Erosión, sudestadas y crisis costera en playas argentinas

 


Cambió climático: qué pasa con las playas argentinas

Fecha de Publicación
:24/02/2026
Fuente: Diario El Argentino
Provincia/Región: Nacional


En buena parte de la costa atlántica bonaerense, la erosión dejó de ser una advertencia técnica para convertirse en experiencia diaria. Donde antes había extensas franjas de arena, hoy el mar llega hasta el borde de los balnearios, las carpas quedan a merced del oleaje y el espacio público se achica sin disimulo.
Las sudestadas más frecuentes y las pleamares altas de los últimos meses profundizaron un cuadro ya frágil. El 3 de enero fue una postal elocuente: varias localidades se quedaron sin playa y en sectores muy concurridos —como Playa Grande, en Mar del Plata— el mar avanzó hasta donde empieza la infraestructura turística.
“El nivel del mar sube, aumentaron las sudestadas y las playas están mal alimentadas”, sintetizó el geólogo Federico Iñaki Isla, investigador del CONICET. Para el especialista, el escenario actual deja al desnudo una vulnerabilidad estructural del litoral bonaerense.

Un sistema alterado
Isla explica que el problema tiene dos dimensiones. Por un lado, el retroceso de la línea de costa, que erosiona acantilados y dunas y compromete tanto bienes públicos como propiedades privadas. Por otro, la pérdida sostenida de arena, con impacto directo en el turismo y el uso social de las playas.
Los datos son contundentes. Entre Mar del Plata y Pehuencó, la costa retrocede en promedio medio metro por año. En la barrera oriental, que incluye Villa Gesell, Pinamar y el Partido de la Costa la situación es aún más crítica: en sectores urbanos se pierden entre uno y dos metros de playa por año, y en décadas anteriores hubo zonas con retrocesos de hasta cinco metros anuales.
Aunque el cambio climático acelera el ascenso del nivel del mar, los especialistas coinciden en que no alcanza para explicar semejante deterioro. La costa bonaerense funciona como un sistema dinámico de transporte de sedimentos: la arena se mueve de sur a norte impulsada por la Corriente de Deriva Litoral. Ese mecanismo permite que, tras una sudestada, la arena retirada sea repuesta desde otros sectores.
El problema aparece cuando ese flujo se interrumpe. Espigones, escolleras y rompeolas construidos sin planificación regional funcionan como trampas de arena: acumulan sedimentos en un punto y dejan sin aporte a las playas vecinas. El resultado es un balance negativo que, con el tiempo, vuelve insuficientes incluso los rellenos artificiales.
Uno de los ejemplos más citados es el de Santa Clara del Mar. Allí se construyeron siete espigones hace más de 40 años, pero ninguno en Camet Norte. El espigón terminal retuvo arena en Santa Clara y dejó sin provisión natural a las playas vecinas.
Hoy, Camet Norte enfrenta derrumbes de acantilados que ponen en riesgo viviendas. La escena se repite en Mar del Tuyú, Santa Teresita y Bahía de los Vientos: la erosión ya no es una amenaza futura, sino un problema instalado.

La contaminación por el boom inmobiliario
A esto se suman prácticas históricas hoy cuestionadas, como la extracción de arena de zonas altas para depositarla en sectores intermareales, facilitando que el mar se la lleve en cada sudestada. Aunque muchos concesionarios dicen haberlas abandonado, especialistas advierten que todavía persisten en algunos puntos. La contaminación y la acumulación de residuos completan un escenario que vuelve inútil cualquier defensa aislada.

Arena hay, pero no alcanza
La paradoja es evidente: reservas de arena existen. En Punta Médanos y Punta Rasa, en el Partido de la Costa; al norte del Faro Querandí, en Villa Gesell; y en Mar del Plata, en la base de la Escollera Sur. Sin embargo, el aporte de sedimentos por sí solo no resuelve el problema.
“Por más que se agreguen toneladas, el mar se la va a llevar si hay obras que impidan su distribución natural”, explicó el geólogo Andrés Folguera, investigador del CONICET y la UBA. También cuestionó la falta de estudios integrales y la proliferación de intervenciones costeras sin un plan ambiental coordinado.
En Camet Norte, además, la presencia de un yacimiento paleontológico único,con restos de miles de años que conservan colágeno y permiten estudios genéticos, derivó en un amparo judicial que frena obras de defensa costera mientras la erosión sigue avanzando.

Qué se puede hacer
Lejos de un escenario sin salida, los especialistas sostienen que existen alternativas técnicas viables: espigones más cortos y escalonados o rompeolas desvinculados, más costosos pero eficaces para reducir la erosión sin dañar áreas sensibles. Algunas de estas soluciones ya se aplicaron en el partido de General Pueyrredón y se están ejecutando en Las Toninas.
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