Que puede provocar la mala calidad del aire porteño

 


Contaminación aérea en la Argentina: cuáles son las consecuencias de respirar en Buenos Aires

Fecha de Publicación
: 25/05/2022
Fuente: InfoBae
Provincia/Región: CABA


Por primera vez se realizó un estudio para analizar las secuelas que puede provocar la mala calidad del aire porteño. En diálogo con Infobae, los investigadores dieron detalles sobre los resultados
15 mil personas. Ese es el número estimado de muertes anuales de argentinos debido a enfermedades provocadas por la mala calidad del aire. Según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la contaminación del aire provoca 4,2 millones de defunciones anuales en todo el mundo debido a accidentes cerebrovasculares, cardiopatías coronarias, cáncer de pulmón, enfermedades respiratorias agudas y crónicas; siendo que el “91% de la población mundial vive en lugares en los que los niveles de contaminación del aire exceden los límites establecidos” por el ente internacional.
Sin embargo, en varias naciones se desconoce exactamente cuáles son los alcances de estas patologías vinculadas o cuáles son los niveles de contaminación. La Argentina es una de ellas. Por este motivo, un grupo de investigadores de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires (UBA), junto a colaboradores del departamento de Inmunología de dicha casa de altos estudios, miembros del Departamento de Patología de la Facultad de Medicina, investigadores del CONICET y expertos de la Universitätsklinikum Freiburg (Alemania) pusieron el foco en la Ciudad de Buenos Aires.
“Mostramos en un modelo biológicamente relevante y representativo a través del cual pudimos conocer cómo estar expuesto al ambiente urbano, especialmente al ambiente de la Ciudad de Buenos Aires, produce o agrava estas enfermedades cardiovasculares”, explicó Timoteo Marchini, autor principal del trabajo que se publicó en la revista Environmental Pollution.
En ese sentido, el además profesor de Química en la Universidad de Buenos Aires, e investigador del CONICET y de la Universitätsklinikum Freiburg (Alemania), aseguró: “Los únicos datos que hay acerca de las tasas de mortalidad de el aire contaminado en Argentina son estimaciones de la Organización Mundial de la Salud, que dice que aproximadamente unas 15.000 personas por año mueren producto de las complicaciones que genera respirar aire contaminado. Puesto en contexto, las estadísticas del Ministerio de Salud señalaban, antes de la pandemia, que todas las enfermedades infecciosas juntas reúnen esa misma cantidad”.
“En nuestro estudio, los resultados son relevantes para poder explicar los efectos de los contaminantes ambientales sobre la salud humana, ya que fueron evaluados los sistemas respiratorio, circulatorio y el cardíaco en ratones, que son similares a los humanos. Es importante evaluar los mecanismos orgánicos frente a la contaminación aérea en sistemas completos, por eso la elección de un modelo animal que nos permite analizar en una forma completa y cercana, y nos permite identificar los principales targets de los efectos tóxicos de los contaminantes ambientales”, explicó a Infobae la profesora e investigadora Natalia Magnani, coautora del estudio.
En tanto, el profesor e investigador Pablo Evelson, también coautor del estudio, señaló: “Si bien los resultados se limitan al aire urbano de la Ciudad de Buenos Aires se ha observado que la presencia de las partículas en el pulmón dispara mecanismos similares, independientemente de la composición de las partículas, siendo que en esta urbe las partículas provienen, principalmente, de la combustión de los combustibles fósiles que usa el sistema de transporte público”.

