, plateas, cocheras, veredas duras, techos y urbanizaciones cerradas.
Cada una de esas intervenciones reduce la capacidad del terreno para infiltrar agua. Y cuando eso ocurre a escala masiva, el impacto deja de ser local: el agua empieza a bajar con más rapidez, en mayor volumen y con menos posibilidad de amortiguación.
Eso significa que una lluvia intensa ya no se reparte igual que antes. Se concentra más rápido y golpea con más fuerza sobre los desagües, canales y zonas bajas de la ciudad. Más agua, más rápido y en menos tiempo.
Los estudios sobre expansión urbana en el área metropolitana tucumana ya habían advertido este proceso. En el caso de Yerba Buena, una investigación académica identificó 49 urbanizaciones cerradas, entre barrios privados, countries y condominios, que ocupaban unas 727 hectáreas, equivalentes a casi el 19% de la superficie del municipio. No es un crecimiento menor: es un cambio estructural del territorio.
Ese dato es clave porque muestra que no se trata de un crecimiento menor o aislado. Se trata de una transformación territorial muy fuerte, concentrada precisamente en una de las zonas que históricamente funcionaban como área de transición y absorción entre la sierra y la ciudad.
Tucumán tiene, además, una condición geográfica muy particular. Buena parte de la expansión residencial más intensa de las últimas décadas se produjo sobre el pedemonte de San Javier, una franja que conecta la sierra con la llanura y que históricamente cumplió una función ambiental decisiva. Era una zona que funcionaba como regulador natural del agua.
Ese territorio no es neutro. Es una zona donde el agua de lluvia baja, se dispersa, infiltra o encuentra sus caminos naturales antes de alcanzar la ciudad más consolidada.
Cuando ese espacio se ocupa sin una mirada integral de cuenca, la lógica cambia por completo. Lo que antes se absorbía o demoraba, ahora se canaliza y se acelera. Se pierde la capacidad natural de amortiguar las lluvias.
En términos concretos, eso se traduce en una consecuencia conocida por miles de tucumanos cada vez que llueve fuerte: calles convertidas en cauces, barrios que se anegan en minutos y desagües que no alcanzan. La ciudad se transforma en un sistema de escurrimiento forzado.
Si hay un lugar donde este proceso se ve con claridad es Yerba Buena. No solo por su crecimiento urbano, sino porque allí se consolidó una de las transformaciones territoriales más fuertes del área metropolitana. La expansión de urbanizaciones cerradas, especialmente desde los años 90 y 2000, ocupó superficies que antes tenían mayor capacidad de absorción, modificando el comportamiento del agua a escala regional.
El problema no es únicamente cuántos barrios se construyeron, sino dónde se construyeron, con qué infraestructura y bajo qué lógica hidráulica regional. Ahí está el núcleo del problema.
No alcanza con limpiar canales
Uno de los puntos más sensibles del debate es la explicación simplificada que suele aparecer después de cada temporal: que el problema es la basura o la falta de limpieza.
Eso puede agravar situaciones puntuales, pero no explica por qué colapsan simultáneamente distintos puntos del sistema. No alcanza para explicar inundaciones generalizadas.
El fondo del problema es otro: muchos canales y obras pluviales fueron pensados para una ciudad mucho más chica, con menos impermeabilización y con otra ocupación del suelo. Hoy reciben más agua de la que pueden soportar.
Es decir, la infraestructura muchas veces sigue respondiendo a un mapa urbano viejo, mientras la realidad del territorio cambió de forma drástica. La ciudad cambió, pero el sistema no se adaptó.
Por eso, cuando Isas advierte que “se apunta al canal, pero no al origen del problema”, en realidad está señalando algo más profundo: el sistema está recibiendo un volumen y una velocidad de agua para los que no fue concebido.
“No se puede atribuir el problema a la basura, por ejemplo. El volumen de agua no tiene relación con eso. Hay causas estructurales que no se están analizando”, advierte.
Para Isas, el eje del problema no está en lo visible o inmediato, sino en decisiones de fondo vinculadas al uso del suelo. Y esa lógica también alcanza a la discusión sobre infraestructura. “Muchos canales responden a diseños de los años 60 y hoy deben manejar un volumen de agua mucho mayor, en un contexto completamente distinto”, señala.
Hay además una dimensión social que no se puede soslayar.
Buena parte de las nuevas urbanizaciones se desarrollaron en sectores altos, valorizados y con fuerte atractivo inmobiliario. Pero el agua que ya no infiltra allí no se queda en esos lugares: baja. Siempre baja.
Y muchas veces termina impactando sobre sectores más bajos, más densos y con menor capacidad de respuesta. Es decir, el costo de ciertas decisiones urbanas no siempre lo paga quien las toma ni quien las aprovecha. Lo terminan pagando otros barrios.
