Cambio climático, señales en Argentina en medio del negacionismo
Cambio climático en la Argentina: lo que ya está pasando mientras crece el negacionismo global
Fecha de Publicación: 05/01/2026
Fuente: Clarín
Provincia/Región: Nacional
El 9 de marzo de 2017, la ciudad de Comodoro Rivadavia, en Chubut, amaneció bajo lo que parecía ser una tormenta otoñal sin mayores complicaciones. Pero, con el correr de las horas, la caída de agua aumentó y lo que se anunciaba como un episodio menor se transformó en un temporal de magnitudes trágicas.
Tras once días de lluvia continua, la ciudad quedó conmocionada por un evento climático extremo para el cual no estaba preparada: una persona fallecida y más de 8.000 evacuados. Un fenómeno inusual e inesperado, pero difícilmente impredecible.
La estepa patagónica -un paisaje que en el imaginario colectivo asociamos a la sequedad- puede transformarse de manera abrupta ante eventos como este, cada vez más frecuentes en la Argentina y en todo el mundo.
Lo que ocurrió en 2017 fue la manifestación local de una tendencia global y el gran protagonista es el cambio climático antrópico, un fenómeno que genera preocupación y polémicas por igual.
Al calor de las masas
El cambio climático es un hecho. Ha ocurrido a lo largo de la historia de la Tierra y es esperable que siga ocurriendo. Sin embargo, estos cambios suelen desarrollarse en escalas de tiempo geológico, es decir, a lo largo de millones de años.
Si bien es cierto que en otros períodos la Tierra experimentó temperaturas más altas, la velocidad con la que actualmente se incrementan año tras año no tiene precedentes.
El fenómeno es preocupante. Incluso en contextos democráticos en la Argentina, algunas instituciones gubernamentales prohíben hablar públicamente sobre el cambio climático.
Los estudios científicos son contundentes: el origen de este fenómeno está estrechamente vinculado a la Revolución Industrial. Por ello, las principales medidas para mitigarlo giran en torno a la regulación de los modos de producción y el consumo desmedido.
Sin embargo, estas regulaciones afectan directamente los intereses de los países con mayor producción industrial, lo que ha dado lugar a un movimiento negacionista del cambio climático.
Este fenómeno ha alcanzado niveles preocupantes, incluso en contextos democráticos: en la Argentina, numerosos científicos de organismos estatales se negaron a responder preguntas para esta nota, ya que algunas instituciones gubernamentales prohíben hablar públicamente sobre el cambio climático y censuran cualquier mención al respecto. Otros, en cambio, no pueden negar las evidencias científicas.
“El cambio climático es una cuestión temporal. Un año de mucho calor no es indicio necesariamente del cambio climático, como un par de años estables tampoco es evidencia para negarlo -dice el paleoclimatólogo Rodrigo S. Martín, docente de la Universidad de Buenos Aires-. No es fácil de ver. Cuando hablamos de cambio climático estamos hablando de cambios que se pueden ver promediando 30 años”.
Aunque la paleontología suele asociarse al pasado remoto, la tesis de licenciatura de Martín abarca los últimos 500 años en lagunas, y su doctorado, los últimos 1.800 años de historia natural en el talud continental, ahí donde el stream del Conicet marcó un hito.
En su libro Brujas, pestes y cambio climático -coescrito con Daniel Loprete y Josefina Ramón Mercau, y editado por la Asociación Paleontológica Argentina-, analiza las fluctuaciones climáticas de los últimos dos milenios.
“Hasta aproximadamente 1850 se sucedieron ciclos que alternaban períodos cálidos y fríos. Sin embargo, a partir de esa fecha, la duración de estos intervalos dejó de ser regular, ya no duraban lo mismo, por lo que ya no podemos hablar propiamente de ciclos. Luego ocurrieron eventos como el salto térmico de los años ‘60, que encendió una alarma. Ahí se hace evidente que la ruptura del ciclo coincide con la actividad humana”, destaca Martín, y agrega que el sistema es muy complejo de analizar y que los efectos pueden ser variados.
“Hay lugares que se están enfriando, otros que se están secando y otros que se están volviendo más húmedos –continúa–. Existen interacciones que pueden enmascarar un proceso de calentamiento, y no todos los fenómenos pueden atribuirse al ser humano.”
La clave para entender estos saltos y alternancias parece estar en los modelos estadísticos. “Vos podés ir a una laguna, tomar muestras del fondo y buscar en los sedimentos microfósiles y analizar cómo cambiaron las especies que habitaban esa laguna en los últimos siglos. Eso te da información sobre los cambios en las lluvias y la temperatura.” Toda esa información alimenta modelos climáticos que pueden utilizarse para identificar tendencias y predecir patrones a futuro.