Por qué es importante analizar la contaminación del aire
9 de cada 10 personas en el mundo respiran aire de mala calidad, según la OMS. Algunas estimaciones señalan que unas 10,2 millones de personas mueren anualmente como consecuencia de la contaminación ambiental. En tanto, en las Américas, la mala calidad del aire provoca unas 300 mil muertes al año. Con estos datos, resulta más que necesario tomar en cuenta qué respiramos cuando respiramos.
“Dentro de los contaminantes presentes en el aire, hay uno en especial que se llama material particulado o partículas finas de contaminación ambiental, cuya abreviatura es PM2.5, las cuales tienen la capacidad de ser lo suficientemente pequeñas para penetrar bien profundo en el árbol respiratorio y llegar hasta los alveolos pulmonares, donde unas células que se llaman macrófagos alveolares las fagocitan, se las comen, y provocan una reacción inflamatoria medio descontrolada y exacerbada y sostenida en el tiempo”, señaló el investigador del CONICET y de la Universitätsklinikum Freiburg (Alemania).
Las PM son generadas principalmente por la combustión de combustibles en diferentes sectores, como el transporte, la energía, los hogares, la industria y la agricultura y “como son partículas completamente artificiales, el cuerpo no ha evolucionado lo suficiente como para responder adecuadamente a este cuerpo extraño. Entonces tiene esta respuesta exacerbada que genera o agrava el curso de una enfermedad”, dijo Marchini.
En ese tono, el científico señaló que “el estudio se basa en tratar de entender los mecanismos a través de los cuales la contaminación del aire produce un efecto adverso sobre la salud, principalmente en las patologías cardiovasculares. Es un problema de salud pública a nivel mundial que tiene un muy alto impacto, pero que, por lo general, está medio desatendido”. Además, aseguró que, según estudios epidemiológicos realizados en distintos lugares del planeta, “se estima que mueren aproximadamente unas 9 millones de personas por año de forma prematura, producto de los efectos de estar expuestos a contaminantes del aire”.
Según la OMS, las consecuencias “en los niños podrían suponer una reducción del crecimiento y la función pulmonares, infecciones respiratorias y agravamiento del asma”, mientras que en los adultos, además de las patologías cardiovasculares, “también están apareciendo pruebas de otros efectos como diabetes y enfermedades neurodegenerativas”, con lo cual la carga de “morbilidad atribuible a la contaminación del aire en el mismo nivel que otros importantes riesgos para la salud a nivel mundial, como la dieta malsana y el tabaquismo”.
“Las muertes ocurren por enfermedades cardiovasculares, como el accidente cerebrovascular y el infarto agudo de miocardio, a pesar de que nosotros respiramos aire contaminado y el pulmón es el principal órgano en contacto con esas toxinas”, aseguró el investigador. Al tiempo que, al advertir las razones de su enfoque local, explicó: “Quisimos entender cómo funciona este efecto adverso porque queremos comprender un problema grave de salud pública mundial, pero también proporcionar datos a nivel local, porque hay muy poca información o muy limitada y no se puede medir el verdadero impacto sobre la salud al respirar aire contaminado de un ambiente urbano, como es la Ciudad de Buenos Aires”.
Por su parte, Magnani agregó: “Una de las características que vuelve tan importante el estudio de los efectos adversos sobre la salud de los contaminantes ambientales es que no se conocen límites por debajo de los cuales estos tóxicos no generan un daño y todos estamos expuestos en el día a día. Entonces, es sumamente importante conocer estos mecanismos, ya que nos va a permitir diseñar nuevas estrategias terapéuticas que permitan mitigarlos. Incluso, tener amplio conocimiento sobre esto nos permite originar, informar y concientizar sobre la importancia de disminuir las emisiones de los contaminantes”.