No se trata solo de cuánto llueve, sino de qué se autorizó, dónde se permitió construir, qué exigencias hidráulicas se impusieron —o no— y quién controló que el crecimiento urbano no agravara el riesgo para el resto de la ciudad. Esa es la discusión de fondo.
En Tucumán, la expansión urbana del oeste no fue un fenómeno espontáneo. Fue el resultado de decisiones acumuladas durante años. Decisiones que hoy muestran sus consecuencias.
Por eso la discusión de fondo ya no puede quedar reducida a la obra puntual que falta o al canal que debe ensancharse. La pregunta central es otra: si se sigue urbanizando suelo que debería absorber agua, ¿cuánto más puede resistir la ciudad baja?
Esa es la discusión que empieza a aparecer cada vez que una tormenta deja calles colapsadas y barrios afectados.
La diferencia es que ahora el problema empieza a verse con más claridad: muchas de las inundaciones que hoy golpean a Tucumán no nacen donde se ven, sino donde durante años se decidió crecer sin mirar el agua. Ahí está el verdadero origen del problema.
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Tucumán. INTA impulsa recuperación de bosques en zonas inundables
El INTA busca restaurar bosques ribereños con especies tolerantes al anegamiento
Fecha de Publicación: 23/03/2026
Fuente: La Gaceta
Provincia/Región: Tucumán
Los sistemas radiculares estabilizan el margen de los ríos, reducen la erosión del suelo y encauzan los cursos de agua en momentos de crecidas.
En un contexto de eventos climáticos cada vez más intensos y complejos, la ciencia y la tecnología local avanzan en soluciones estructurales que apuntan a mitigar riesgos y fortalecer la resiliencia del territorio. En esa línea, la Estación Experimental Agropecuaria (EEA) Famaillá del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) impulsa un trabajo estratégico basado en la restauración de bosques ribereños, utilizando especies nativas tolerantes al anegamiento como herramienta clave para la gestión ambiental de cuencas.
El eje de esta iniciativa es la conservación y multiplicación del sauce criollo (salix humboldtiana), la única especie nativa del género en el país. Su presencia histórica en las riberas de los ríos del sur tucumano como el Gastona, Marapa, Río Chico, Medina, San Francisco y San Ignacio de la cuenca Salí-Dulce no es casual, sino que cumple funciones ecológicas fundamentales que hoy vuelven a cobrar relevancia frente a los desafíos hidrológicos de la región que ocurren cíclicamente causando graves pérdidas socioeconómicas.
“Los bosques ribereños actúan como verdaderos ‘amortiguadores naturales’. Sus sistemas radiculares estabilizan los márgenes de los ríos, reducen la erosión del suelo y encauzan los cursos de agua en momentos de crecidas. Este efecto combinado ayuda a atenuar desbordes y a ordenar el escurrimiento superficial, aspectos críticos en zonas de pedemonte y llanura deprimida”, explicaron los investigadores Luis Fornés y Pablo Saravia.
“El valor de estos ecosistemas no se limita a lo hidrológico. Además funcionan como corredores biológicos, facilitando la conectividad entre ambientes y favoreciendo la biodiversidad. También albergan organismos que actúan como controladores naturales de plagas, generando beneficios indirectos para la producción agropecuaria”, añadieron.
Con una mirada a largo plazo, el equipo técnico del INTA Famaillá instaló un Banco Clonal de Sauce Criollo, un reservorio genético que permite conservar, estudiar y multiplicar ejemplares seleccionados por su adaptabilidad. Este banco instalado bajo normativas nacionales e internacionales garantiza la disponibilidad de material vegetal de calidad para proyectos de restauración en distintos puntos de la provincia.
“La idea no es sólo conservar la especie, sino también facilitar su uso en intervenciones concretas”, señalaron los investigadores del INTA. En ese sentido, el trabajo incluye la transferencia de plantas a viveros municipales y privados, así como la articulación con gobiernos locales para identificar áreas prioritarias de restauración.
Resultaría central e imprescindible concretar este enfoque colaborativo, dado que la recuperación de bosques ribereños requiere planificación territorial, acuerdos institucionales y continuidad en el tiempo. Municipios, comunas y organismos provinciales cumplirían un rol clave en la implementación; en especial, en la definición de superficies a intervenir y en la instalación de viveros cercanos a las áreas afectadas que aseguren la provisión de plantas.
En paralelo, el INTA Famaillá junto con la Fundación ArgenINTA mantiene acuerdos con YPF y la Subsecretaría de Medio Ambiente de Tucumán para la entrega de plantas al Vivero Provincial La Florida, en Monteros.
Cabe recordar que estos ambientes están protegidos por la Ley nacional Nº 26.331 (de Bosques Nativos), que los considera zonas de alto valor de conservación. Su degradación o eliminación no sólo implica sanciones legales, sino también la pérdida de servicios ecosistémicos esenciales para la seguridad ambiental y productiva.
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