“Los modelos se actualizan constantemente, y hoy ya permiten predecir eventos extremos, como el aumento de tornados, sequías e inundaciones.”
En el norte de los Andes Patagónicos las precipitaciones continuarán disminuyendo, lo que traerá una menor cantidad de agua disponible.
Los modelos estadísticos mejoran día a día, sin embargo, “en muchos casos existe una limitación computacional. Los modelos y las variables son tan complejos que a veces no logran ser del todo precisos”, explica y añade un dato crucial: “En realidad, se habla de calentamiento climático antrópico, pero debería llamarse calentamiento climático capitalista. Estos cambios están estrechamente ligados a la sociedad de consumo”.
Sir Robert Watson, ex presidente del IPCC (Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático), parece coincidir: “No es solo un tema ambiental, es un tema económico”, declaró en una entrevista. De ahí que el negacionismo por parte de las grandes potencias sea prácticamente una condena para el planeta, y que el crecimiento económico sin regulación se convierta en una sentencia irrevocable para la diversidad y la vida humana.
El sur local
“La calidad del agua está íntimamente relacionada con la cantidad de agua disponible en los ríos. La capacidad de mantener agua de buena calidad en los ríos depende, en gran parte, de cuánta agua traiga el cauce principal”, explica Natalia Pessacg, licenciada y doctora en Ciencias de la Atmósfera.
“En las últimas décadas, la Patagonia registra un aumento de la temperatura y una disminución de las precipitaciones en el norte de los Andes Patagónicos. Esto ha generado una reducción del caudal en los ríos de la zona, particularmente en el Río Chubut”, comenta.
“Por otro lado, el aumento de precipitaciones extremas en distintas localidades generan inundaciones, crecidas y problemas de sedimentación que afectan a la potabilización del agua, como quedó en evidencia en el dramático evento de abril de 2017”, detalla la investigadora, que forma parte del Laboratorio EcoFluvial del Instituto Patagónico para el Estudio de los Ecosistemas Continentales.
Respecto del futuro, los modelos indican que “los cambios en las precipitaciones y la temperatura continuarán y se intensificarán al igual que los eventos extremos. En Patagonia, la temperatura media aumentará, alcanzando incrementos entre 1.4 a 2.4°C hacia fines de siglo”, según afirma la investigadora.
“En el norte de los Andes Patagónicos las precipitaciones continuarán disminuyendo, lo que traerá una menor cantidad de agua disponible. Como el río es un hilo conductor, esta disminución va a repercutir en la disponibilidad de agua del resto de la cuenca”, concluye. Los científicos siguen día a día un fenómeno que parece no ser escuchado.
La migración del clima
El norte del país, asociado a paisajes áridos, también está cambiando. “En el último tiempo estamos teniendo fenómenos extremos. En enero de 2018 tuvimos una lluvia de 208 milímetros en 24 horas. En Resistencia eso no pasaba hace más de 30 años. Luego de eso vinieron 3 años de sequía”, dice Andrés Durán, especialista en pronóstico aeronáutico que también se desempeñó como presentador del tiempo en Canal 9 de Resistencia, Chaco.
“Lo que se viene observando en los últimos años es una mayor variabilidad en las precipitaciones, tanto por exceso como déficit. Eso hace que la previsibilidad de las precipitaciones sea un problema”, continúa el especialista.
El impacto social de esta variabilidad climática dio origen a un fenómeno global bastante preocupante: los migrantes climáticos.
“Por ejemplo, las comunidades agrícolas y ganaderas no pueden prever lo que va a suceder con sus cosechas o con su ganado. Y eso genera problemas económicos.”
El impacto social de esta variabilidad climática dio origen a un fenómeno global bastante preocupante: los migrantes climáticos.
“Es un gran problema que está sucediendo en todo el mundo y localmente lo vemos en las comunidades del interior, sobre todo en el oeste de la provincia del Chaco. Allí, tienen que moverse a otras ciudades por los problemas que genera el calentamiento global. Y es algo que el Panel Intergubernamental ya había anticipado hace algunos años.”
Durán menciona nuevamente los pronósticos de los especialistas y sus alertas, que, irónicamente, cuando más se hacen evidentes, menos son tenidas en cuenta.
A gran escala
Cuando la activista Greta Thunberg irrumpió en la escena pública con un mensaje a favor del ambiente, tenía solo 15 años. Generó simpatía, condescendencia y algunas críticas amigables. Con su madurez, también maduró su análisis de la situación: el principal problema eran los medios de consumo y producción. El personaje simpático se convirtió en enemigo público. Sus apariciones empezaron a ser incómodas, lo que la llevó a ser detenida varias veces cuando sus palabras afectaban a algunos intereses poderosos.
“No es solo un tema ambiental, es un tema económico”, dicen los expertos. Y la evidencia parece ser tan abrumadora que la única forma de acallarla es prohibiéndola.
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