Santa Fe apuesta a la mitigación y adaptación

Mitigación y adaptación: claves del plan provincial de cambio climático

Fecha de Publicación
: 23/05/2017
Fuente: El Litoral
Provincia/Región: Santa Fe


Se trabaja en un registro provincial de emisiones de gases de efecto invernadero. Se volverá a convocar a la comisión de expertos para establecer vulnerabilidades y estrategias para adecuarse al nuevo escenario.
El gobierno provincial se encuentra trabajando en la elaboración de un plan de cambio climático que contempla dos líneas principales de acción: un programa de mitigación a largo plazo que contribuye al plan nacional de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, y otro de adaptación de los sistemas de gestión para procurar que sus consecuencias impacten de la menor forma posible sobre todas las actividades. Todo esto frente a la certeza de que “el cambio climático es una realidad” que se manifiesta de diferentes formas; no sólo con excesos pluviales y sequías, sino también en olas de calor y proliferación de enfermedades que hasta hace algunos años estaban reservadas a regiones tropicales.
Eduardo Roude está a cargo de la Dirección de Cambio Climático -que depende del Ministerio de Medio Ambiente- y en diálogo con El Litoral advirtió que la previsión es que este fenómeno se manifieste cada vez con mayor intensidad. “Los gases de efecto invernadero ya fueron emitidos, están en la atmósfera y tardan hasta 200 años en dispersarse. Es decir que, aunque se lograra cortar todas las emisiones, cosa que es imposible, el calentamiento continuaría agudizándose en los próximos años”.
Esta alternación, provocada por la acción del hombre, modificó el clima y lo hizo en diversas formas: “En nuestra zona se manifiesta por inviernos más tibios y con menor cantidad de heladas, tormentas intensas cada vez más frecuentes, olas de calor reiteradas e inundaciones más usuales”, sintetizó.
En ese marco, se avanza en el plan de mitigación que, como se dijo, es una meta a largo plazo y acompaña la política mundial que se estableció en el Acuerdo de París (2015) para llegar al objetivo de evitar que la temperatura global aumente más de 2 grados para el año 2030. En ese contexto se desarrollaron dos jornadas de trabajo el lunes y martes pasados, destinadas a “capacitar a actores locales para preparar un registro de emisiones”. Las ciudades de Santa Fe y Rosario ya cuentan con ese estudio; el objetivo es llegar a un inventario provincial como punto de partida para determinar cuáles son las actividades que más emisiones producen. En el territorio provincial éstas se generan por la agricultura y la ganadería. “Uno de los gases de efecto invernadero importante es el óxido nitroso que está relacionado con el uso de fertilizantes”, señaló Roude. Otro gran tema es el de los rellenos sanitarios y el adecuado tratamiento de los gases que se generan a partir de la fermentación de la materia orgánica.

MEDIDAS ESTRUCTURALES Y NO ESTRUCTURALES
La otra línea de trabajo es la adaptación. “Es que, ante los efectos del cambio climático, hay que actuar en lo inmediato para evitar que sea afectada la vida de las personas”, señaló Roude, y en esto involucró tanto los excesos hídricos como la sequía que es el otro extremo del fenómeno. “Para todas esas contingencias hay que prepararse de forma anticipada y determinar cuáles son las vulnerabilidades y cómo va a afectar cada factor de cambio climático sobre cada sistema: seguridad hídrica, infraestructura, recursos naturales, salud. Y en función de todo eso, tomar medidas por adelantado”. Claro que, si bien todas estas acciones se están articulando en un plan, “hace mucho que la provincia viene trabajando en esta política, con planes de contingencia para poblaciones y medidas de ordenamiento territorial que consisten en reglamentar el uso de suelo para evitar que haya asentamientos en zonas de riesgo hídrico”.
En Santa Fe y por las reiteradas inundaciones, el agua es la amenaza más visible en los últimos 10 ó 20 años. Y el tema infraestructura es relevante: “Hemos visto que la autopista se cortó varias veces en los últimos años, pero en toda su historia, desde que está construida, no; eso tiene que ver con una mayor variabilidad climática que impacta, junto con otros factores que no tienen que ver con el cambio climático, como el uso del suelo”.
No todos los efectos se reflejan en el agua: otro tema fundamental es la salud y “las enfermedades tropicales, como dengue, chikungunya y zika, que prosperan porque se creó el ambiente propicio para que proliferen los insectos que las transmiten”. En este caso, la adaptación pasa por conocer más sobre las enfermedades, capacitar a los efectores de salud para que estén en condiciones de atenderlas y desarrollar medidas preventivas en las que intervenga toda la población, como el famoso descacharrado.
“Las olas de calor también nos afectan y hay que adaptarse, por ejemplo, a través de los sistemas de salud y con especial prevención en la tercera edad que es la más afectada. A la vez, este fenómeno genera una mayor utilización de los acondicionadores de aire; entonces, habrá que reforzar los sistemas de transmisión eléctrica para asegurar un consumo asociado al cambio climático”, explicó.
En cualquier caso, el tema es transversal a todos los ministerios. “Lo que hacemos es detectar las vulnerabilidades y advertir a los responsables de cada sector que hay un nuevo contexto y que lo que se viene haciendo, y hasta este momento era efectivo, puede dejar de serlo en atención al cambio de contexto en que está ocurriendo. Por ejemplo, si las lluvias son más frecuentes, habrá mayor demanda de mantenimiento de caminos rurales, especialmente de aquellos por donde sale la producción. El sector lácteo necesita la entrada diaria al tambo, entonces habrá que ripiar los caminos principales y tener muy preparado un sistema de mantenimiento para los caminos”; eso también es adaptación.

EN LA PRODUCCIÓN
El sector productivo también va a acusar el impacto de las modificaciones climáticas. “La falta de días más fríos o inviernos más tibios afecta a algunos cultivos, como el trigo que requiere bajas temperaturas para fructificar. Lo mismo ocurre con los citrus que necesitan de una temporada de frío. En este caso, las medidas de adaptación vendrán de la mano de lo que diga el Ministerio de la Producción. No vamos a decidir cuál es la mejor medida; lo hará cada especialista”.
En recursos naturales, los cambios ambientales “alteran los hábitat de reproducción y eso puede derivar en un cambio en el volumen de la población de determinadas especies, poniendo en peligro la sustentabilidad de algunas y atentando contra la biodiversidad”. Además, existen pautas que permiten el uso de determinadas especies en caza y pesca, cuyas reglas se formularon en base a una premisa anual de desarrollo que ahora podría modificarse.
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