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Actualizan el escenario nacional ante el Super Niño

 


El Niño cambia el escenario climático en Argentina: qué regiones tendrán más lluvias y cómo impactará en el campo

Fecha de Publicación
: 24/08/2026
Fuente: InfoBae
Provincia/Región: Nacional


El fenómeno climático anticipa un período de lluvias más frecuentes en el centro-este y noreste del país, con especial impacto en Buenos Aires y el Litoral
Con una probabilidad superior al 90%, El Niño ya instalado y una anomalía de casi 2° en el Pacífico ecuatorial, Argentina se prepara para una primavera y un verano con más lluvias y tormentas, un escenario que amenaza con crecidas de ríos, inundaciones en la provincia de Buenos Aires y cambios forzados en la producción agropecuaria.
El riesgo no se limita al pronóstico estacional. El meteorólogo Sergio Jalfin advirtió en Infobae en Vivo que el problema no pasa por tormentas más intensas que en otros años, sino por su mayor frecuencia, una acumulación que termina por saturar los suelos y desbordar la capacidad de drenaje.
Las áreas más expuestas serán el noreste y el centro-este del país, con foco en Buenos Aires y la región del Litoral. Jalfin añadió que el episodio actual se desarrolla en un contexto de calentamiento global, una condición que puede potenciar sus efectos.
En Carlos Casares, Alberto Pol describió una vulnerabilidad estructural que se repite desde hace décadas. “Desde 1973, cada cuatro o cinco años sufrimos inundaciones porque la zona es una Depresión, La Depresión del Salado, y no hay canales ni ríos que desagoten el agua”, explicó a Infobae en Vivo. 
El productor explicó que la región pasó de una economía agrícola-ganadera a otra principalmente agrícola, y que la posibilidad de lluvias por encima de lo habitual obliga a revisar de antemano las decisiones de siembra. El girasol, dijo, quedaría relegado porque “no es apto cuando llueve mucho, por la forma de fecundar”.
La alternativa tampoco es simple con otros cultivos. Pol resumió el dilema así: “Si siembro girasol, llueve, se lava la flor, no me rinde nada. Si siembro maíz, estoy teniendo muchos más kilos por hectárea y si no voy a tener caminos porque va a llover y se van a cortar, no lo voy a poder sacar”.
Frente a ese escenario, anticipó una salida defensiva: “Desgraciadamente, vamos a terminar sembrando soja, porque es lo más fácil de manejar agronómicamente hablando en casos de situaciones adversas”.
La cuenta económica, según Pol, ya era estrecha antes de la amenaza de nuevas inundaciones. En su zona, afirmó, el rinde de indiferencia para sembrar soja es de 3.800 kilos por hectárea, mientras que el promedio habitual ronda los 3.500 kilos.
“Si sacás menos de 3.800 kilos perdés plata. Y el promedio de nuestra zona es 3.500 kilos. Estamos trabajando casi para cambiar la plata”, señaló. También sostuvo que el encarecimiento del combustible y de los insumos agravó la presión sobre la rentabilidad.
El productor vinculó además el resultado del negocio con factores externos y con la carga impositiva. “El que gana con una cosecha récord es el gobierno, no nosotros. Si hay más venta, se exportan más dólares y el que cobra las retenciones es el gobierno de turno. Nosotros no ganamos más”.
La ganadería tampoco ofrece una salida sencilla cuando el agua avanza. Pol explicó que la poca hacienda que queda en la zona no puede trasladarse con facilidad por el costo de los fletes y por las limitaciones sanitarias: “No podés llevar una vaca de Carlos Casares a Corrientes porque se te muere en un mes. La agarra la garrapata y no se puede”.
Ante ese riesgo, la opción pasa por reforzar reservas con rollos y silo de maíz, una decisión que incrementa los costos sin asegurar una mejora en los ingresos. El productor también remarcó que las alteraciones climáticas ya se perciben incluso antes de las lluvias extraordinarias: “Siempre en esta época hacía mucho más frío y no lo hace”.
Pol descartó faltantes de productos básicos aun en un contexto de pérdidas y menor rentabilidad. “El productor agropecuario no sabe hacer otra cosa. Si no siembro, ¿de qué vivo? Aunque sea cambiando la plata, seguís en la producción, la rueda no puede parar”.
También aclaró que el aumento de costos no necesariamente se traduce en precios más altos para el consumidor. Según su explicación, la soja, el maíz y el girasol se rigen por valores internacionales, mientras que el mercado interno puede reflejar más directamente los movimientos en el precio de la carne.
Sobre el consumo, observó un desplazamiento hacia proteínas más baratas. “Se dejó de comer mucha carne de vaca y se come más cerdo, se come más pollo por una cuestión económica”.
Jalfin indicó que gobiernos y municipios trabajan en planes de contingencia para amortiguar los efectos del fenómeno. La recomendación central, dijo, es anticiparse, porque el volumen de lluvias previsto puede superar la capacidad natural de absorción y drenaje en zonas urbanas y rurales.
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La sequía en Mendoza no se termina con la nevada histórica

 


“Ni cinco inviernos históricos como este son suficientes para revertir la sequía”

Fecha de Publicación
: 13/08/2026
Fuente: Portal Unidiversidad
Provincia/Región: Mendoza


Así lo dijo Ezequiel Toum, investigador del Ianigla-Conicet Mendoza. El Niño favorecerá un invierno con mayores reservas de nieve, pero no alcanzará para salir de la crisis hídrica que afecta a la provincia desde hace más de una década. El fenómeno se extenderá durante todo el verano y dejará abundantes tormentas en el llano. 
Después de varios inviernos marcados por la escasez de nieve y una crisis hídrica que condiciona el abastecimiento de agua en Mendoza, el fenómeno El Niño colaboró para generar nuevas nevadas en la cordillera. Los principales centros climáticos internacionales y nacionales coinciden en que el evento alcanzará su máxima intensidad hacia diciembre y continuará durante todo el verano, lo que provocará gran cantidad de tormentas durante la época estival. Sin embargo, nada de esto alcanzará para revertir la sequía que atraviesa la provincia desde hace más de diez años, tal como explicó Ezequiel Toum, investigador del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales, Ianigla-Conicet Mendoza.
Si bien el escenario permitirá atravesar un año con mejores reservas de agua, los registros científicos muestran que la provincia continuará inmersa en una megasequía histórica cuya recuperación demandará varios inviernos consecutivos con abundantes precipitaciones. Toum aseguró que El Niño persistirá durante los próximos meses y que las probabilidades de que eso ocurra son muy altas. El fenómeno traerá más agua, pero también exigirá una gestión más eficiente de un recurso que seguirá siendo estratégico en un contexto de cambio climático.
El Gobierno provincial, por su parte, ya puso el foco en ese escenario: mientras el Ministerio de Energía y Ambiente acelera obras para prepararse ante un posible aumento de lluvias y crecidas aluvionales, el Departamento General de Irrigación insiste en que esta nevada histórica representa una oportunidad de agua para el verano próximo, pero no el final de la crisis hídrica.

Un buen invierno no alcanza para terminar con una sequía histórica
Los modelos climáticos internacionales muestran una coincidencia poco habitual respecto de la evolución del fenómeno de El Niño. Según Toum, prácticamente todos proyectan que el evento continuará hasta comienzos de 2027.
 "Los pronósticos climáticos de los centros que generan esta información a nivel mundial indican eso. Se habla siempre en términos probabilísticos, pero prácticamente las probabilidades muestran que El Niño va a alcanzar ahora un pico en el mes de diciembre, más o menos, y que se extenderá seguro hasta el trimestre enero-febrero-marzo", explicó.
Para Mendoza, esa situación representa una buena noticia desde el punto de vista hídrico. Históricamente, los años Niño incrementan las probabilidades de ingreso de frentes provenientes del Pacífico que descargan nieve sobre la cordillera, principal fuente de agua para los ríos mendocinos.
El investigador recordó que las últimas semanas son un ejemplo de ese comportamiento. Las nevadas han sido muy intensas y prolongadas en la alta montaña, tanto que han generado más complicaciones de las habituales con el transporte que cruza por el paso internacional Cristo Redentor.
De hecho, si las nevadas continúan dentro de los valores previstos, Mendoza podría recuperar caudales cercanos al promedio histórico. "Eso es algo importante porque, cuando se alcanzan al menos esos valores, la provincia tiene agua. Se van a poder llenar los embalses y no debería haber inconvenientes", explicó. Sin embargo, y pese al alivio que representará este ciclo húmedo de El Niño, el investigador advirtió que sería un error interpretar estas nevadas como el final de la crisis hídrica.
Según Toum, el grupo de trabajo del Ianigla realizó distintos escenarios para evaluar cuánto podría modificarse la tendencia después de quince años consecutivos con déficit de nieve.
"Tenemos en promedio, durante estos últimos quince años, un 30 % de déficit de nevadas. Hicimos un ejercicio para ver qué pasaba si este año caía el promedio histórico de nieve. La tendencia no cambiaba", explicó.
El análisis fue más allá. "Probamos qué ocurría si caía el doble del promedio: tampoco cambiaba la tendencia. Incluso exageramos el escenario y simulamos cinco veces el promedio histórico, algo extremadamente improbable, y tampoco alcanzaba para salir de la condición de megasequía”, dijo. La conclusión, según el especialista, es contundente: “Ni cinco inviernos históricos y extraordinarios como este resultan suficientes para revertir un proceso como la sequía, que lleva más de una década acumulando déficit en la provincia”.
Los registros históricos refuerzan esa conclusión. Los datos instrumentales abarcan aproximadamente un siglo, pero los científicos también reconstruyen el comportamiento climático de los últimos mil años mediante el estudio de anillos de crecimiento de árboles en la cordillera argentino-chilena. Cada anillo de crecimiento del árbol refleja la disponibilidad de agua registrada durante un año determinado. Al analizar ejemplares muy antiguos, los investigadores pueden reconstruir la historia de las precipitaciones mucho antes de que existieran estaciones meteorológicas.Los resultados muestran que la actual megasequía no tiene antecedentes comparables.
"Si tomamos los últimos cien años de registros instrumentales, estos quince años aparecen como el período más seco, y, cuando extendemos el análisis a reconstrucciones de mil años mediante anillos de árboles, también aparece como el número uno. Es una condición estadísticamente muy poco probable y no puede explicarse sin la influencia del cambio climático", afirmó Toum.

