El plan nuclear es una incógnita

Incógnitas nucleares en el 2018. Un Plan Inconcluso

Fecha de Publicación
: 23/12/2017
Fuente: ADN
Provincia/Región: Nacional


La industria nuclear en la Argentina, es una de las pocas actividades que ha tenido continuidad desde sus inicios. Ha formado una cantidad importante de profesionales y contribuyó fuertemente al desarrollo de tecnología de punta en el mercado nacional en áreas muy importantes como la salud, la energía eléctrica y los alimentos creando “paquetes tecnológicos” de alto valor agregado. La exitosa experiencia adquirida en la décadas del 50 y 60 posibilitó, que en las siguientes, nuestro país por intermedio de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) o de la Empresa Estatal INVAP exportara reactores experimentales y plantas de producción de radioisótopos y radiofármacos.
La gestión del conocimiento desarrollado por el sector refleja exportaciones donde los casos de éxito son muchos. Perú, en los setenta, de un reactor experimental y de un centro atómico “llave en mano” y una planta para la producción de radioisótopos para uso médico. Argelia, en los ochenta, de un redactor de experimental y una fábrica de elementos combustibles para reactores de investigación. Pasando luego por Egipto, en los noventa, Australia, en los 2000 y hasta Holanda en 2017, en el mismo sentido.
Esto no ha sido un producto del azar, sino el resultado de varias décadas de esfuerzo sostenido llevado a cabo por científicos, técnicos y emprendedores. En la actualidad, no hay dudas que se están transitando tiempos difíciles.
En un contexto, donde además de los recurrentes despidos de trabajadores de las Plantas en Atucha, otros proyectos como el Reactor Nuclear Argentino Multipropósito (RA-10) que aseguraría el 100% del abastecimiento en materia de radioisótopos para uso médico necesario en el mercado nacional, está sufriendo un serio desfinanciamiento.
Esta conciencia situacional genera mucha incertidumbre hacia el resto de los proyectos como el CAREM (Central Argentina de Elementos Modulares) que permite el abastecimiento eléctrico de zonas alejadas de los grandes centros urbanos o polos fabriles con alto consumo de energía, también exportable.
Básicamente, a estas situaciones se suma la desorganizada comunicación sobre el rumbo que tomarán las construcciones de los proyectos denominados Cuarta y Quinta Centrales nucleares.
El costo estimado de ambas centrales sumaba us$14.000 millones. Sin dudas sería un fuerte traccionador para el cluster nuclear argentino. Según las autoridades 6.000 millones serían para Atucha III y 8.000 millones para la quinta central, de los cuales unos aproximados 12.500 millones de dólares serían financiados por China. Dicho financiamiento sería a 20 años, con 8 de gracia y 12 para el repago del crédito.
La cuarta central iba a tener tecnología canadiense en tanto que la quinta central iba a ser de tecnología China y utilizaría uranio enriquecido De esta última, luego de la crisis en Río Negro, no se ha definido ni siquiera su localización. Ciudades como Bahía Blanca, Formosa, y otras localidades ya han sido contactadas, pero más allá de la algazara inicial de algunas autoridades, también sienten pavor ante la reacción de agrupaciones de vecinos auto-convocados y ONG´s ambientalistas anti-nucleares, que hoy sin un marco explicativo claro y de trabajo en conjunto, son una picadora de carne para cualquier color partidario.
En cualquiera de los escenarios, hoy habría una caída en términos presupuestarios para el área en el 2018, y si se toma en cuenta la inflación proyectada la quita real sería mayor. De hecho, a la situación de los despedidos de UOCRA se suma al estado asambleario de los sindicalizados por Luz y Fuerza, que ya vislumbran que recibirán propuestas “a la baja” en la mesa paritaria.
En varias oportunidades las autoridades fueron anunciando fechas de inicio que no se cumplieron. Desde octubre afirman que la construcción de la cuarta central nuclear comenzaría en el primer trimestre del año próximo, pero otros importantes referentes del sector expresan que por la desaceleración real del plan nuclear podría extenderse hasta fines de 2019 o incluso quedar como proyecto pendiente para el próximo gobierno.
El problema se agudiza porque las definiciones finas del proyecto técnico y su licencia ambiental demoraría el arranque de las obras de construcción del reactor unos dieciocho meses después de poder dar inicio a las primeras tareas sobre el lote lindante a Atucha II.
Por estas razones, la compleja coyuntura representa todo un desafío para quienes hoy llevan las riendas del sector. Porque deberán explicar claramente cómo harán para que la industria siga estando a la cabeza de la innovación tecnológica y a la vez avanzar en alianzas estratégicas, con todas las partes involucradas, para generar energía más eficiente, una transmisión más económica y dar a los ciudadanos un futuro más sustentable.
Sin dudas, esto significaría un salto cualitativo en la capacidad de producción de tecnología nuclear y, además, permitiría apuntar a generar un sostenido mercado internacional para beneficio de nuestra actual economía.
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