Sobre qué se trató el primer estudio nacional sobre consecuencias de la contaminación aérea
“Casi toda la población mundial (99%) respira un aire que supera los límites de calidad recomendados”, dijo la OMS y advirtió que “las personas que viven en los países de ingresos bajos y medianos son quienes sufren las exposiciones más altas”. “Desde hace más de 10 años que estamos trabajando en intentar entender los mecanismos a través de los cuales la contaminación del aire en ambientes urbanos genera un efecto adverso sobre la salud”, explicó Marchini.
Para conocer cuál era la situación, los investigadores definieron realizar un denominado modelo animal. Para realizar investigaciones biomédicas se utiliza una especie no humana que puede replicar algunos aspectos de un proceso biológico o de una enfermedad presentes en los seres humanos. Para tal fin, los científicos optan por animales que presentan una anatomía, fisiología o respuesta a un patógeno lo suficientemente similar a la de los seres humanos y así pueden extrapolar los resultados.
La elección de los argentinos fueron ratones. “Los modelos animales son ampliamente utilizados en estudios biológicos. En nuestro estudio, en particular, los resultados resultan relevantes para poder explicar los efectos de los contaminantes ambientales sobre la salud humana, ya que los sistemas evaluados tanto el respiratorio como el circulatorio o el cardíaco, son similares en ratones y en humanos”, explicó Magnani. Tras dar con el modelo que representaría las secuelas en los humanos, los científicos expusieron durante tres meses a estos roedores al aire presente en la Ciudad de Buenos Aires, más específicamente al que respiran todos aquellos que transitan la calle Uriburu casi esquina Paraguay, a metros de la Facultad de Medicina de la UBA.
“Generamos un ambiente en el cual pudimos colocar esos ratones dentro de unas cámaras especialmente diseñadas para este tipo de experimentos, las cuales están dentro de un bioterio, que son los lugares donde se cuidan estos ratones, que contaron con una conexión hacia el exterior. Mediante un sistema de extractores y de tuberías, dirigimos ese aire de la calle hacia adentro de las cámaras y los ratones respiraron ese aire. En paralelo, se dispuso una segunda cámara con otro grupo de ratones que recibieron ese aire filtrado, con lo cual fueron un grupo de control. Lo ventajoso de este sistema y modelo animal es que los ratones tienen una vida relativamente normal dentro del bioterio, son cuidados, respiran y están expuestos continuamente a este ambiente contaminado, pero no hay ninguna intervención adicional”, señaló Marchini.
Tras unos 90 días, a los ratones se los indujo a una intervención quirúrgico que que simula un infarto de miocardio. Para tal fin, los científicos les ocluyeron la arteria coronaria, que irriga al corazón, por unos 30 minutos y luego se la libera. Este modelo, según explicaron, simula un infarto. El objetivo de esta acción era conocer cuáles eran las reacciones del organismo de estos dos grupos de roedores cuando sufren un episodio cardíaco. Los resultados fueron concluyentes. “Los ratones expuestos al aire urbano (contaminado) presentaban un área de infarto mayor. O sea, tuvieron un mayor daño en el corazón con respecto a los animales que respiraban el aire filtrado. El infarto fue, aproximadamente, un 50% más grande”, dijo Marchini. Pero eso no fue todo.

Cuáles fueron los resultados de este estudio
Fueron tres meses y los resultados de estar expuestos a la mala calidad del aire porteño no dejaron dudas. Porque no solo era mayor el impacto del evento cardíaco, sino que, también, detectaron que la recuperación también mostraba disidencias. Según señaló Marchini, “el infarto fue mayor en los ratones expuestos al aire contaminado versus el control, pero además realizamos mediciones de la función cardíaca durante la recuperación de ese infarto que sugirieron que, a largo plazo, tendrían una mayor probabilidad de desarrollar insuficiencia cardíaca”.
“Encontramos una alteración de la funcionalidad mitocondrial cardíaca, que no es solamente que el corazón tiene una menor capacidad de producir energía (una deficiencia bioenergética), sino también que ciertos mecanismos de reparación de esa funcionalidad estaban inhibidos. Básicamente, significa que estas células, que están dañadas y desgastadas, no se eliminan del tejido como debería ocurrir normalmente y esos mecanismos reparadores de la funcionalidad mitocondrial se acumulan. Con lo cual, son deficientes en su capacidad de producir energía, agravando el cuadro y la situación”, relató el investigador del CONICET.
Pero no todas fueron malas noticias, ya que el conocimiento permite avanzar hacia mejoras o acciones que medien esta situación. “Lo importante es que identificamos algunos puntos claves mediante los cuales la exposición al aire contaminado urbano genera este efecto sobre la salud cardiovascular. Con lo cual, se puede generar algún acercamiento terapéutico para tratar de prevenirlos. Sabemos que faltan muchísimo tiempo para que ocurra; pero al haber identificado los actores fundamentales podemos empezar a pensar en hacer algo al respecto”, agregó Marchini.
“Todos los mecanismos que fueron descriptos también fueron estudiados en humanos y observamos una gran homología. En nuestro caso, todos los estudios previos nos sirvieron para centrarnos en cuáles eran los procesos a estudiar, como el estrés oxidativo o los procesos inflamatorios, pero luego es importante evaluar esos mecanismos en sistemas completos. Nosotros pudimos identificar estos mecanismos relevantes y los principales targets de los efectos tóxicos de los contaminantes ambientales, y esto nos sirve para sentar las bases”, señaló Magnani.
Entre otros de los puntos relevantes de esta investigación argentina, la científica destacó que, además, que para “poder extrapolar los datos obtenidos, pensando en los efectos de los contaminantes ambientales sobre la salud humana, se identificaron las concentraciones de los contaminantes inhalados. Para lo cual se tuvieron en cuenta los datos que se conocen sobre la fisiología del sistema respiratorio en ratones (volumen de inhalación, niveles de deposición de las partículas y porcentaje que se deposita en pulmón, por cuánto tiempo) y se extrapolaron los datos a humanos, conociendo también estos mismos valores. Con lo cual, pudimos realizar equivalencias entre varios aspectos”, siendo que otro punto relevante fue que “los animales estuvieron expuestos al mismo tipo de aire urbano al que estamos expuestos todas las personas que, al menos, circulamos cerca de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, en la Ciudad de Buenos Aires”.
Por su parte, Evelson completó: “Si bien los resultados obtenidos en este estudio se limitan al aire urbano de la Ciudad de Buenos Aires se ha observado que la presencia de las partículas en el pulmón dispara mecanismos similares independientemente de la composición de las partículas. Obviamente, hay un componente que está determinado por la composición o los posibles compuestos. En la Ciudad de Buenos Aires provienen principalmente de la combustión de los combustibles fósiles, el diésel que usa principalmente el sistema de transporte público. Sin embargo, uno puede pensar que los efectos que se observan pueden ser trasladables a otros similares en otras grandes Urbes”.