El cambio climático ya modificó las condiciones normales de Mendoza
La investigación desarrollada por el Ianigla también permitió determinar cuáles son las causas de esta prolongada sequía en Mendoza. Según Toum, alrededor del 70 % responde a la variabilidad de fenómenos naturales de gran escala, como El Niño, La Niña y otros sistemas de circulación atmosférica que interactúan entre sí. "Esos fenómenos pueden acoplarse o desacoplarse y, dependiendo de su intensidad y de la fase en la que estén, pueden potenciarse o anularse entre ellos. De ocurrir esta última, se genera esta sequía que afrontamos".
Sin embargo, existe otro componente imposible de ignorar. El otro 30 % no puede explicarse sin las emisiones de gases de efecto invernadero, es decir, sin el cambio climático. Por ese motivo, aun cuando El Niño permite algunos años más húmedos, la tendencia de largo plazo continúa siendo preocupante. "Las distintas proyecciones sobre el cambio climático sugieren que estas van a ser las condiciones estructurales. Vamos camino a que esta sea la nueva normalidad", indicó Toum.
En otras palabras, Mendoza podría alternar inviernos favorables con otros muy secos, pero sobre un escenario general menos húmedo que el conocido históricamente.

¿Más agua disponible, más tormentas intensas?
El otro efecto esperado de El Niño en Mendoza aparecerá durante el verano con las lluvias en el llano, que tienen un origen distinto a las nevadas. Mientras estas últimas dependen del ingreso de sistemas frontales provenientes del océano Pacífico, las precipitaciones de diciembre, enero y febrero son generadas principalmente por tormentas convectivas, esas grandes nubes blanquecinas que descargan abundante agua en poco tiempo y suelen estar acompañadas de granizo.
“A diferencia de lo que ocurre en el norte argentino, donde gran parte de la humedad llega desde el Amazonas o el Atlántico, en Mendoza, la mayor parte del vapor de agua es de origen local. A eso lo llamamos agua reciclada. Se evapora por las altas temperaturas y vuelve a formar tormentas", dijo.
Allí aparece una de las hipótesis que hoy siguen de cerca las y los investigadores, que deberá confirmarse con la evolución de la temporada y con el monitoreo permanente de radares y modelos meteorológicos. Si durante el invierno se acumula más nieve, habrá mayor disponibilidad de agua durante el verano en ríos, embalses, suelos y áreas cultivadas. Esa mayor humedad podría incrementar la evaporación cuando suban las temperaturas y favorecer tormentas más frecuentes e intensas.
"Va a haber mayor disponibilidad de agua porque cayó más nieve en la cordillera. Si tenemos un verano con temperaturas importantes, probablemente aumenten las tasas de evaporación, y es muy probable que tengamos un escenario con mayor cantidad de tormentas de este tipo y con una intensidad importante porque habrá mayor cantidad de vapor de agua disponible", expresó.
Por esa razón, aunque algunos organismos provinciales ya comenzaron a prepararse para un posible verano con mayor actividad de tormentas, el especialista evitó hacer afirmaciones categóricas. "Eso se va viendo día a día. Hay que seguir la evolución de las temperaturas, las mediciones de los radares y cómo responde la atmósfera", concluyó.
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Activan plan especial en Jujuy por el peligro de inundaciones

 


Jujuy sin plan de contingencia: alertan sobre el riesgo de inundaciones

Fecha de Publicación
: 10/08/2026
Fuente: Portal JujuyAlMomento
Provincia/Región: Jujuy


Perito ambiental manifestó su profunda preocupación por las proyecciones meteorológicas de cara al próximo verano. Instó a los municipios de San Salvador, Perico y Palpalá, junto al Ministerio de Ambiente provincial, a coordinar obras de prevención, desmalezado de cauces y limpieza de colectores antes del inicio de las precipitaciones.
Ante los pronósticos científicos que anticipan un fenómeno climático de gran intensidad para el cierre del año, el perito ambiental y antropólogo Néstor Ruiz lanzó una advertencia sobre la vulnerabilidad que presentan diversas localidades de la provincia frente a eventuales temporal e inundaciones.
En diálogo con Radio 2, enfatizó que el escenario que se prevé requiere una respuesta inmediata de las administraciones locales y del Ministerio de Ambiente y Cambio Climático, proponiendo la creación de un comité operativo con enfoque preventivo y ofreciendo su asesoramiento técnico de manera ad honorem. 
" Estoy verdaderamente afligido porque se viene un escenario de 'Super Niño' con lluvias puntuales e intensas. Todos los años vemos a vecinos de San Salvador, Palpalá o Perico perder sus bienes o correr riesgos de vida porque se colapsan los canales y se inundan las viviendas. Necesitamos planes de contingencia urgentes antes de que comiencen las precipitaciones a fin de año", sostuvo el especialista.
"Hay medidas tecnológicas y de infraestructura de muy bajo costo económico pero de enorme impacto para salvar vidas: limpiar bocatormentas, colocar rejillas de contención de residuos, mantener el canal de Los Perales/Mejías y evitar el avance de desmonte en zonas de recarga", agregó. 

Riesgos identificados y ejes de la propuesta preventiva
El ambientalista detalló los puntos críticos que observa en la cuenca urbana y los sectores de mayor fragilidad en la provincia:
- Efecto del desmonte en la escorrentía: Señaló que el retiro de vegetación nativa en áreas como Reyes o Guerrero incrementa el flujo de agua y barro hacia las partes bajas, generando aludes o desplazamientos peligrosos sobre propiedades privadas debido a la escasa absorción del suelo.
- Asentamientos en cauces secos: Advirtió sobre la presencia de familias residiendo en márgenes o lechos de ríos secos en distintos municipios, un factor de riesgo vital cuando suceden crecidas intempestivas.
- Mantenimiento de infraestructura hídrica: Denunció la falta de limpieza y reparación en canales colectores urbanos (mencionando como ejemplo el tramo de barrio Los Perales/Mejías que permanece con roturas) y pidió priorizar el drenaje por sobre obras superficiales de cemento.
Ante la falta de respuesta a los proyectos presentados por escrito, Ruiz confirmó que solicitará la utilización del mecanismo de participación ciudadana (Banca 13) en el Concejo Deliberante capitalino para exponer el plan ante los ediles. 
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El Super Niño y el impacto en Argentina

 


El Niño 2026: qué puede pasar en Argentina ante la llegada del fenómeno climático

Fecha de Publicación
: 16/06/2026
Fuente: Portal Chequeado
Provincia/Región: Nacional


En redes sociales y medios de comunicación se advierte la llegada de un “súper niño”, con consecuencias en los niveles de lluvia y calor en todo el mundo. “Será el más fuerte de toda la historia”, “Será mortal”, “Habrá más lluvias, sequías y huracanes”, son algunas de las afirmaciones que circulan. Pero, ¿qué hay de cierto en esto? ¿Qué se sabe sobre El Niño?
Según comunicó la Organización Meteorológica Mundial (OMM), la probabilidad de El Niño entre junio y agosto es del 80 % y, para los períodos de julio a septiembre, agosto a octubre y septiembre a noviembre, la probabilidad es cercana o superior al 90 %. 
Por su parte, la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos confirmó el jueves pasado que El Niño ya comenzó en el Pacífico tropical y prevé que va a alcanzar un nivel moderado a fuerte en los próximos meses.
“Aunque todavía es temprano para tener un escenario claro sobre los impactos específicos, es prudente considerar que en la segunda mitad del año pueden registrarse eventos climáticos extremos. Por eso, es fundamental el monitoreo y anticiparnos lo más posible”, explicó a Chequeado Leandro Díaz, investigador del Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (Conicet-UBA)
Por su parte, la doctora en Ciencias de la Atmósfera, Matilde Rusticucci, consideró que, aunque no es necesario nombrarlo como “súper niño”, sí es posible que sea muy intenso. “Los que se tienen que alarmar principalmente son los gobernantes de las regiones que pueden tener excesos de agua”, señaló en diálogo con este medio.
El Niño/Oscilación del Sur (ENOS) es un fenómeno natural caracterizado por la fluctuación de las temperaturas del océano en la parte central y oriental del Pacífico ecuatorial, que genera cambios en la atmósfera e influye en las condiciones climáticas de distintas partes del mundo.
El ENOS es uno de los patrones más importantes de la llamada variabilidad climática interanual. El Niño y La Niña son los componentes oceánicos, mientras que la Oscilación del Sur es el componente atmosférico, y ambos dan origen al término El Niño/Oscilación del Sur. Este fenómeno comprende 3 fases: El Niño, La Niña y una fase neutra. El ENOS suele ocurrir cada 2 a 7 años, según el Servicio Meteorológico Nacional (SMN).
Este patrón climático es causado por el aumento de la temperatura en las aguas del océano Pacífico ecuatorial. “Normalmente, el océano Pacífico en la zona del ecuador tiene agua más caliente del lado de Australia y Oceanía, y más fría del lado de América del Sur. Cuando viene un episodio de El Niño, toma altas temperaturas la zona central y cerca de América del Sur”, explicó Rusticucci, investigadora del Conicet y profesora emérita del Departamento de Ciencias de la Atmósfera y los Océanos (FCEyN/UBA).
Y agregó: “Como todo está concatenado, ese calentamiento le da más energía a la atmósfera en regiones donde normalmente está inhibida la producción de tormentas. Eso altera toda la circulación, con efectos incluso hasta en la cantidad de huracanes del Caribe”.
Por su parte, Díaz señaló que “estos grandes intercambios de energía perturban la atmósfera y generan ondas que se propagan a zonas remotas. Dichas ondas se traducen en sistemas de bajas y altas presiones que afectan a distintas regiones del planeta, alterando las condiciones características de temperatura y precipitación. En definitiva, El Niño explica gran parte de los cambios climáticos del planeta”.
Se cree que el nombre de este fenómeno se originó hace siglos, cuando pescadores peruanos advertían cambios meteorológicos cercanos a la Navidad y lo nombraron en honor a “El Niño Jesús”.

