Investigan tóxicos en suelo costero



El uso de suelo costero y el impacto ambiental de compuestos ecotóxicos

Fecha de Publicación
: 18/02/2017
Fuente: Argentina Investiga
Provincia/Región: Nacional


Un grupo de investigadores analiza la presencia de compuestos con alta potencialidad ecotóxica, capaces de provocar alteraciones en la reproducción, el desarrollo y en algunas funciones inmunológicas de animales y vegetales, en una zona costera de alta complejidad. Entre los objetivos del proyecto se encuentra el de cuantificar las exportaciones de estos compuestos a través de la red de drenaje.
Un grupo de investigadores del Departamento de Química de la Universidad Nacional del Sur, de Bahía Blanca, y el Instituto Argentino de Oceanografía (UNS-Conicet), busca conocer la presencia y el transporte de contaminantes en la zona costera de esa ciudad. Para ello, llevan adelante un proyecto de investigación con muestreos en 16 sitios estratégicos sobre la cuenca del drenaje y 8 áreas en el estuario, dedicado a componentes identificados a nivel mundial como altamente peligrosos, resistentes a la degradación y que se acumulan en los tejidos.
Se trata de compuestos con alta potencialidad ecotóxica, ésta incluye diversas alteraciones en la reproducción, el desarrollo y en algunas funciones inmunológicas de animales y vegetales. “Los resultados de este trabajo, cuyo desarrollo demandará en total cuatro años, brindarán un panorama integrado de la presencia y transporte de contaminantes hacia la zona costera”, explica a Argentina Investiga su director, el doctor Andrés H. Arias.
Los investigadores analizan la presencia de compuestos organoclorados (OCs), bifenilos policlorados (PCBs) e hidrocarburos aromáticos policíclicos (PAHs). Se trata de subgrupos catalogados como “contaminantes orgánicos persistentes”. “Estos contaminantes son mayormente sustancias sintetizadas o generadas por el hombre, resistentes a la degradación y que se acumulan en los tejidos de diferentes especies” explica Arias.
En este proyecto se muestrean diez de los doce compuestos definidos por la Convención de Estocolmo como altamente prioritarios para su monitoreo, regulación y eliminación, conocidos como “the dirty dozen” (la “docena sucia”, en castellano). El resto forma parte de un listado de 90 incluidos en el Global Monitoring Plan (GMP, Convención de Estocolmo), un proyecto de monitoreo global. Además se realizan otro tipo de mediciones asociadas, como parámetros fisicoquímicos (Turbidez, pH, Temperatura, Salinidad, Oxígeno Disuelto), caudal de drenaje, material particulado en suspensión, etcétera.
Los objetivos del proyecto apuntan a cuantificar las exportaciones de estos compuestos a través de la red de drenaje, y a determinar de qué manera los cambios en los usos del suelo costero y las áreas de drenaje asociadas alteran el tipo y la distribución de descargas, identificar los principales medios de transporte y a estimar su impacto ambiental.
El área de estudio es el estuario de Bahía Blanca y su respectiva red de drenaje, conformada por cursos de agua, arroyos, canales de drenaje artificial y descargas cloacales. Ocupa el sudoeste de la provincia de Buenos Aires y cuenta con una superficie aproximada de dos mil trescientos kilómetros cuadrados. Se trata de un sector con una alta presencia de actividades humanas: puertos de aguas profundas que operan con cereales, fertilizantes, combustibles y contenedores; las ciudades de Bahía Blanca y Punta Alta, las localidades portuarias de General Cerri e Ingeniero White, la Base Naval Puerto Belgrano y uno de los complejos petroquímicos más grandes de América del sur.
“El uso del suelo se encuentra en continuo cambio, no sólo en el orden local y regional sino a nivel global. Se estima que 3.600 millones de personas viven en la franja de menos de 60 kilómetros de la costa y que esa proporción aumentará a 6.400 millones en los próximos treinta años. Al mismo tiempo, el 80% de los recursos oceánicos se concentra en la plataforma continental, que también funciona como reciclador: más de tres cuartas partes de los materiales que degradan proceden del continente. Dichos materiales llegan a la costa infiltrándose en el suelo para reaparecer en los ríos, cuencas y redes de drenaje que desembocan en el mar, por derramamiento directo o por transporte atmosférico”, explica el científico. “Este problema es sostenido y agravado por la deficiencia o ausencia de planes de manejo, suficientes estructuras urbanas de saneamiento, así como la extensión de la agricultura intensiva y la industria en desarrollo principalmente adquirida en el transcurso del siglo XX y comienzos del XXI”, agrega.
Las investigaciones muestran que los compuestos, luego de ingresar al ambiente, comienzan un largo proceso de transporte que suele culminar con su depósito final en suelos o sedimentos profundos, o bien pasan de una especie a otra en la cadena alimenticia. Según el Convenio de Estocolmo, se califican como “persistentes” a los que muestran una vida media en el agua mayor a dos meses y en el suelo a seis meses.
El grupo de trabajo está integrado por seis investigadores de distintas disciplinas, a los que se suman ocho más de áreas como Biogeoquímica, Sistemas de Información Geográfica, y Metales Pesados. Utilizan como indicadores bioquímicos a enzimas sensibles a la presencia de los contaminantes seleccionados, que están en algunas especies como el mejillín, y algunas variedades de peces. Algunas de las enzimas son Lactato Deshidrogenasa (LDH), Aspartato Aminotransferasa (AST), Superóxido dismutasa (SOD), Glutatión reductasa (GR), Glutatión peroxidasa (GPx), etcétera”. En cuanto a resultados –en vías de publicación– encontramos que algunas de estas enzimas se disparan concomitantemente a la presencia de contaminantes orgánicos persistentes, y son evaluadas en la actualidad para establecerlas como herramientas de diagnóstico y monitoreo.
“Investigamos el tema desde 2004, y desde entonces pudimos generar líneas de base para todos los compuestos mencionados en sedimentos, peces, mejillones y hasta delfines (ver referencias). En este nuevo proyecto pretendemos contestar nuevas preguntas a partir de nuevos enfoques, que incluyan aspectos esenciales aún no abordados; por ejemplo, el uso de bioindicadores, mediciones estimativas de flujo de contaminantes desde el continente al océano mediante monitoreo continuo en muestras integradas, vías atmosféricas de transporte, etcétera”, explica Arias.
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