Cuáles son los próximos pasos
Los propios científicos destacaron que, pese a que los resultados son negativos para la salud, conocer estos aspectos abre un nuevo horizonte. La ciencia marca, una y otra vez, que para resolver un problema primero hay que reconocerlo y conocerlo. Acciones que lograron estos investigadores argentinos. “Ahora queremos, básicamente, entender mucho más en detalle. Cómo ocurre esta respuesta frente a las partículas de contaminación ambiental y cómo tratar de prevenir esta respuesta exacerbada”, adelantó Marchini.
De todos modos, los investigadores advirtieron que, para que se concreten cambios, es necesario el accionar de los gobiernos nacional, provincial y local, sin hacer diferencias de lugar específico. La contaminación aérea, sin importar los niveles, ha demostrado generar efectos adversos a la salud. “Hay un montón de gente desprotegida y hay cierta desigualdad en el impacto de la contaminación del aire sobre la salud, porque especialmente afecta a los más chicos, a los de bajo nivel socio-económico, a los adultos mayores y a los que tienen alguna enfermedad. Por eso creo que desde la ciencia, especialmente a nivel local, con este trabajo hemos contribuido a generar algo de información que ponga en evidencia el problema que existe y que se empiece a hacer algo”, destacó el investigador del CONICET.
“Me parece importante destacar, que lo vivenciamos en particular de este trabajo pero aplica claramente a todos los trabajos de investigación, es que los resultados que se observan y se están mostrando tienen mucho trabajo previo, mucho tiempo de análisis, de coordinación y trabajo en equipo, con lo cual cada uno aportó su conocimiento y se puede profundizar y mejorar las conclusiones del trabajo, que fue claramente interdisciplinario”, dijo Magnani.
Mientras que Evelson concluyó: “Este estudio también marca la necesidad de hacer una evaluación de los niveles de calidad de aire en forma sistemática, en todas las grandes urbes de nuestro país. Debemos generar una discusión sobre los niveles de calidad de aire, revisar la legislación existente y concientizar a la población acerca de los efectos que tiene la inhalación de aire contaminado; y que, de alguna manera, todos podamos contribuir a disminuirlos y generar acciones que prevengan su generación. Es decir, que prevenir los efectos adversos sobre la salud que nosotros observamos en este estudio”.
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