¿Qué puede pasar en Argentina?
El Niño afecta a la agricultura, el suministro energético, el comercio, los recursos hídricos, las cadenas de suministro y los medios de vida en regiones enteras, advirtió Naciones Unidas.
Rusticucci aclaró que, en Argentina, los efectos de El Niño han sido variados en el pasado porque no todos aumentan la temperatura de la misma cantidad ni evolucionan igual. “En general, impacta fuertemente en el noreste del país con niveles extremos de precipitación, principalmente en primavera y verano. Es muy probable que la lluvia genere crecidas de los ríos Paraná y Uruguay provocando inundaciones en la Mesopotamia. Respecto al invierno, se prevé que va a ser más cálido”, señaló.
La preocupación que genera la probabilidad de un fenómeno intenso tiene que ver con los episodios de El Niño de 1982-1983 y 1997-1998, indicó Díaz, ya que “generaron importantes inundaciones, sobre todo en la región del Litoral”. 
No obstante, el especialista advirtió que todavía no se conoce la intensidad del fenómeno en 2026. “Todavía estamos lejos de condiciones que superen los registros históricos. Algunos modelos de pronóstico específicos muestran probabilidades altas de un evento muy intenso. Sin embargo, en la práctica se analizan múltiples modelos en conjunto, lo que muestra que el rango de escenarios posibles es bastante más amplio y moderado”, aclara.
Más allá de Argentina, no todos los países se ven afectados e incluso dentro de una misma región las consecuencias pueden ser diferentes.

¿El Niño es más intenso por el cambio climático?
El último episodio de El Niño de 2023-2024 fue uno de los 5 más intensos de los que se tiene constancia y contribuyó a las temperaturas mundiales sin precedentes que se registraron en 2024, sostuvo la secretaria general de la OMM, la argentina Celeste Saulo.
“El cambio climático es una fuente más de incertidumbre sobre este tipo de eventos climáticos y también hace que la comparación con eventos del pasado no sea tan certera. Si bien aún no está claro de qué forma exacta el cambio climático puede empeorar los efectos de El Niño, sí sabemos que se desarrolla en un contexto en el que la tendencia es al aumento de las precipitaciones y de las temperaturas extremas”, indicó Díaz.
Por su parte, Rusticucci concluyó: “Hacia el futuro, las proyecciones del cambio climático no son concluyentes en si habrá más o menos fenómenos El Niño, pero sí sabemos que partimos de una base más cálida: los océanos van a estar más cálidos, por lo que un calentamiento circunstancial generado por El Niño va a partir de una temperatura más cálida”.
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Científicos mapean el AMBA para estudiar la islas de calor

 


Islas de calor urbano: la ciencia mapea cómo el AMBA hierve por dentro

Fecha de Publicación
: 18/05/2026
Fuente: Portal MeteoRed
Provincia/Región: CABA - Buenos Aires


Un estudio en Nature con participación del CONICET y la UBA analizó 41 megaciudades del mundo. El AMBA está entre ellas. En verano, sus zonas más densas pueden superar en 3 °C a las áreas rurales.
Que en las ciudades hace más calor que en el campo es un hecho conocido. Lo que no se sabía con precisión es cuánto más calor, dónde exactamente, cómo varía según la morfología urbana y qué pasará a medida que el cambio climático siga acelerando. Esas preguntas son las que aborda un trabajo publicado en la revista npj Urban Sustainability, de la editorial Nature, con participación de investigadores del Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (CIMA, UBA-CONICET) y el Instituto Franco-Argentino de Estudios sobre el Clima y sus Impactos (IFAECI).
El resultado es el primer análisis global que logra representar explícitamente megaciudades, incluido el Área Metropolitana de Buenos Aires, en simulaciones climáticas regionales.
Por primera vez, modelos climáticos globales logran representar megaciudades como Buenos Aires y muestran cómo el diseño urbano, la densidad y la desigualdad territorial amplifican el calor extremo barrio por barrio.
El contexto demográfico hace urgente el ejercicio. Según datos de Naciones Unidas, más del 50 por ciento de la población mundial vive en ciudades, y se estima que esa cifra trepará al 70 por ciento para el año 2050. En Argentina, el caso es aún más extremo: el 91 por ciento de las personas ya habita en ciudades hoy. En ese escenario, entender cómo el calor extremo impacta en los entornos urbanos no es un ejercicio académico. Es una cuestión de salud pública y planificación territorial.
Tal como expresa en Nex Ciencia Luis Muñoz, becario doctoral en el CIMA-IFAECI, "los impactos más fuertes del cambio climático relacionados con la temperatura se van a sentir principalmente en las ciudades". Y sin embargo, los modelos climáticos globales históricamente las ignoraron: las ciudades, siendo geográficamente pequeñas a escala planetaria, no aparecían representadas en las simulaciones de gran escala. El nuevo trabajo cierra esa brecha.

41 megaciudades bajo la lupa: el AMBA entre las elegidas
El estudio utilizó dos modelos climáticos regionales del proyecto CORDEX, una iniciativa del World Climate Research Programme, con una resolución aproximada de 25 kilómetros, suficiente para detectar la huella urbana de las ciudades más grandes del mundo.
En simulaciones climáticas regionales, se logró detectar 41 áreas urbanas a nivel mundial, entre ellas la Ciudad de Buenos Aires y su área metropolitana. Es la primera vez que el AMBA queda representada explícitamente en un análisis climático global de estas características.
El fenómeno central que se estudió es la isla urbana de calor: el efecto por el cual los materiales de la ciudad, asfalto, cemento, hormigón, absorben y retienen calor de manera diferente al suelo natural, elevando las temperaturas urbanas por encima de las rurales.
Sobre Buenos Aires, el estudio observa que, en los meses de verano, la isla urbana de calor puede alcanzar los dos o tres grados centígrados por encima del área rural. En el contexto de una ola de calor, esa diferencia no es un dato menor: puede ser la diferencia entre lo tolerable y lo letal para poblaciones vulnerables.
Tal como señala el investigador Lluís Fita, del CIMA y el IFAECI, los modelos climáticos han avanzado desde cuadrículas que agrupaban de 50 a 100 kilómetros hasta lograr el alcance de un kilómetro, lo que "permite ver fenómenos que ocurren a una escala más pequeña, como la sombra que producen los edificios o el impacto de un parque". Una resolución que transforma al modelo en una herramienta de política urbana concreta.

Dentro del AMBA: no todos los barrios sienten el mismo calor
El aporte local del equipo argentino va más allá de estar en el mapa. A partir del trabajo internacional, el grupo del CIMA-IFAECI publicó un segundo artículo con hallazgos específicos sobre la diversidad climática interna del Área Metropolitana de Buenos Aires. La conclusión es directa y con implicancias de justicia ambiental: el calor no se distribuye de forma homogénea dentro de la misma ciudad.
"Una ola de calor no se percibe del mismo modo en la zona de Ciudad Universitaria, al lado de la reserva natural, que en la Villa 31, que presenta una alta densidad poblacional y edilicia con pequeños pasadizos que no permiten mucha circulación de aire", plantea Muñoz. El equipo incorporó al modelo tipologías urbanas que incluyen villas y asentamientos, para cuantificar si una ola de calor podría ser más severa en determinadas zonas que en otras, y comprender los procesos físicos que lo explican.
Tal como detalla la investigadora Andrea Carril, codirectora de la tesis doctoral de Muñoz: "Si antes contábamos con una proyección de cambio climático donde un mismo píxel cubría toda la ciudad, esa proyección se aplicaba por igual a todo el píxel. Estos trabajos permiten ir bajando la escala y sumar complejidades". Traducido: las políticas de adaptación climática diseñadas a partir de promedios urbanos pueden ser ineficaces, o incluso inequitativas, si ignoran la heterogeneidad interna de las megaciudades.
El análisis de sensibilidad del modelo reveló que los parámetros morfológicos, la altura de los edificios y el ancho de las calles, son los que causan mayor impacto en la temperatura urbana simulada. Un dato que tiene consecuencias directas para el diseño urbano: las decisiones sobre densificación, altura máxima de construcción y trazado de avenidas no son solo estéticas o económicas. Son decisiones climáticas.
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El Impenetrable sufre la reacción de años de deforestación

 


