Salta: las renovables en poblados remotos

 


Los paneles solares devolvieron la esperanza en Chiyayoc

Fecha de Publicación
: 16/10/2021
Fuente: El Tribuno
Provincia/Región: Salta


 El Tribuno fue parte de una cruzada para mejorar la calidad de vida de los habitantes de un poblado aislado, ubicado a 4.500 msnm. El paso del mechero a la electricidad, un gran salto para la comunidad
 Los paneles solares devolvieron la esperanza en Chiyayoc Solo una potencia volitiva arrolladora impele a llegar hasta Chiyayoc. Se toma por la ruta nacional 34 hasta Los Lapachos. Ya en Jujuy se sigue por la ruta nacional 9. Pasando Humahuaca se llega hasta Iturbe y se continúa por una ruta provincial hasta antes de la cuesta a Iruya. Allí se realiza un desvío hacia la izquierda y se agarrarán unos 40 kilómetros por una huella de camino. Esta senda regular parece auspiciosa e ilusiona con que se haya escapado de la vorágine noticiosa una ampliación que deje a unos pasos del pueblo de Chiyayoc. Pero no. La panorámica al dejar el seguro recinto de un vehículo ofrece la cornisa. Una senda irregular, de caprichoso empinamiento o vertiginoso descenso, entre los 3.300 y los 4.500 msnm.
Perdido, remoto, aislado. Expresado en 18 familias, un alumnado primario de 7 estudiantes, un padrón electoral de 67 personas (en 2015). Así es Chiyayoc.
Para llegar al caserío se deben transitar 18 kilómetros a pie. El Tribuno fue hasta allí a principios de agosto de 2018 acompañando la entrega de 15 hornos a leña de la Fundación Solar INTI. Las familias chiyayoquenses se habían adecuado al modelo propuesto por el ingeniero agrónomo francés Pierre-Yves Herrouet: habían hecho un aporte económico y otro de tiempo y pagado el 40% del valor total del producto. El resto lo habían financiado solidariamente padrinos de Francia y de Argentina. Al término de aquel viaje habían quedado felices con su cocina económica, transportable, que se puede utilizar a diario y que conserva el gusto de los platos cocidos con leña, pero sin el efecto indeseado de la contaminación por el humo. Las familias desde entonces ahorrarían más del 80% de la leña empleada para cocinar y, a la vez, al desprender poco humo evitarían la emisión de una tonelada de dióxido de carbono (CO2) al año. Ya el hecho de no caminar horas en busca de leña la volvía atractiva.
En Chiyayoc los pobladores llevaban sus celulares a cargarlos en la escuela N° 4345, la única que contaba con panel solar hasta que en septiembre de 2018 les fueron a instalar equipos residenciales a los habitantes. Ahora con la corriente continua del panel solar pueden cargar los teléfonos y las computadoras, escuchar radio e iluminarse día y noche. Javier Corbalán
Sin embargo, El Tribuno pudo entender a través de los testimonios de los habitantes que había otros emergencias. Chiyayoc no había sido alcanzada jamás por un plan de vivienda, el agua potable o los paneles solares, salvo el de la escuela.
A pesar de que son propietarios con título comunitario, las familias chiyayoquenses emigran a los centros urbanos donde están disponibles las fuentes de trabajo. Abandonan la producción orgánica de papa, oca, maíz, haba, arveja y carne de oveja, cordero y cabra, porque los pequeños productores no ven ganancia, sobre todo por las enormes distancias que deben cubrir hasta los destinos. “El potencial de agricultura y ganadería es grandísimo aquí. Hay gente con 20 mil hectáreas, montes enteros de 7.000 ha, o San Pedro como 25 mil ha, o Santiago con 120 mil ha, pero necesitamos que llegue un camino a Chiyayoc, San Juan, Rodeo del Valle Delgado, Matansilla del Valle Delgado. Para llegar al mercado de Salta tenemos 420 km”, se desahogaba Cornelio Herrera, entonces concejal por Iruya. Agregaba que el camino era la esperanza, sobre todo porque en los últimos años habían visto desaparecer varias comunidades como Abra de Araguyó y Casa Grande. “Seguimos usando la vela y el mechero y para un joven querer estudiar con eso es dificultoso, y también la distancia que hay de aquí adonde llegan los vehículos”, decía, impotente. En la mente de este medio se concibió entonces la idea de que podría haber alguna solución.

