Apicultura como elemento de la seguridad alimentaria



“La apicultura es fundamental en la seguridad alimentaria”

Fecha de Publicación
: 07/06/2015
Fuente: Argentina Investiga
Provincia/Región: Nacional


Tradicionalmente asociada a la producción de miel o productos comerciales, la apicultura juega un papel más importante en el equilibro ecológico y la producción de alimentos. En el Laboratorio de Estudios Apícolas de la Universidad Nacional del Sur se llevan adelante diversos estudios en este campo y se coordinan actividades junto con más de 300 productores en 14 partidos de la región.
La primera asociación entre “apicultura” y “alimentación” que hacen los consumidores se refiere a la miel, su producción y calidad, mientras que la importancia de las abejas en la producción de alimentos a través de su acción polinizadora es poco conocida.
“La apicultura es más que la producción de miel y productos comercializables. Los cambios en los agroecosistemas de muchas regiones del planeta, en muchos casos ligados a la agriculturización, redujeron las fuentes de polen y néctar, lo cual provocó estrés nutricional en las colmenas, problemas sanitarios y bajos rendimientos. Esto supera el ámbito apícola e involucra, además, la polinización de especies cultivadas y espontáneas. Por eso, la apicultura ocupa un lugar destacado en la seguridad alimentaria ya que este concepto abarca tanto la calidad como la cantidad de alimentos”, explica a Argentina Investiga la magíster Liliana Gallez, directora del Laboratorio de Estudios Apícolas de la Universidad Nacional del Sur (UNS) de Bahía Blanca.
Junto a ella, el ingeniero agrónomo Alfredo Marconi y las doctoras Ana Andrada y Cecilia Pellegrini, explican que en Argentina la apicultura constituye una importante fuente de trabajo y de ingresos, cuya principal cuenca melífera es la región Pampeana. “Desde hace muchos años nuestro país se posiciona entre los primeros productores y exportadores mundiales de miel y la provincia de Buenos Aires aporta aproximadamente la mitad de la producción”, indican.
Según Marconi, “la seguridad alimentaria abarca, de acuerdo a la definición de la FAO, cuatro dimensiones y la primera es la disponibilidad física de alimentos relacionada con la cantidad de alimentos producidos. En este contexto, el servicio de polinización que brindan las abejas forma parte de los debates sobre la alimentación en el mundo”.
Tal como explican los investigadores, en su búsqueda de néctar y polen para alimentar a la colonia y producir miel, las abejas transportan polen de una flor a otra favoreciendo la polinización cruzada de numerosísimas especies vegetales. Muchas forman parte de nuestra dieta diaria como las manzanas, las peras, los melones, los zapallos, los tomates, el girasol aceitero, etc. Muchos otros vegetales que consumimos en forma regular se cultivan a partir de semillas cuya producción depende de las abejas e, indirectamente, la producción de carne también se relaciona con los insectos polinizadores porque la semilla de alfalfa y otras pasturas requieren de polinización entomófila. Este proceso, que pasa inadvertido para la mayor parte de los consumidores, es en la actualidad el eje más destacado de la relación entre la apicultura y la seguridad alimentaria en el ámbito internacional.
“El aporte de los polinizadores a la producción mundial de cultivos alimentarios fue evaluado en cerca de 190 mil millones de dólares/año. La abeja melífera es, de acuerdo a numerosos reportes, el polinizador más importante en el mundo. En algunas regiones, como Estados Unidos, su disponibilidad es tan limitante que en la actualidad se pagan precios muy altos, ente U$S 50 y U$S 200, de acuerdo al cultivo, por el servicio de polinización”, informan.
Dentro de la problemática relativa a la polinización, existe una importante demanda de semilla híbrida de numerosos cultivos (girasol, colza, cebolla, pimientos, etc.) que implica significativas sumas de dinero y grandes superficies cultivadas. “La producción de semilla híbrida requiere como progenitor femenino una línea androestéril, que no produce polen, y sólo es posible su obtención mediante la intervención de polinizadores. De allí su interés en la seguridad alimentaria”, agregan.
Según detallan, “la agriculturización altera en forma sustancial el paisaje, reduce la biodiversidad y de manera paulatina va restringiendo otras actividades como por ejemplo la apicultura, asociada a los ciclos biológicos naturales. Ciertas prácticas como el monocultivo, el control de malezas -muchas de las cuales son importantes fuentes nectaríferas y poliníferas-, el uso intensivo de insecticidas y fungicidas y otras alteraciones de los agroecosistemas, reducen peligrosamente las poblaciones de abejas y de otros polinizadores”.
“Los productos apícolas pueden ser importados en caso de conveniencia económico-comercial, pero no puede importarse el servicio de polinización que brindan las abejas para la producción de alimentos (granos oleaginosos como el girasol y la colza, frutas y hortalizas varias). En nuestro país todavía no existe, en la generalidad de los consumidores y productores agrícolas, una conciencia sobre el riesgo que conlleva la escasez de polinizadores”, concluyen los especialistas.

Qué es y qué hace el Labea
El Laboratorio de Estudios Apícolas fue creado por la UNS en diciembre de 2009 sobre la base del Laboratorio de Calidad de Mieles, existente desde 1994. En agosto de 2013 se firmó el convenio que lo convirtió en un centro vinculado a la Comisión de Investigaciones Científicas de la provincia de Buenos Aires. Allí se llevan adelante estudios en el campo de la apidología, en particular de la apicultura, con un enfoque multidisciplinario. También se realizan y coordinan actividades de investigación, dictado de cursos de grado y de posgrado, publicaciones, actividades de divulgación y servicios. Trabajan allí cerca de 20 investigadores y becarios, llevando a cabo actividades con más de 300 productores en 14 partidos de la región, lo que implica con aproximadamente 90.000 colmenas. Esto facilita el vínculo con la problemática regional y retroalimenta al equipo, que cuenta, además, con el apoyo de investigadores de otras instituciones nacionales y extranjeras.
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