El Impenetrable bajo agua: siembra desmonte, cosecharás inundación

Fecha de Publicación
: 12/05/2026
Fuente: Indimedia
Provincia/Región: Chaco


Las lluvias extraordinarias en El Impenetrable chaqueño evidencian la crisis climática y la necesidad de preservar los bosques como servicios ecosistémicos. Productores locales denuncian la pérdida de la producción de alimentos y materias primas, mientras que las organizaciones denuncian la deforestación por el avance del agronegocio. Un caso testigo frente a la embestida del Gobierno contra la Ley de Protección de Bosques Nativos.
“Nunca en esta parte del Chaco se vio este tipo de inundación. En esta época no suele llover.” Roberto Benítez vive en la localidad de Juan José Castelli, en el portal de El Impenetrable chaqueño. En 15 hectáreas, junto a su padre Epifanio, cultiva alfalfa, sandías, melones y zapallos. Pero los zapallos, que ahora estaría cultivando, quedaron sumergidos en el agua por la lluvia extraordinaria de 240 milímetros que se registró el 20 de abril pasado. Las precipitaciones afectaron a unas 500 familias que se dedican a la horticultura, estima el productor. Menciona como una de las causas el desmonte. Organizaciones socioambientales cuestionan la intención del gobierno nacional y de las provincias de modificar la Ley de Bosques.
El 70 por ciento de Castelli, una ciudad de 50.000 habitantes situada a 260 kilómetros al norte de Resistencia, quedó bajo agua. El agricultor menciona que, en el último año, vivieron con crudeza los efectos de la desertificación y que el avance de la siembra con agrotóxicos pone en riesgo su producción. “Cada vez estamos yendo más al norte, donde todavía no hay pooles de siembra”, relata. La zona donde vive se caracteriza por la producción hortícola y abastece a ciudades como Resistencia. Pero advierte que no sabe hasta cuándo podrán seguir produciendo. Destaca también que trabajan gran parte de la producción en forma agroecológica.
Setenta kilómetros al norte, en el límite con Formosa, se sitúa El Espinillo; otra localidad de El Impenetrable. El 20 de abril cayeron allí 320 milímetros de lluvia. En ese pueblo vive la comunidad qom Pozo Los Ranchos. Son aproximadamente 20 familias, que se dedican a la cría de chivos y gallinas para el autoconsumo, a la apicultura y a la cestería con hojas de palma. “Nos afectó muchísimo el tema de las lluvias”, asegura Alcira Pérez, joven artesana de la comunidad. Recuerda que, en enero 2018, vivieron otra situación similar: parajes como El Espinillo, Campo de Mayo, Las Hacheras, La Armonía y Pozo La Gringa se anegaron en pocas horas por lluvias de 300 milímetros. Y apunta a la deforestación como la causa de estos desastres.
Tiene 30 años y a lo largo de su vida vio como se perdieron algarrobos y quebrachos blancos: especies autóctonas del monte chaqueño. Cuenta que deforestan para el aprovechamiento de la madera “pero no hacen un manejo sostenible, queda todo ralo y por eso queda mucho el agua”. A la vuelta de su casa, en su lote, aún perviven las especies devoradas por el desmonte. Por eso, explica, ella no se inundó, pero sus vecinos sí.
Desde niña aprendió el oficio de la cestería, que para el Pueblo Qom tiene un sentido económico, espiritual y ancestral. La técnica de tejer canastos y otros objetos con hojas de palma secas se transmite de generación en generación. Pero la crisis climática también afecta ese trabajo, en particular los procesos de recolección y de secado de las hojas. “Necesitamos varios días de sol para el secado pero eso se dificulta en estos meses”, comenta.
La palma que usan para la cestería también sirve como abono natural. “El cambio climático nos afecta en lo económico, tratamos de paliar la situación porque no tenemos ayuda”, señala. “Nuestro trabajo es y ha sido un camino de dignidad y sanación y, a pesar de la situación de la economía argentina, la gente sigue eligiendo nuestro arte”, agrega.

Inundaciones, cambio climático y alimentos en peligro
El Impenetrable abarca cerca de 4.000.000 de hectáreas de bosque nativo de la región chaqueña semiárida. Se ubica principalmente en el noroeste de Chaco, pero incluye también el este de Salta, el oeste de Formosa y el noreste de Santiago del Estero.
Las familias que habitan esa región viven de lo que da la tierra. “Hay zonas donde las veredas de las rutas tienen puestos, se mueven las microeconomías, hay mano de obra, gente trabajando”, describe Benítez y marca que son unas 500 familias que se dedican a la horticultura en la zona y fueron afectadas por la inundación. El productor explica que las parcelas que se trabajan se fueron achicando en los últimos años. Antes, la producción era mayor, pero el clima, la caída del consumo y la inflación repercutieron en las posibilidades de producción y generaron la necesidad de buscar otros territorios, más al norte de la provincia.
En el caso de El Espinillo, peligra la miel del monte chaqueño. Por la deforestación, las abejas se van del lugar en busca de alimento. La comunidad Pozo Los Ranchos también trabaja agroecológicamente, cuidando la tierra, y reivindicando la economía pluripopular, que tiene tres componentes: trabajo, sustentabilidad y reforestación. Pero la deforestación, cuenta Pérez, no incluye mantenimiento sostenible ni capacitaciones para reforestar. “Eso produce el cambio climático”, indica.
Consultado sobre si hubo previsiones acerca de las lluvias, Benítez asegura que no. Y explica: “Confiamos en los pronósticos, pero eso cambió. De la noche a la mañana aparecimos con 30 o 40 centímetros de agua adentro de la casa, en un lugar donde nunca había pasado”. Entre las razones de la inundación, Benítez enumera tres: el desmonte, la falta de previsión al hacer obras públicas y el cambio climático.
Lo ocurrido coincide con la intención manifiesta del gobierno nacional y de las provincias que conforman el Consejo de Mayo de modificar la Ley de Presupuestos Mínimos para la Protección Ambiental de Bosques Nativos (26.331). El proyecto propone exceptuar del pedido de autorización para el desmonte en las zonas clasificadas como “Verde” (de alto índice de conservación del bosque nativo), permite los desmontes en las zonas “Amarillas” (índice medio de conservación) y solo los prohíbe en las zonas “Rojas” (bajo nivel de conservación).
En 2025, Greenpeace denunció 167.684 hectáreas deforestadas en Chaco entre noviembre de 2020, cuando el Poder Judicial chaqueño suspendió los desmontes, y julio de 2025. Los datos fueron obtenidos a partir de datos oficiales y de un relevamiento satelital de la organización.
Desde la agrupación Somos Monte señalan, en un documento al que accedió Tierra Viva: “En el Chaco el monte nativo ha estado siempre sujeto a valoraciones materiales. Esta visión de apropiación, explotación y usufructo muchas veces está divorciada de toda jurisprudencia y sentido humanitario”. Agregan que la crisis climática se profundiza por el cambio de uso de los suelos, el desmonte y el avance de la frontera agrícola-ganadera.
“La depredación de la naturaleza para el negocio de un puñado de ricos no nos va a sacar de la pobreza y tenemos ejemplos de sobra. Ya lo vimos en los 90 con la soja transgénica y el glifosato. Son promesas de desarrollo vacías que solo nos dejan más pobres, contaminados y otra vez endeudados”, expresan.

“Sin bosques, perdemos todos”
“El desmonte le duele a la sociedad ahora porque ve por la tele que a la gente también le afecta”, asegura Somos Monte. La organización se refiere a las imágenes que llegaron a las ciudades a través de la televisión y las que la sufrieron en el propio centro de Castelli.
“Ahora también se inundaron ‘los del centro’ y no sólo los de los ‘barrios bajos’, como siempre. La gente afectada por la inundación ahora debe sentir lo que sienten los animales, vegetales y hongos del monte cuando llega la topadora. Angustia, miedo, pérdida de biodiversidad. Corridos, cercados, desplazados”, afirman.
La organización socioambiental va directo a las causas. Las calles llenas de agua, los campos anegados, los caminos intransitables tienen un origen: la tala indiscriminada de especies nativas y el cambio del uso del suelo para actividades extractivas. “Sistemas hidrológicos enteros se ven afectados reduciendo la disponibilidad y la calidad del agua, los eventos meteorológicos severos incrementan su intensidad y/o duración, afectando cultivos e innumerables economías familiares, comunidades enteras son desplazadas o forzadas a la marginación o vulnerabilidad socioambiental. A la larga, sin bosques, perdemos todos”.
Según el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), citan desde Somos Monte, una hectárea de bosque chaqueño absorbe 300 milímetros de agua por hora, mientras que una con pasturas 100 milímetros y una con soja hasta 30 milímetros.
El Consejo Federal de Medio Ambiente (Cofema) emitió, el 29 de abril, la Resolución 573/26, en la que rechaza la modificación a la Ley de Bosques. Diecisiete provincias se manifestaron en contra de la reforma; dos (Catamarca y Entre Ríos) se abstuvieron y cinco no se presentaron. Entre las ausentes, figura Chaco. El dictamen del Cofema señala también que realizó un proceso de consulta entre ONGs, universidades, institutos científicos, cámaras y profesionales. Recibieron 60 ponencias: el 90 por ciento en contra del desguace de la ley.
De aprobarse la reforma impulsada por el Gobierno, solo el 10 por ciento de las superficies de los ordenamientos territoriales de Chaco, Formosa, Salta y Santiago del Estero quedarán protegidas bajo la Categoría I de la Ley de Bosques. La iniciativa contradice el compromiso de Argentina sobre Deforestación Cero para el año 2030, firmado en 2021 durante la COP 26 de las Naciones Unidas en Glasgow. Greenpeace denunció el riesgo que esta reforma implicaría ante la Corte Suprema de la Nación.
“Una modificación que flexibilice los criterios o habilite recategorizaciones de Ordenamiento Territorial de Bosques Nativos (OTBN) no solo socava el principio de no regresión ambiental, sino que también convierte al OTBN en un instrumento político negociable, y abre puertas a la aparición de fronteras extractivas legalizadas como tal, como ser la ganadería, la agricultura y la minería”, indica Somos Monte.
Y menciona que la ley actual no solo protege los bosques en términos cuantitativos, sino que regula indirectamente muchos de los servicios ecosistémicos que emergen de la existencia de estos bosques. Por ejemplo, la retención de humedad y estructura de los suelos, la existencia misma de agua en regiones semiáridas debido a la formación de vapor de agua, la regulación de la temperatura, la captura de carbono y la generación de oxígeno, entre otros.

