Agroquímicos y problema sanitario en Chaco

Problema sanitario que generan los agroquímicos

Fecha de Publicación
: 13/12/2016
Fuente: Diario Norte
Provincia/Región: Chaco


Lejos de generar un impacto en los espacios de decisión, lo que vino después terminó resultando un escenario mucho más complejo y descontrolado de lo que por entonces solo era calificado de “alarmista”. Su experiencia en estudios de genotixicidad en población expuesta de la provincia del Chaco, lo llevó a ser convocado a un proyecto que lo vincula al doctor Raúl Montenegro (profesor de la Cátedra de Biología Evolutiva Humana, Universidad Nacional de Córdoba) y al doctor Jean-Jacques Girardot (investigador francés de la Universidad de Franche-Comté) para estudiar, mediante otros indicadores, el impacto sanitario ambiental y ecológico que tienen los plaguicidas.
Lucero considera vital el proyecto para el estudio de otros contaminantes en la zona y ver la relevancia estadística de la aplicación de agroquímicos. Las denuncias en las que se asocia el incremento de una multiplicidad de patologías con la exposición a la fumigación, surgió de la vinculación con las primeras investigaciones que ya se realizaban en el país y en el extranjero, además del contacto estrecho con el grupo de científicos liderados por el fallecido doctor Andrés Carrasco referente en el área. Algunas de esas evidencias fueron recogidas en poblaciones enteras expuestas en forma directa al contacto con los agrotóxicos, como los casos del Barrio Ituzaingó de Córdoba (2001), que fue llevado a la justicia y logró sentar jurisprudencia.
Alertados por estos hallazgos se realizaron estudios en aplicadores de estos productos demostrándose un incremento en los indicadores de riesgo asociados a genotoxicidad en comparación con la población no expuesta.
La doctora Delia Aiassa, Investigadora del Departamento de Ciencias Naturales de la Facultad de Ciencias Exactas de la UNRC, de Córdoba, es una de los principales exponentes en esta área de estudio.
Para Lucero, desde entonces a diciembre de 2016 nada ha cambiado, por el contrario: ha empeorado. Si bien hay determinados sectores que se resisten a admitir la nocividad de los plaguicidas para la salud, el tema ya no representa el foco de la discusión. El debate actualmente tiene un giro planteado por los mismos empresarios nucleados en la Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes (Casafe) y el Instituto de Tecnología Agropecuaria (INTA), referido a las buenas prácticas agrícolas y el buen uso de los productos para la protección de los cultivos.
Como ejemplo de la gravedad de la situación vale mencionar el trabajo del Centro de Investigaciones del Medio Ambiente (CIMA), que depende de la Universidad Nacional de La Plata y que acaba de ser publicada por la revista internacional "Enviromental Monitoring ad Assessment". Es la primera de esa escala realizada en cuenca del Paraná.
En la misma se advierten "altos niveles" de glifosato y su degradación, el ácido aminometilfosfónico (AMPA), "en los cursos medio y bajo de los afluentes tributarios del río, de acuerdo con la agricultura intensiva que se desarrolla en la región". El estudio realizado en cooperación con Prefectura demostró "altos niveles" del herbicida -recategorizado como "probablemente cancerígeno por la OMS"-, en los sedimentos acumulados en la desembocadura de 23 arroyos y cursos que tributan a sus aguas desde el Río Pilcomayo hasta el Luján".
“A pesar de la tecnología que se dispone para realizar fumigaciones de precisión, la deriva de estos agroquímicos no es controlada. La gravedad del estado de situación dado por los datos que se relevan del mismo campo, tiene dos razones: en primer lugar, se desplazó demasiado la frontera agropecuaria. Al recorrer las rutas se puede ver que entre un campo y otro hay fuentes de agua, pequeños poblados, escuelas. Todos quedan presos de estos químicos. Si esto no fuera así no existirían tantas denuncias de escuelas rurales fumigadas ni se encontrarían Agroquímicos en las fuentes de agua”, señaló Lucero.
La segunda razón y quizás la más grave, es que “el Estado no cumple con su rol como organismo de contralor”. “No se controla ni la cantidad ni los agroquímicos y sus mezclas con los que se fumigan las plantaciones. Además, los mismos productores admiten un aumento preocupante de las dosis de plaguicidas porque las malezas se hacen resistentes”, explicó Lucero.

-¿El control se debe limitar a la fumigación en los campos?
- No. El monitoreo debe continuar también en los alimentos, porque aparecen rastros de plaguicidas a medida que se van buscando. La Universidad Nacional de La Plata tiene un equipo de investigadores que está realizando este seguimiento en productos de uso cotidiano. Han hallado de manera azarosa restos de glifosato en el algodón comercial de farmacia. De a poco y gracias a la tecnología disponible, este control no oficial nos permite comprender el peligro al que estamos expuestos.
Ocho de cada diez verduras y frutas tienen agrotóxicos. Lo afirma una investigación realizada por este mismo grupo de investigadores, en la que se analizaron verduras de hoja verde, cítricos y hortalizas. El 76,6 por ciento tenía al menos un químico y el 27,7 por ciento de las muestras tenía entre tres y cinco agroquímicos. La variedad de plaguicidas es muy grande. Y el cóctel de químicos es muy fuerte. Entre los productos que más se detectaron está el insecticida endosulfán.
El trabajo afirma que los pequeños productores son también víctimas del modelo que los impulsa a utilizar los plaguicidas. Insta a que los gobiernos tomen medidas urgentes y llama la atención: la solución no pasa por reemplazar un veneno por otro, sino en dejar de usarlos.

-¿Por qué cree que el uso de los agroquímicos generó un escenario complejo y grave?
-Estamos ahora en la etapa de aparición de enfermedades que se consideraban poco frecuente y basta con relacionar los datos de indicadores de salud con la cantidad de agroquímicos vendidos. Muchos niños hijos de productores rurales están expuestos a intoxicación crónica a pequeñas dosis, que pueden finalmente desencadenar multiplicidad de patologías.

En la Argentina dejamos de privilegiar la alimentación de seres humanos para pasar a alimentar masivamente el ganado de la Comunidad Europea y China, y a proveer de biocombustibles sus vehículos, Estamos perdiendo la soberanía alimentaria con el consecuente problema social que esto acarrea. ¿Hay opciones?, una de ellas es la Agroecología. Tiene sus detractores, quienes sostienen que es un modelo que no puede alimentar al mundo. Pero no consideran que los organismos genéticamente modificados tampoco alimentan al mundo, porque cada vez hay más gente con hambre y enferma. Debemos asumir la responsabilidad como hombres de ciencia, formados en universidades públicas gratuitas, porque la ecuación es sencilla: “cuando no se discute un problema, se lo silencia, y en consecuencia desaparece”. Es una táctica que hasta el momento dio muy buenos resultados.
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