Río Paraná: la pesca ilegal amenaza con extinguir su fauna

 


Sobre pescas y faunas

Fecha de Publicación
: 18/06/2026
Fuente: Página 12
Provincia/Región: Chaco - Corrientes


Este domingo en el chaqueño Diario Norte se publicó un impactante artículo acerca de la pesca ilegal, los daños que causa y la reiteración descontrolada de la pesca clandestina. Firmado por un reconocido jurista chaqueño –el Dr. Ricardo A. González Zund– el texto se refiere específicamente al río Paraná y merece urgentes consideraciones y divulgación.
Y es que la pesca ilegal en las provincias de Chaco y Corrientes reconoce infinitos y lejanos antecedentes, más allá de la negación reiterada que ha dañado gravemente la vida y el hábitat de innumerables especies, muchas de ellas en peligro de extinción.
La gravedad de la situación es tal que hoy es de público conocimiento que en casi toda la cuenca del Paraná, hace bastante más de 20 años y casi en soledad, pescadores conscientes y entidades intermedias, amantes del Río y respetados ambientalistas vienen luchando contra la piratería que implica la pesca feroz y en defensa de la riquísima fauna ictícola del Padre Río, hoy en gravísimo peligro. Y es que desde por lo menos 2006 se procura asegurar la protección de la fauna íctica en el Padre Río.
Según González Zund “ese año obtuvimos fallo favorable contra la Provincia del Chaco, en autos “Club Yapú Guazú c/ Pcia. del Chaco s/amparo 2370/06″, fallo que fue ampliamente reproducido en el diario NORTE, que es el de mayor distribución regional.
Así en aquella ocasión se ordenó a la Provincia disponer con urgencia algunas medidas como ordenar a la Subsecretaria de Recursos Naturales la “presentación de un plan de manejo sustentable, prevención, recomposición y conservación de la fauna íctica”, Asimismo, disponer los “mecanismos necesarios para reglamentar la ley de pesca N 5268”, poner en funcionamiento un registro de estadísticas pesqueras y arbitrar los medios para implementar programas de educación ambiental en establecimientos educacionales. Y también disponer que la dirección de Fauna, Parques y Ecología del Chaco arbitrar los medios necesarios para la fiscalización y control de las medidas mínimas de peces, así como el cupo máximo por pescador conforme al art. 38 de la Constitución de la Provincia.
Lo notable y paradójico fue que esa condena –firme hasta hace más de una década– en palabras de González Zund hoy está prácticamente incumplida en su totalidad. Y tanto así que de hecho y como consecuencia de las últimas bajantes del Paraná “promovimos otro amparo para frenar la depredación”.
Además hubo otro fallo que fue apelado por la Provincia y resuelto con el concurso de ciudadanos respetables –Diego Derewicki y Fernando Heñin– con fundamentos fácticos y jurídicos incuestionables, quienes rechazaron el recurso de apelación interpuesto por la Provincia.
Fue así como se autorizó la pesca comercial, aunque sólo para tres días por semana. Esta reglamentación la dictó el Poder Ejecutivo provincial autorizando la pesca solo los días martes, miércoles y jueves, quedando dispuesto que “los demás días se pesca de manera ilegal y antirreglamentaria”.
Claro que en la realidad no existe ningún tipo de control en el río y es un hecho que los pescadores comerciales no utilizan “precintos”, que es la forma de controlar cuántos ejemplares pueden pescarse por año.
Además de todo eso, es costumbre tirar los “mallones” (que es como se llama popularmente a las redes o mallas de pesca), incluso de noche y sin controles de ninguna naturaleza. Y práctica que, como si fuera poco, se hace abiertamente todos los días de la semana, violando reglamentaciones y el mencionado Decreto.
De este modo, con solo concurrir cualquier día al puente General Belgrano-–sostiene González Zund– se pueden observar numerosas canoas tirando mallones, como si nada. Y peor aún, sostiene otro informante, “las denuncias telefónicas no son respondidas, y si lo hacen, dicen que no tienen medios económicos para llegar hasta las canoas, que depredan como se les da la gana”.