“Los desastres climáticos pasan por un mal manejo del ser humano”
“Así como tenemos inundación, también tenemos fríos extremos, cosa que era inusual. A veces pasamos de la inundación a la plena sequía. No tenemos nunca un clima estable”, señala Benítez sobre el impacto climático y asegura que el problema comenzó a notarse hace diez años en El Impenetrable.
Tras las lluvias, queda la ayuda entre los propios horticultores y la escasa respuesta estatal. Los productores elevaron un petitorio ciudadano al municipio de Castelli para que atienda a los pequeños productores. También hubo colectas solidarias de vecinos y vecinas autoconvocados.
Benítez, que perdió el 80 por ciento de su producción, asegura: “Vamos a pelearla como podemos, ya vivimos una situación similar, pero con la extrema sequía. Es doloroso, esto nos excede a todos, el desastre climático es enorme”, lamenta. Y pide conciencia porque “la naturaleza está cambiando, los climas son otros y los desastres climáticos pasan por un mal manejo del ser humano”.
Somos Monte se expresa en el mismo sentido: “La forma de pensar a la naturaleza como recurso proviene de una mirada puramente colonial y extractivista. Lo que tenemos como resultado es una tendencia casi irrefrenable al desmonte, más cuando se lo plantea como negocio, restándole toda importancia de servicio ambiental y cultural, sin preocupación por conservar áreas estipuladas por ley”.
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Nuevamente tendremos un invierno más cálido de lo habitual

 


Cambio climático: el SMN anticipa meses con temperaturas por encima de lo normal en gran parte del país 

Fecha de Publicación
: 25/04/2026
Fuente: Ambito
Provincia/Región: Nacional


El último pronóstico trimestral del Servicio Meteorológico Nacional prevé una mayor probabilidad de registros térmicos superiores al promedio histórico entre abril y junio de 2026.
El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) actualizó su Pronóstico Climático Trimestral y mantuvo una señal térmica que atraviesa buena parte de la Argentina: entre abril, mayo y junio de 2026 predominan las probabilidades de temperaturas normales o superiores a las normales, con focos donde la chance de registros más altos que el promedio aparece más marcada.
De acuerdo con el organismo, la señal más definida se concentra sobre sectores del Litoral, además de áreas de Santa Fe, Córdoba y el este de San Luis, donde el trimestre se perfila con una categoría superior a la normal.
En otras zonas del país, como el NOA, Cuyo, la provincia de Buenos Aires, La Pampa y la Patagonia, el pronóstico se ubica entre normal y superior a la normal, lo que también deja abierta la posibilidad de un período más cálido de lo habitual.

Qué implica el pronóstico del SMN para el otoño y el inicio del invierno
El informe no constituye un pronóstico diario ni asegura que cada jornada vaya a ser cálida, sino que marca una tendencia climática para el trimestre. En ese marco, el dato saliente es que el mapa oficial no muestra regiones del país con predominio de temperaturas por debajo de los valores históricos, una señal que refuerza el sesgo cálido para el cierre del otoño y el arranque del invierno.
Este tipo de escenario puede tener impacto en distintas actividades, desde la demanda energética hasta la producción agropecuaria, además de modificar hábitos de consumo y planificación cotidiana.
Por eso, desde el organismo recomiendan seguir las próximas actualizaciones del pronóstico trimestral y los reportes de corto plazo, ya que dentro de una tendencia general más cálida igualmente pueden darse eventos puntuales de frío o variaciones bruscas.
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Urbanización y desmonte agravan inundaciones en Tucumán

 


Por la urbanización y el desmonte de las zonas altas de Yerba Buena el agua cada vez baja más rápido y colapsa canales y calles en el Gran Tucumán

Fecha de Publicación
: 11/04/2026
Fuente: Contexto
Provincia/Región: Tucumán


Especialistas advierten que el avance de countries, loteos y barrios sobre el pedemonte y otras áreas de absorción cambió el comportamiento del agua. Lo que antes infiltraba, hoy baja con más velocidad y termina colapsando canales y calles aguas abajo.
En Tucumán, cada vez que una tormenta fuerte deja calles anegadas, canales desbordados y barrios bajo agua, la discusión pública suele enfocarse en lo que se ve: una avenida colapsada, una alcantarilla tapada o un canal que no dio abasto. Pero el problema, en muchos casos, empieza mucho antes de que el agua llegue a esos lugares. El problema no siempre está donde se ve, sino donde se genera.
La clave está en las zonas altas del oeste metropolitano, especialmente en el corredor que va desde Tafí Viejo hasta Yerba Buena, Villa Carmela, San José y sectores próximos a San Pablo. Allí, en las últimas décadas, el crecimiento urbano transformó de manera profunda superficies que antes absorbían, demoraban o distribuían naturalmente el agua de lluvia. Ese cambio silencioso es el que hoy explica gran parte de las inundaciones.
El urbanista Gerardo Isas lo sintetizó con una frase que resume el fenómeno: “La ciudad hoy recibe el agua que la tierra absorbía”.
La definición no es retórica. Es casi una descripción física de lo que ocurrió en el territorio.
El especialista pone el acento en la transformación de las zonas altas, donde en los últimos años avanzaron desarrollos urbanos sobre terrenos que antes cumplían una función ambiental esencial. “Cada desarrollo implica desmonte y superficies impermeables. Antes había suelo absorbente; hoy el agua escurre directamente. Eso aumenta el volumen que llega a los canales”, explica.

El agua ya no encuentra el mismo suelo
En las zonas altas y de pedemonte, el cambio de uso del suelo alteró el funcionamiento natural del escurrimiento. Donde antes había vegetación, suelo permeable, monte, cultivos o superficies abiertas, hoy hay cada vez más calles pavimentadas, plateas, cocheras, veredas duras, techos y urbanizaciones cerradas.
Cada una de esas intervenciones reduce la capacidad del terreno para infiltrar agua. Y cuando eso ocurre a escala masiva, el impacto deja de ser local: el agua empieza a bajar con más rapidez, en mayor volumen y con menos posibilidad de amortiguación.
Eso significa que una lluvia intensa ya no se reparte igual que antes. Se concentra más rápido y golpea con más fuerza sobre los desagües, canales y zonas bajas de la ciudad. Más agua, más rápido y en menos tiempo.
Los estudios sobre expansión urbana en el área metropolitana tucumana ya habían advertido este proceso. En el caso de Yerba Buena, una investigación académica identificó 49 urbanizaciones cerradas, entre barrios privados, countries y condominios, que ocupaban unas 727 hectáreas, equivalentes a casi el 19% de la superficie del municipio. No es un crecimiento menor: es un cambio estructural del territorio.
Ese dato es clave porque muestra que no se trata de un crecimiento menor o aislado. Se trata de una transformación territorial muy fuerte, concentrada precisamente en una de las zonas que históricamente funcionaban como área de transición y absorción entre la sierra y la ciudad.
Tucumán tiene, además, una condición geográfica muy particular. Buena parte de la expansión residencial más intensa de las últimas décadas se produjo sobre el pedemonte de San Javier, una franja que conecta la sierra con la llanura y que históricamente cumplió una función ambiental decisiva. Era una zona que funcionaba como regulador natural del agua.
Ese territorio no es neutro. Es una zona donde el agua de lluvia baja, se dispersa, infiltra o encuentra sus caminos naturales antes de alcanzar la ciudad más consolidada.
Cuando ese espacio se ocupa sin una mirada integral de cuenca, la lógica cambia por completo. Lo que antes se absorbía o demoraba, ahora se canaliza y se acelera. Se pierde la capacidad natural de amortiguar las lluvias.
En términos concretos, eso se traduce en una consecuencia conocida por miles de tucumanos cada vez que llueve fuerte: calles convertidas en cauces, barrios que se anegan en minutos y desagües que no alcanzan. La ciudad se transforma en un sistema de escurrimiento forzado.
Si hay un lugar donde este proceso se ve con claridad es Yerba Buena. No solo por su crecimiento urbano, sino porque allí se consolidó una de las transformaciones territoriales más fuertes del área metropolitana. La expansión de urbanizaciones cerradas, especialmente desde los años 90 y 2000, ocupó superficies que antes tenían mayor capacidad de absorción, modificando el comportamiento del agua a escala regional.
El problema no es únicamente cuántos barrios se construyeron, sino dónde se construyeron, con qué infraestructura y bajo qué lógica hidráulica regional. Ahí está el núcleo del problema.

No alcanza con limpiar canales
Uno de los puntos más sensibles del debate es la explicación simplificada que suele aparecer después de cada temporal: que el problema es la basura o la falta de limpieza.
Eso puede agravar situaciones puntuales, pero no explica por qué colapsan simultáneamente distintos puntos del sistema. No alcanza para explicar inundaciones generalizadas.
El fondo del problema es otro: muchos canales y obras pluviales fueron pensados para una ciudad mucho más chica, con menos impermeabilización y con otra ocupación del suelo. Hoy reciben más agua de la que pueden soportar.
Es decir, la infraestructura muchas veces sigue respondiendo a un mapa urbano viejo, mientras la realidad del territorio cambió de forma drástica. La ciudad cambió, pero el sistema no se adaptó.
Por eso, cuando Isas advierte que “se apunta al canal, pero no al origen del problema”, en realidad está señalando algo más profundo: el sistema está recibiendo un volumen y una velocidad de agua para los que no fue concebido.
“No se puede atribuir el problema a la basura, por ejemplo. El volumen de agua no tiene relación con eso. Hay causas estructurales que no se están analizando”, advierte. 
Para Isas, el eje del problema no está en lo visible o inmediato, sino en decisiones de fondo vinculadas al uso del suelo. Y esa lógica también alcanza a la discusión sobre infraestructura. “Muchos canales responden a diseños de los años 60 y hoy deben manejar un volumen de agua mucho mayor, en un contexto completamente distinto”, señala.

