Córdoba: controversia por contaminación cloacal

Entre la desidia y la contaminación  

Fecha de Publicación
: 29/04/2017
Fuente: La Voz del Interior
Provincia/Región: Córdoba


La Provincia y la Municipalidad, cada una en lo que atañe a sus responsabilidades de control y ejecución de obras, tienen el deber de revertir la postal de inmundicia que muestra el río Suquía y que pone en riesgo la salud de los ciudadanos. Bajo Grande: el tratamiento de líquidos contaminantes es casi nulo
La degradación sin medida ni control del río Suquía, a su paso por la ciudad de Córdoba, se ha agravado en las últimas décadas, al extremo de convertir a su cauce en un depósito de residuos de distinta naturaleza y procedencia, con severos efectos contaminantes.
Entre las causas que contribuyen a incrementar ese grado de contaminación se anotan los líquidos cloacales que no terminan de ser tratados en la Estación Depuradora de Aguas Residuales de Bajo Grande, ubicada en la zona de Chacra de la Merced, en la periferia este de la capital provincial.
Es un antiguo problema al que tanto las autoridades municipales como las provinciales no aciertan en hallar soluciones en cuanto a sus responsabilidades jurisdiccionales, pese a los análisis y a las advertencias que dan cuenta de que la planta está sobrepasada en su capacidad de tratamiento de los efluentes que van al río.
Las promesas de construcción de una nueva planta depuradora aún no fueron cumplidas. Tampoco prosperaron las planificaciones de corto alcance tendientes a remediar una situación de virtual colapso que pone en riesgo la salud de la población y del ecosistema en general.
Un informe de este diario publicado el pasado martes, sustentado en análisis químicos, revela que los líquidos cloacales que ingresan a la planta de Bajo Grande son arrojados aguas abajo del río Suquía casi con el mismo nivel de contaminación con el que ingresaron.
Además, en una recorrida por las instalaciones se observó que varios de los equipos de depuración están inactivos, lo cual coincide con lo que vienen alertando los propios agentes municipales asignados a esas tareas.
Los expertos trazan un diagnóstico desalentador. La bióloga Adriana Abril afirma que los valores coliformes (especies bacterianas) son muy altos y no difieren mucho entre la entrada y la salida de la planta. Es decir, no se realiza cloración, entre otros procedimientos.
Si tenemos en cuenta que los informes que alertan sobre la falta de tratamiento de las aguas servidas en la Estación de Bajo Grande datan de dos décadas atrás, se puede inferir que es muy poco lo que el Estado ha planificado y concretado y que las promesas de obras han pasado de largo como el río que arrastra aguas contaminadas.
No hay margen para posponer una remediación integral, que deberá atender el exponencial crecimiento de la red cloacal en Córdoba desde que la planta fue inaugurada en 1987.
La Provincia y la Municipalidad, cada una en lo que atañe a sus responsabilidades de control y ejecución de obras, tienen el deber de revertir la postal de inmundicia que muestra el río Suquía y que pone en riesgo la salud de los ciudadanos.
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