Así las cosas –continúa el informe de González Zund– un pescador denominado “artesanal” o “comercial” puede –y de hecho lo hace–, sacar todos los peces que desee, sin respetar cantidades, medidas ni especies prohibidas, como el dorado y otros. Y esto todos los días de la semana, pese a la prohibición legal.
Como consecuencia de todo esto, la fauna íctica del Paraná está próxima a agotarse. Los resultados de la última Fiesta Nacional del Dorado en Paso de la Patria (Corrientes) evidenciaron el agotamiento del recurso pesquero. Salieron 270 lanchas, que en una sola jornada pescaron 30 dorados mientras en la pesca Internacional del Surubí, en Goya, Corrientes, salieron 1.460 lanchas y capturaron 116 surubíes.
En la Pesca del Dorado de 1999 –última que se hizo con 4 capturas autorizadas por embarcación– “salimos una cantidad cercana a 140 lanchas, y se pescaron más de 100 ejemplares, todos de buen porte. Años después, en 2007 y para la Pesca del Dorado en Paso de la Patria, salieron 194 lanchas y se pescaron 60 dorados.
González Zund sostiene que está “palmariamente demostrado cómo se ha agotado el recurso pesquero; que los controles no son efectivos, y que las medidas dispuestas en la última década no sirvieron para preservar el recurso. Y aunque se diga que sí se ejercen controles y que el recurso es sustentable, la realidad supera a la ficción. En el río no existe control ni de día ni de noche, que es cuando se tiran más mallones”.
Y añade: “Duele, pero es la realidad: han colado el río Paraná, y lo siguen haciendo, estamos cerca de vivir la misma realidad que se vive hoy en el río Paraguay, donde la fauna íctica fue exterminada por este tipo de prácticas, mallones y espineles.
Y remata: “Recientemente asistimos a algo lamentable y vergonzoso: el gobierno fue informado de un gran cardumen de surubíes en la zona de Confluencia. Los cables, en el Paraná, dictaron la “veda extraordinaria”, y casi inmediatamente un “piquete” náutico que realizaron pescadores malloneros, levantó la veda y después las autoridades sostuvieron “que el cardumen se había disipado”. Claro que no era cierto: la realidad la sabemos todos: el cardumen fue capturado por pescadores comerciales y deportivos. El daño ambiental no importó y el exterminio masivo de especies ícticas, tampoco.
González Zund parece desesperar cuando añade: “Podríamos contarle a los funcionarios públicos que dirigen los recursos atrás de un escritorio, sin conocer la realidad del río cómo llegan a la costa lanchas y canoas con más de 10 surubíes cada una y cómo los descargan y continúan la masacre. Hay fotos y videos en las redes, y es más: los mismos malloneros las publican, haciendo gala de la cantidad de peces que matan.
En definitiva, no solo no hay control de la fauna íctica, ni del régimen de precintos obligatorios para controlar la cantidad que se extrae, sino que tampoco se respeta la normativa legal para pescar comercialmente. Por lo que cabe reconocer que algunos han dado un paso atrás; cediendo a la presión de depredadores que sólo quieren ganar dinero y exterminar lo poco que queda en el río, so pretexto de ser su fuente de trabajo. El deficiente nivel educativo de estas personas les impide reconocer que a este paso, y en un par de años, no podrán sacar más pescados porque habrán ejecutado a todas las madres.
La pregunta para cuando llegue ese momento es: “¿qué harán?” ¿No sería más fácil y razonable buscar otra actividad laboral ahora, y ayudar a que el río se repueble y se reproduzcan las especies? Se trata de buscar soluciones, antes que sea muy tarde. Sacar todo el pescado para venderlo a frigoríficos de pescados, no tiene sentido. Que lo compren a los criaderos si desean continuar en ese negocio; pero no a costa de agotar el recurso.
Ya no queda tiempo para caminar a media agua –concluye González Zund–. La pesca comercial debe ser erradicada definitivamente del Río Paraná.
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