Hay además una dimensión social que no se puede soslayar.
Buena parte de las nuevas urbanizaciones se desarrollaron en sectores altos, valorizados y con fuerte atractivo inmobiliario. Pero el agua que ya no infiltra allí no se queda en esos lugares: baja. Siempre baja.
Y muchas veces termina impactando sobre sectores más bajos, más densos y con menor capacidad de respuesta. Es decir, el costo de ciertas decisiones urbanas no siempre lo paga quien las toma ni quien las aprovecha. Lo terminan pagando otros barrios.
No se trata solo de cuánto llueve, sino de qué se autorizó, dónde se permitió construir, qué exigencias hidráulicas se impusieron —o no— y quién controló que el crecimiento urbano no agravara el riesgo para el resto de la ciudad. Esa es la discusión de fondo.
En Tucumán, la expansión urbana del oeste no fue un fenómeno espontáneo. Fue el resultado de decisiones acumuladas durante años. Decisiones que hoy muestran sus consecuencias.
Por eso la discusión de fondo ya no puede quedar reducida a la obra puntual que falta o al canal que debe ensancharse. La pregunta central es otra: si se sigue urbanizando suelo que debería absorber agua, ¿cuánto más puede resistir la ciudad baja?
Esa es la discusión que empieza a aparecer cada vez que una tormenta deja calles colapsadas y barrios afectados.
La diferencia es que ahora el problema empieza a verse con más claridad: muchas de las inundaciones que hoy golpean a Tucumán no nacen donde se ven, sino donde durante años se decidió crecer sin mirar el agua. Ahí está el verdadero origen del problema.
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Tucumán. INTA impulsa recuperación de bosques en zonas inundables

 


El INTA busca restaurar bosques ribereños con especies tolerantes al anegamiento

Fecha de Publicación
: 23/03/2026
Fuente: La Gaceta
Provincia/Región: Tucumán


Los sistemas radiculares estabilizan el margen de los ríos, reducen la erosión del suelo y encauzan los cursos de agua en momentos de crecidas. 
En un contexto de eventos climáticos cada vez más intensos y complejos, la ciencia y la tecnología local avanzan en soluciones estructurales que apuntan a mitigar riesgos y fortalecer la resiliencia del territorio. En esa línea, la Estación Experimental Agropecuaria (EEA) Famaillá del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) impulsa un trabajo estratégico basado en la restauración de bosques ribereños, utilizando especies nativas tolerantes al anegamiento como herramienta clave para la gestión ambiental de cuencas.
El eje de esta iniciativa es la conservación y multiplicación del sauce criollo (salix humboldtiana), la única especie nativa del género en el país. Su presencia histórica en las riberas de los ríos del sur tucumano como el Gastona, Marapa, Río Chico, Medina, San Francisco y San Ignacio de la cuenca Salí-Dulce no es casual, sino que cumple funciones ecológicas fundamentales que hoy vuelven a cobrar relevancia frente a los desafíos hidrológicos de la región que ocurren cíclicamente causando graves pérdidas socioeconómicas.
“Los bosques ribereños actúan como verdaderos ‘amortiguadores naturales’. Sus sistemas radiculares estabilizan los márgenes de los ríos, reducen la erosión del suelo y encauzan los cursos de agua en momentos de crecidas. Este efecto combinado ayuda a atenuar desbordes y a ordenar el escurrimiento superficial, aspectos críticos en zonas de pedemonte y llanura deprimida”, explicaron los investigadores Luis Fornés y Pablo Saravia.
“El valor de estos ecosistemas no se limita a lo hidrológico. Además funcionan como corredores biológicos, facilitando la conectividad entre ambientes y favoreciendo la biodiversidad. También albergan organismos que actúan como controladores naturales de plagas, generando beneficios indirectos para la producción agropecuaria”, añadieron.
Con una mirada a largo plazo, el equipo técnico del INTA Famaillá instaló un Banco Clonal de Sauce Criollo, un reservorio genético que permite conservar, estudiar y multiplicar ejemplares seleccionados por su adaptabilidad. Este banco instalado bajo normativas nacionales e internacionales garantiza la disponibilidad de material vegetal de calidad para proyectos de restauración en distintos puntos de la provincia.
“La idea no es sólo conservar la especie, sino también facilitar su uso en intervenciones concretas”, señalaron los investigadores del INTA. En ese sentido, el trabajo incluye la transferencia de plantas a viveros municipales y privados, así como la articulación con gobiernos locales para identificar áreas prioritarias de restauración.
Resultaría central e imprescindible concretar este enfoque colaborativo, dado que la recuperación de bosques ribereños requiere planificación territorial, acuerdos institucionales y continuidad en el tiempo. Municipios, comunas y organismos provinciales cumplirían un rol clave en la implementación; en especial, en la definición de superficies a intervenir y en la instalación de viveros cercanos a las áreas afectadas que aseguren la provisión de plantas.
En paralelo, el INTA Famaillá junto con la Fundación ArgenINTA mantiene acuerdos con YPF y la Subsecretaría de Medio Ambiente de Tucumán para la entrega de plantas al Vivero Provincial La Florida, en Monteros.
Cabe recordar que estos ambientes están protegidos por la Ley nacional Nº 26.331 (de Bosques Nativos), que los considera zonas de alto valor de conservación. Su degradación o eliminación no sólo implica sanciones legales, sino también la pérdida de servicios ecosistémicos esenciales para la seguridad ambiental y productiva.
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El nuevo clima del norte. más lluvias, más riesgo

 


Inundaciones en el norte: advierten que las lluvias extremas “ya no son excepcionales” y podrían intensificarse

Fecha de Publicación
: 19/03/2026
Fuente: Diario Panorama
Provincia/Región: Nacional


El geólogo Sergio Giorgeff advirtió que las lluvias intensas en el norte del país responden a un patrón cada vez más frecuente, impulsado por cambios climáticos y la intervención humana en la cuenca hídrica.
El geólogo tucumano Sergio Giorgeff, investigador del CONICET, habló con Libertad de Opinión y analizó el impacto de las intensas lluvias registradas en las últimas semanas en provincias del norte argentino y advirtió que se trata de un fenómeno cada vez más frecuente.
Según explicó, las inundaciones que afectaron a Tucumán, Santiago del Estero y otras regiones forman parte de un proceso que combina factores naturales con una fuerte intervención humana sobre la Cuenca Salí-Dulce. “Desde hace casi 30 años se registra un incremento sostenido de las precipitaciones, lo que impacta directamente en la dinámica del río”, señaló.
Giorgeff remarcó que no se trata de eventos aislados, sino de un patrón que se repite desde la década del 90, aunque con mayor frecuencia e intensidad. “Los episodios son cada vez más recurrentes y se dan sobre una cuenca ya modificada, lo que agrava las consecuencias, incluso aguas abajo”, indicó, en referencia a los desbordes que afectan a localidades santiagueñas.
En ese sentido, advirtió que la infraestructura actual resulta insuficiente. “Los diques construidos desde la década del 60 fueron pensados para otras condiciones climáticas y hoy no están respondiendo”, explicó. Como alternativa, planteó la necesidad de combinar obras tradicionales con soluciones ambientales, como la reforestación, la mejora de drenajes y una gestión más eficiente del agua.
El especialista también puso el foco en problemas estructurales que arrastra la región, como la deforestación y el avance de la frontera agrícola, que reducen la capacidad de absorción del suelo. “La recuperación de los bosques es clave para disminuir el escurrimiento superficial y evitar desbordes, aunque es una solución a mediano y largo plazo”, sostuvo.
Finalmente, Giorgeff alertó que estos fenómenos podrían intensificarse en el futuro. “Cada evento supera al anterior. Ya no podemos hablar de lluvias extraordinarias como algo aislado, sino de un nuevo patrón climático”, afirmó. En ese marco, subrayó la importancia de planificar y ejecutar obras durante los períodos secos del año para mitigar el impacto de las lluvias, que —según anticipó— continuarán y podrían ser aún más intensas.
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Neuquén enfrenta un verano récord de sequía

 


Los lagos de Neuquén están en mínimos históricos: los datos que más alarman

Fecha de Publicación
: 17/02/2026
Fuente: La Mañana de Neuquén
Provincia/Región: Neuquén


Desde la AIC esperan que las lluvias del otoño aporten el caudal suficiente para recuperar la cuenca del Limay, Neuquén y Collón Curá.
La sequía prolongada que atraviesa la región encendió las alarmas para los responsables de la Autoridad Interjurisdiccional de Cuencas (AIC), que esperan que las lluvias de este otoño ayuden a recuperar el nivel de los lagos de la cuenca del Limay, Neuquén y Collón Curá. Hoy, estos espejos de agua alcanzaron sus mínimos históricos, por lo que las precipitaciones de abril y mayo son necesarias para revertir la situación.
Fernando Frassetto, meteorólogo de la Autoridad Interjurisdiccional de Cuencas (AIC), explicó el escenario complejo que atraviesan los lagos la cuenca. “El primero de abril empieza el período hidrológico, es el inicio del calendario de lluvias“, dijo en una entrevista con Canal 7.
“El otoño es muy importante para recuperar las cuencas y estabilizarla. Recuperar el subterráneo, los suelos, los bosques y los lagos que están muy bajos, para poder después tener escurrimientos normales“, detalló el especialista.
Según explicó, en la región se vive un panorama de extrema sequía, con niveles en los lagos que son comparables a los años más secos registrados en los últimos cien años. “Hasta ahora, por cómo marcha en las cuencas Neuquén, Collón Curá y Limay, estamos por debajo del 98, el año más seco de los últimos cien“, aseguró.
Pese a que la tendencia podría causar un contexto de sequía aún más preocupante que ese, registrado hace casi treinta años, los especialistas del área de meteorología de la AIC se ilusionan con la temporada de otoño, cuando comienza el calendario hidrológico y las lluvias suelen ser más abundantes.
“Si seguimos esta tendencia, estamos peor que en ese año“, dijo y agregó: “Vamos a ver cómo llegamos a marzo, pero con este panorama, estamos por debajo del año más seco“.
Frassetto aclaró que las lluvias del otoño son necesarias para recomponer los bajos niveles de los lagos a través del nivel subterráneo, ya que el aporte del deshielo fue bajo a partir de las nevadas escasas que se registraron en el último invierno en la cordillera neuquina.
“Las lluvias de otoño deben ser lo suficientemente importantes para alimentar el subterráneo“, dijo y aclaró que “para eso hacen falta entre trescientos y cuatrocientos milímetros de lluvia, lo que pase a partir de abril y mayo es la llave del año para que los ríos crezcan“.