La solución
La nota sobre cómo llegaba el progreso a Chiyayoc con 15 hornos a leña de la Fundación Solar INTI, realizada por El Tribuno, atrajo la mirada de Edesa, ESED (Empresa de Sistemas Eléctricos Dispersos) y Permer (Programa Energías Renovables en Mercados Eléctricos Rurales), los tres involucrados en cubrir las necesidades eléctricas esenciales de todos los habitantes rurales dispersos de Salta.
Por otra parte, Pierre-Yves Herrouet, de Solar INTI, había convocado a través de su Facebook de nuevo a padrinos solidarios. “Las familias de Chiyayoc nos pidieron ayuda para llevar paneles solares. Ayudemos a que este pueblo siga con su cultura y que la gente no tenga que irse de la comunidad”, posteó. En la oficina de Edesa (pasaje Zorrilla 29), el ingeniero Hugo González, gerente de Relaciones Institucionales de Edesa y ESED; el contador público Martín Corti, gerente de ESED SA, empresa que realiza el mantenimiento de los clientes rurales dispersos; el ingeniero Pierre Ritzer, de la Unidad Ejecutora Permer Salta; y la licenciada Sol Manolizi, de Relaciones Institucionales del Ente Regulador, recibieron a El Tribuno para ofrecer un panorama del programa de paneles solares, qué familias estaban incluidas en él y cuál era el plan de instalación de los próximos meses en toda la provincia. Edesa tiene tres tipos de clientes: los pobladores que gozan del sistema interconectado; otros de generación aislada, es decir, pequeños pueblos donde no llega la energía interconectada, pero sí se la produce localmente como San Antonio de los Cobres, con generación térmica o renovable; y los de generación dispersa con energía solar renovable. Entre estos últimos se ubica Chiyayoc. Corti en aquel momento había dicho que el Banco Mundial, que lleva a cabo un programa de financiamiento de energías renovables con el fin de contribuir a una matriz energética más limpia y a la mitigación del cambio climático, exige para derivar fondos que haya una distribuidora comprometida con el mantenimiento de los servicios.
Pierre-Yves Herrouet, de Solar INTI, sacó esta foto a Yolanda Chorolque, residente de Chiyayoc, feliz con su equipo. “El panel solar es un enorme avance para los pueblos de altura. Esa energía es renovable y es fabuloso para las comunidades donde la naturaleza es pura, no contaminada. Mi admiración para ellos por su capacidad de supervivencia”, dijo Pierre. Javier Corbalán
De acuerdo con Ritzer en 2012 se habían instalado 5.038 equipos fotovoltaicos a particulares a través del Permer. Y habían quedado a la espera de un estudio de impacto sobre las familias cinco departamentos: Iruya, San Martín, Orán, Rivadavia y Santa Victoria. De un total de 2.629 solicitantes, 889 familias se localizaban en Iruya y entre estas 32 eran de Chiyayoc. Para las familias ser beneficiarias del programa comporta un salto en su calidad de vida. Por un lado se disminuye la inhalación de hollines provocados por la combustión de lámparas y velas y la contaminación del entorno natural. Por otro, aumenta para ellos las horas nocturnas a emplear en el trabajo y el esparcimiento, pero sobre todo, ahorran mucho dinero. Después de esta reunión y a pesar de no estar en los planes, Edesa, ESED y Permer se comprometieron a instalar los 32 paneles solares a las familias de Chiyayoc, mientras que las conexiones internas fueron costeadas por los padrinos solidarios de Solar INTI y el transporte lo puso la Municipalidad de Iruya. Luego de que vivieran la experiencia de llevar la solución energética definitiva a Chiyayoc, cuyos habitantes hoy tienen luz, radio y pueden recargar celulares y con adaptador una notebook, desde ESED la recuerdan como la mayor logística que hayan hecho para llevar a la alta montaña la mayor cantidad de equipos reasignados. La cuadrilla de ESED y Solar INTI estuvieron dos semanas instalando los paneles solares. Las baterías tienen una vida útil de tres años en promedio y justo a Chiyayoc habían regresado dos semanas atrás para hacer el mantenimiento. “Pasaron del mechero a tener luz en cualquier momento del día, a escuchar radio cuando antes lo hacían a pilas. Estos usuarios pagan al mes $700 que en relación con las pilas es nada. Ganaron en iluminación, educación, información. Pueden llevar el celular cargado a la escuela y usar la internet satelital del establecimiento”, afirmó Corti.
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