El gato montés se protege en el Delta del Paraná



El Delta del Paraná, refugio del gato montés  

Fecha de Publicación
: 17/11/2015
Fuente: Mas Producción
Provincia/Región: Mesopotamia


A partir del seguimiento satelital de los animales, investigadores de siete instituciones estudian el hábitat y los patrones de movimiento del felino. Las plantaciones forestales son clave en la preservación de la especie.
El gato montés argentino (Leopardus geoffroyi) es el felino salvaje más común de América del Sur. Luego de haber estado al borde de la extinción por el comercio de sus pieles, desde 1980 está protegido legalmente. Para conocer el hábitat y sus patrones de movimiento, un equipo de investigadores de siete instituciones estudia la interacción con las plantaciones de salicáceas en el Bajo Delta del Paraná para implementar refugios y corredores biológicos que lo preserven.
Natalia Fracassi, investigadora del INTA y responsable del proyecto BioSilva, explicó la importancia que tiene el felino en la protección de las plantaciones de álamo y sauce del Delta. “El gato montés es un depredador que, al estar arriba en la cadena alimentaria, controla las poblaciones de roedores que dañan las plantaciones jóvenes y son potenciales portadores de enfermedades zoonóticas”.
El proyecto BioSilva tiene como objetivo evaluar el uso de refugios de bosque pequeños parches de una a cinco hectáreas plantados, nativos o secundarios, con presencia de sotobos que mediante modelos de ocupación para determinar el grado de conectividad entre felinos y plantas y medir cómo contribuyen a la permeabilidad de la matriz forestal.
De esta manera, se pretende “valorar algunas prácticas de manejo para mitigar el impacto de las plantaciones y que, a su vez, provean hábitat para especies de mamíferos de valor para la conservación”, señaló Fracassi.
Por primera vez, unos 10 gatos monteses fueron capturados y equipados con radiocollares GPS, en la zona del Bajo Delta del Paraná, con la asistencia de veterinarios de la Fundación Temaikén.
Meses después, esos animales –rastreados satelitalmente– fueron recapturados para recuperar los collares y bajar la información acumulada. Así, se obtuvieron más de 800 registros que servirán para conocer el uso del hábitat y sus patrones de movimiento, “información que colaborará en la evaluación de las buenas prácticas forestales”, aseguró la investigadora del INTA.
Los collares emiten señales VHF para ubicar a los individuos y poseen un dispositivo GPS que toma localizaciones cada dos horas. A partir de los datos, “se observan aspectos de la ecología de la especie”, expresó Fracassi.
De acuerdo con la investigadora, pueden identificar el área de campo de cada animal –home range o región que recorre–, la territorialidad, es decir, cuántas hembras circulan en el territorio de un macho, cuánto se mueven por día y la utilización de los diferentes ambientes o sitios que prefieren o evitan.
Según Javier Pereira, investigador del CONICET e integrante del proyecto, todos los gatos monteses fueron equipados, además, con un microchip que facilita su identificación. “Durante la captura, se les toman muestras de sangre y parásitos para evaluar el estado sanitario de la población y el parentesco genético con poblaciones del continente”, indicó.
“El próximo paso –expresó Pereira– será cruzar las posiciones de los GPS con un mapa de hábitat, plantaciones e imágenes satelitales para reconocer la forma en que estos individuos interactuaron con la matriz forestal durante el período de monitoreo”.
La investigación se desarrolla en establecimientos forestales con una superficie mayor a 500 hectáreas y en el predio del INTA Delta, que serán evaluados como campos piloto para la implementación y evaluación de refugios de bosque. De esta manera, “se determinará la contribución de los refugios a la conservación de la especie”, aseguró Pereira.

Dimensiones de la investigación
La tecnología de radiocollares GPS –que permite rastreos satelitales– es la primera vez que se aplica en gatos monteses; auqnue ya fue empleada en la Argentina en elefantes marinos, ballenas francas, jaguares, tortugas verdes, cóndores, petreles y patos.
El proyecto es financiado por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF, según sus siglas en inglés) a través de la UCAR, el proyecto BioSilva convoca a instituciones de conservación y producción dentro del país CONICET, INTA, AFoA, Fundación Temaiken y también a los actores sociales pobladores isleños, pequeños y medianos productores, cooperativas, grandes empresas forestales y responsables de áreas naturales protegidas? que comparten el territorio con las especies silvestres.

Forestación sustentable
El proyecto de conservación de la biodiversidad en plantaciones forestales pretende que la explotación comercial de madera se haga de forma sustentable y respetuosa con el medio ambiente y la fauna local. “Cualquier iniciativa destinada a protegerlos debe incluir su interacción con la actividad maderera”, señaló Fracassi.
Al respecto, se evaluarán algunas prácticas de manejo forestal previamente desarrolladas por el INTA, la Asociación Forestal Argentina (AFoA) e instituciones gubernamentales y no gubernamentales, consensuadas en un protocolo, que intentan mitigar el impacto de las plantaciones y proveer un hábitat para especies de mamíferos de valor especial.
El protocolo brinda herramientas para la gestión forestal sostenible de los bosques plantados a través de estrategias que también colaboran en la certificación de las plantaciones.
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