Estrés hídrico: menos agua y más demanda
Especialistas en medio ambiente y meteorología explicaron los motivos por los cuales este verano se siente diferente en Neuquén, con temperaturas más altas, más días de condiciones extremas y una sequía que incrementó el riesgo de incendios forestales. El cambio climático, en la zona, también se expresa a través de un fenómeno conocido como estrés hídrico.
El estrés hídrico no es una consigna abstracta, sino una ecuación que se vuelve cada vez más exigente. Por un lado, en el oeste y noroeste provincial se registran descensos de precipitaciones del orden del 10% por década a nivel anual, y de hasta 20% por década en verano. Por otro, los ríos muestran tendencias negativas en caudales medios y mínimos.
En particular, el río Neuquén registra un descenso del caudal del orden de -0,6 m³ por año, junto con cambios en su régimen hidrológico, como la desaparición del pico invernal asociado a lluvias intensas.
Una de las claves técnicas para entender esta relación es la isoterma de 0°C, es decir, la altura a partir de la cual la precipitación cae como nieve en lugar de lluvia. Cuando esa línea asciende, lo que antes se acumulaba como nieve pasa a caer como lluvia, perdiéndose un almacenamiento natural de agua fundamental para el verano.
En Neuquén se observa un ascenso progresivo de la isoterma de 0°C, que superó entre 70 y 100 metros en promedio anual durante la última década. Esto tiene efectos directos sobre la acumulación de nieve, los ciclos de deshielo y la disponibilidad de agua para los ríos neuquinos, impactando en consumo humano, riego, recreación, industria y costos asociados.
Desde la subsecretaría de Recursos Hídricos explicaron que, en este escenario, la gestión del agua requiere anticipación, con eficiencia en el uso, control de pérdidas y priorización de los usos esenciales.
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15 años de déficit hídrico en la Patagonia

 


Preocupa la sequía en la Patagonia: el dramático informe del INTA sobre el déficit hídrico que ya lleva 15 años

Fecha de Publicación
: 16/01/2026
Fuente: Portal NoticiasAmbientales
Provincia/Región: Patagonia


Con una disminución de las precipitaciones de entre un 30% y 40% en altas cumbres durante los últimos años, la sequía en la Patagonia Norte alcanza hoy niveles críticos. 
Así lo revela un informe reciente realizado por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), el cual advierte sobre la gravedad del déficit hídrico en la región.
El estudio titulado «El recurso hídrico para el próximo verano y otoño: cambio en las precipitaciones y temperaturas en las provincias de Río Negro y Neuquén» compartió datos alarmantes.
El más relevante señala que las cuencas hídricas de la región enfrentan un déficit prolongado, el cual se agravó durante este invierno.

15 años de déficit hídrico en la Patagonia
Leonardo Claps, técnico del INTA Bariloche y coautor del informe, explicó que la región atraviesa un momento crítico.
«Esto hace que todas las cuencas, hace ya muchos años, vengan con un déficit hídrico«, señaló en declaraciones radiales.
En particular, este 2025 las cuencas Limay y Neuquén, fundamentales para el sistema de energía eléctrica del país, mostraron déficits significativos.
Es que, según Claps, el régimen pluviométrico se mantiene por debajo de la media desde hace aproximadamente 15 años.
Sin embargo, la sequía en la Patagonia se intensificó el año pasado por la ausencia de acumulación de nieve en las altas cumbres.
«La sequía extraordinaria de este invierno causó que en las altas cumbres no se acumule agua, lo que provoca que la situación sea muy crítica«, advirtió el especialista.

El cambio climático como factor determinante
Entre las principales causas de la sequía recurrente en la Patagonia, el cambio climático es la más relevante, según el análisis del INTA.
Es que, en la última década y media, los patrones normales de precipitaciones se transformaron radicalmente.
«Este cambio climático hizo que la normalidad deje de ser normal», explica Claps en este sentido.
El informe se basó en datos de la AIC (Autoridad Interjurisdiccional de las Cuencas) para Río Negro y Neuquén, complementados con mediciones de campo.

El origen y las consecuencias de la sequía en la Patagonia
Otros factores que están detrás de las sequías en la Patagonia son la contaminación y la generación de gases de efecto invernadero, según Claps.
Las actividades económicas extractivas y de consumo contribuyen al problema global.
«Hay distintos tipos de gases de efecto invernadero que contribuyen al cambio climático«, explicó el investigador.
Además, agrava la situación el hecho de que los protocolos globales para combatir esta situación nunca se cumplieron completamente, lo que genera cambios climáticos a nivel planetario.
El especialista destacó también un fenómeno paradójico: mientras la región se vuelve más seca, aparecen en su lugar precipitaciones torrenciales inusuales.
Este tipo de lluvias concentradas no permite la infiltración adecuada en el suelo, por lo que no sirven contra la sequía en la Patagonia.
«Al caer tanta cantidad en tan poco tiempo, todo eso se evapora o se transforma en una inundación rápida«, detalló Claps.
Así, el agua no penetra en la napa superficial, impidiendo la acumulación subterránea necesaria.

El impacto en los recursos hídricos
Los efectos de la sequía en la Patagonia incluyen:
- Ausencia de acumulación de nieve en altas cumbres durante el invierno
- Reducción del 30% al 40% de precipitaciones respecto a valores históricos normales
- Déficit hídrico sostenido en las cuencas Limay y Neuquén
- Menor infiltración de agua en napas subterráneas
- Cambios en los patrones tradicionales de precipitaciones
«La naturaleza no nos está dando el agua que necesitamos«, señaló Claps.
En este sentido, el técnico advirtió que, si en las altas cumbres no cae nieve durante la temporada, inevitablemente faltará agua en las zonas más bajas.
La situación hídrica actual representa uno de los momentos más preocupantes en la historia de la Patagonia Norte.
Frente a esto, el INTA continúa monitoreando las cuencas para evaluar el impacto a mediano y largo plazo.
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Los datos que dejó el clima en Argentina en el 2025

 


Récords de lluvias, de temperatura y de fuego en 2025: los impactantes datos que dejó el clima en Argentina

Fecha de Publicación
: 06/01/2026
Fuente: Portal MeteoRed
Provincia/Región: Nacional


El balance climático de los primeros diez meses del año muestra extremos térmicos, precipitaciones fuera de lo común y regiones que siguen en sequía. El informe oficial del SMN pone números a un año intenso y deja pistas claras sobre el rumbo del clima en nuestro país.
Monitorear el pulso de la atmósfera no es cualquier tarea de los meteorólogos; es un ejercicio de memoria científica. Con más de 150 años de datos, el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) presentó, como lo hace cada año, el reporte preliminar del Estado del Clima, un documento que funciona como una radiografía de lo que vivimos en el año. Esta última entrega, resume los datos entre enero y octubre de 2025.
La información no solo confirma que el termómetro se movió entre extremos, sino que Argentina se consolidó dentro de una tendencia global de calentamiento que no da tregua.

Un país pasado de calor… con una pausa helada
La temperatura media nacional se ubicó por encima del promedio 1991-2020 y colocó a 2025, hasta ahora, como el cuarto año más cálido desde 1961. La anomalía estimada fue de +0,59 °C, un valor que no sorprende si se mira la tendencia de los últimos 15 años, donde el termómetro mostró un aumento sostenido y poco discreto.
El verano concentró buena parte de los titulares. Dos olas de calor intensas afectaron al centro y norte del país, con récords de temperaturas máximas y mínimas y un número llamativo de días por encima de los 40 °C. Febrero jugó fuerte: fue excepcionalmente cálido y rompió marcas históricas en decenas de localidades al norte de los 30°S. En Resistencia, una de esas olas duró 14 días, una persistencia que no se ve todos los veranos.
El contraste llegó en invierno, aunque con menos capítulos. Solo un evento de ola de frío se destacó a escala nacional, pero su extensión fue notable. Entre fines de junio y comienzos de julio, el aire polar avanzó desde la Patagonia hasta el norte argentino y dejó mínimas extremas, tardes que no superaron los 5 °C en varias ciudades y nevadas en provincias poco acostumbradas a ver copos.
En la Ciudad de Buenos Aires, la mínima cayó a -1,9 °C, el valor más bajo desde 1991. El fenómeno fue tan intenso que la nieve llegó a lugares poco frecuentes como San Luis, Córdoba, e incluso zonas de la provincia de Buenos Aires.
Entre fines de junio y principios de julio, una ola de frío de gran extensión cubrió el 65 % de las estaciones del país. Fue un ingreso de aire antártico que desplomó las temperaturas a niveles que no se veían hace años
A este combo térmico se sumó otro dato que no pasa desapercibido. Durante el verano, las estaciones de monitoreo en Buenos Aires y Mendoza registraron una frecuencia inusual de valores del índice ultravioleta (UV) en la categoría de riesgo extremadamente alto. Este dato transforma a la meteorología en un tema de salud pública. La intensidad de la radiación solar obliga a replantear los cuidados diarios, ya que el escudo atmosférico mostró niveles de exposición que superaron con creces los promedios habituales para nuestras latitudes.

Lluvias abundantes, pero mal repartidas
En promedio nacional, las precipitaciones entre enero y octubre superaron lo normal en un 10,2 %. Ese registro ubicó al período como el vigésimo segundo más lluvioso desde 1961 y convirtió a 2025 en el año más húmedo de los últimos ocho. Ahora bien, el promedio esconde contrastes.
Agosto sobresalió por ser extremadamente lluvioso en la franja central del país, con récords diarios y mensuales y acumulados poco habituales incluso para zonas áridas. Las inundaciones dejaron en claro que cuando llueve, a veces llueve de golpe. En otoño, episodios de precipitación diaria extrema golpearon al norte y sur bonaerense, al Litoral y al AMBA, con impactos materiales y sociales importantes.
- Agosto histórico: la franja central de Argentina vivió un agosto extremadamente húmedo, con inundaciones y récords diarios.
- Bahía Blanca: en marzo, esta ciudad bonaerense recibió 209.5 mm en un solo día, una cifra impactante que estuvo a nada de superar su récord absoluto de 1945.
- Tormentas de mayo: entre el 15 y el 18 de mayo, un frente estacionario descargó entre 200 y 400 mm en el norte de Buenos Aires y Santa Fe, afectando seriamente al AMBA y localidades como Zárate y Campana.
Mientras tanto, el noroeste de la Patagonia atravesó condiciones de sequía persistente, que se intensificaron durante el invierno. La falta de lluvias vino acompañada de escasas nevadas, tanto en Patagonia como en Cuyo. En las cuencas cuyanas, la cobertura de nieve quedó muy por debajo del promedio histórico, un dato clave para anticipar problemas en la disponibilidad de agua durante la temporada cálida.
La nieve, ese reservorio vital para nuestros ríos, también brilló por su ausencia. En las cuencas de Cuyo, la superficie cubierta estuvo muy por debajo de la media histórica. En San Juan la disminución fue del 37 %, mientras que en provincias patagónicas como Chubut y Río Negro el déficit de nieve superó el 60 %.
La sequía también dejó su huella en números grandes: en enero, unas 114 millones de hectáreas estuvieron afectadas por la ausencia de lluvias. Aunque la situación mejoró en buena parte del país hacia el otoño, la Patagonia acumuló hasta 40 meses consecutivos de déficit hídrico, una anomalía de larga duración que afectó a unos 30 millones de hectáreas.
La economía y los ecosistemas sintieron el impacto. En el noreste del país, la combinación de falta de agua y calor extremo obligó a postergar la siembra de cultivos clave como el maíz y generó un fuerte estrés en el ganado, lo que afectó directamente la producción.
La Antártida, que funciona como regulador térmico de nuestra región, mostró una extensión de hielo marino muy por debajo de lo normal. Este retroceso del hielo antártico es una señal de alerta para el Cono Sur: sin ese "refrigerador" natural funcionando a pleno, los patrones de viento y humedad que llegan a nuestro territorio se alteran, favoreciendo eventos más extremos de temperaturas o de ausencia de lluvias.

El mapa de las llamas
La combinación de altas temperaturas y falta de humedad preparó el terreno para una actividad ígnea intensa. Los registros de focos de calor -un indicador clave para detectar incendios- mostraron picos alarmantes. El 27 de agosto fue el día más crítico del año, cuando se contabilizaron 2.284 focos de calor en una sola jornada.
En el balance por provincias, los números fueron contundentes:
- Santa Fe lideró el ranking nacional: acumuló 30.962 focos, con un pico devastador durante el mes de agosto.
- El Litoral y el Norte: Corrientes, Santiago del Estero, Chaco y Formosa superaron, cada una, los 10.000 registros.
- Impacto en Córdoba: en octubre, los incendios al sur de Sierra Grande afectaron aproximadamente 6.000 hectáreas.
Incluso el inicio del año fue complejo para los bosques andino-patagónicos. En enero, Río Negro alcanzó su pico con 1.607 focos, asociados a los incendios que afectaron el centro-oeste de Bariloche. Estos datos exponen que, entre el cambio en los regímenes de lluvia y el aumento de la temperatura, el riesgo de incendios se convirtió en un desafío que ya no conoce de estaciones fijas.

El aire del fin del mundo ya no es tan puro como creíamos
El reporte también indicó que la estación de Ushuaia registró un aumento sostenido en los niveles de dióxido de carbono, metano, óxido nitroso y ozono superficial. Estos gases, protagonistas centrales del efecto invernadero, mantuvieron su tendencia alcista incluso en el aire más austral del continente. 
Mientras tanto, en la Base Marambio, el monitoreo detectó concentraciones atípicamente elevadas de carbono negro. La aparición de este "hollín" en el corazón de la Antártida sugirió eventos episódicos de contaminación que lograron viajar largas distancias, demostrando que ni siquiera el continente blanco quedó a salvo de las partículas que generamos a miles de kilómetros de distancia.

Argentina en un mundo que se calienta
El informe del SMN concluyó que lo ocurrido en nuestro territorio guarda una estrecha relación con lo que pasa en el resto del planeta. A nivel global, 2025 se perfila para ser el segundo o tercer año más cálido de la historia.
El aumento de los gases de efecto invernadero y el calentamiento de los océanos siguen empujando los límites del sistema climático. En Argentina, este escenario se traduce en una mayor frecuencia de eventos extremos que desafían nuestra capacidad de adaptación y la planificación de nuestras actividades productivas. 
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El mapa de las zonas 'letales' ante olas de calor

 


Revelan cómo las olas de calor aumentan las muertes en Argentina: el mapa de las zonas «letales»

Fecha de Publicación
: 03/01/2026
Fuente: Portal NoticiasAmbientales
Provincia/Región: Nacional


Científicos argentinos crearon el primer mapa que muestra cómo las olas de calor incrementan la mortalidad por episodios cardíacos en Argentina. 
En particular, el estudio identificó una franja diagonal que cruza el país donde el riesgo cardíaco se dispara durante episodios de calor extremo.
El estudio fue realizado por un equipo conformado por especialistas del Conicet, la CONAE y la Universidad Nacional de Córdoba.
Estos desarrollaron mapas inéditos que revelan dónde las olas de calor en Argentina elevan peligrosamente el riesgo de muerte por enfermedades del corazón.
El trabajo, publicado en The Journal of Climate Change and Health, demostró que el riesgo no se distribuye de forma uniforme en el territorio nacional.
La investigación estuvo a cargo de Juan Pinotti, Ximena Porcasi, Sonia Pou, Camila Niclis, María Inés Stimolo, Laura Aballay, Rubén Actis Danna y Sonia Muñoz.
Estos especialistas trabajan en el Instituto de Altos Estudios Espaciales «Mario Gulich» de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), el Instituto de Investigaciones en Ciencias de la Salud del Conicet y la Universidad Nacional de Córdoba.

Olas de calor: una «diagonal mortal» atraviesa Argentina
En su análisis, los científicos identificaron una zona diagonal de alto riesgo que se extiende desde el sudoeste hasta el noreste de Argentina.
En esta franja, las olas de calor provocan un aumento significativo en la mortalidad por enfermedades cardiovasculares, como los infartos.
«Una amplia zona diagonal, que se extiende desde el sudoeste hacia el noreste de Argentina, presenta mayores riesgos de mortalidad debido a una combinación de vulnerabilidades y olas de calor, mientras que las áreas costeras y de gran altitud exhiben riesgos menores», detallaron los investigadores en este sentido.
Las provincias incluidas en esa franja de alto riesgo son:
- Córdoba (especialmente centro y norte)
- Santa Fe (centro-norte)
- Entre Ríos
- Santiago del Estero
- Chaco
- Formosa
- Corrientes
- Misiones
- Norte de Buenos Aires
- Norte de La Pampa
- Este de Salta
También se identificaron focos en el sudoeste de Mendoza y oeste de La Pampa.
En contraste, las regiones costeras, el Noroeste (Jujuy, parte de Salta, Catamarca) y las áreas de altura presentaron niveles de riesgo bajos.

La metodología: clima, sociedad y salud
Para definir qué son las olas de calor, los científicos usaron el criterio del Servicio Meteorológico Nacional de Argentina.
Así, estas ocurren cuando las temperaturas mínimas y máximas superan el percentil 90 durante al menos tres días seguidos en la temporada cálida.
En particular, el análisis de los científicos nacionales se concentró en los años 2006 a 2010 y utilizó información oficial del Sistema Nacional de Estadísticas, datos climáticos y mediciones satelitales.
Tras ello, la vulnerabilidad al calor se midió en cuatro aspectos:
- social;
- ambiental;
- enfermedades crónicas, y;
- hábitos de vida
También se tuvieron en cuenta otros aspectos personales como:
- necesidades básicas insatisfechas;
- educación;
- acceso a la salud;
- diabetes;
- hipertensión;
- obesidad;
- consumo de alcohol;
- poca actividad física, y;
- tabaquismo.
Es que, tal como señalaron los especialistas, el problema del impacto de las olas de calor en Argentina no solo depende de las temperaturas altas.
En realidad, también importa cómo viven las personas, si tienen acceso a servicios de salud, el nivel educativo y las condiciones ambientales.
Considerando esto, el modelo estadístico permitió ver en qué lugares la mezcla de calor y vulnerabilidad social eleva el peligro.

Zonas críticas en olas de calor en Argentina y recomendaciones
En olas de calor, el centro-norte de la Argentina resultó ser la zona crítica.
El Noreste, por su parte, suma una alta vulnerabilidad social, con carencias básicas y poco acceso a la salud.
En cuanto al sudoeste, este se destaca por problemas en la cobertura de salud y la educación primaria.
En el análisis, los especialistas consideraron un promedio de siete olas de calor entre 2006 y 2010.
Sin embargo, algunos departamentos llegaron hasta catorce episodios, por lo que se los considera los más peligrosos de la Argentina durante olas de calor.
Tras presentar el estudio, los investigadores recomendaron que las autoridades usen estos mapas para decidir dónde actuar primero.
Es que, mientras en el noreste hace falta un plan de desarrollo integral, en el sudoeste convendría mejorar la salud y la educación.
Esto es especialmente relevante si se considera que las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en Argentina y las que más se agravan con las olas de calor.
Por ello, actualizar periódicamente estos mapas será clave para mejorar la prevención y la respuesta sanitaria ante las olas de calor en Argentina.
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Blog del Foro Ambiental Córdoba

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