Tucumán: quema de cañaverales y muertes



En dos años, la quema de cañaverales se cobró cinco vidas

Fecha de Publicación
: 31/08/2016
Fuente: La Gaceta
Provincia/Región: Tucumán


La quema de caña en pie genera infiernos de humos que atentan contra la salud pública y contra el ambiente. Controles a ingenios
Las rutas del interior tucumano se transforman en estos días en un infierno. El conductor se introduce abruptamente en una especie de túnel de humo en el que enfrenta el serio riesgo de sufrir un accidente. La visibilidad se hace casi nula y a veces las maniobras para evitar choques resultan tardías. Según la policía, en los últimos dos años al menos cinco personas murieron y otras 10 sufrieron distintas lesiones en diferentes percances que se desencadenaron en medio del humaredal. También hubo viviendas de familias alcanzadas por las llamas. El drama se genera con la quema de cañaverales que se extienden por kilómetros. Este procedimiento, que viene desde hace años, es una verdadera pesadilla para los bomberos voluntarios entre agosto y noviembre. “Es el tiempo en que los cañeros optan por incendiar la caña para evitar costos laborales. De esa manera no pagan para pelar la planta. Pero estos siempre responsabilizan a otros. Es verdad que a veces la quema es accidental, pero en un porcentaje mínimo. Las intencionales son las que prevalecen” dijo Luis Eduardo Figueroa, jefe de los Bomberos Voluntarios de Concepción. Tan solo esta repartición tiene hasta 20 intervenciones por semana, a pesar que en otros incendios no recurren al determinar previamente la inexistencia de riesgos hacia personas o viviendas. “Este drama en primer lugar representa una grave contaminación del medio ambiente. Y la sufre en gran medida la gente con problemas bronco-respiratorios. Al mismo tiempo cuando el humo invade rutas, se transforma en un riesgo enorme para la circulación vehicular. Y también está el peligro que acecha a viviendas próximas a las quemas” apuntó el bombero. ¿Qué sucede con las normas legales existentes que prohíben ésta práctica?. “Nosotros intervenimos en pericias cuando hay denuncias y para establecer si hubo intencionalidad. Sucede que siempre el cañero transfiere responsabilidad de lo ocurrido hacia terceros”, añadió Ramón Martínez, jefe de la División Criminalística de la Regional Sur. De esta manera es que se complica la tarea de determinar el autor y las penalidades. “Considero que si hay intenciones de erradicar el problema se tiene que partir con los controles desde los ingenios. No se debe permitir el ingreso de cañas quemadas. Y hasta la misma fábrica debería ser sancionada si lo permite”, opinó por su parte Ramón Arias, ambientalista de Concepción.
Figueroa, por su lado, se pronunció en el mismo sentido. “Si el problema no cesa es porque no se está controlando o sancionando como corresponde” acotó. Para el jefe de bomberos, el costo que genera el desplazamiento diario de móviles y personal a la zona de siniestro es elevado. Pero además obliga a los voluntarios a suspender por horas estudios o labores propias para recurrir a quemas generadas por “personas sin escrúpulos e inconscientes de los problemas a que expone a la población”, observó. Según el bombero, este año habrá un desborde descontrolado de quema de cañaverales si no se adoptan medidas preventivas. “Hay abundante cañas y ante la falta de lluvia la sequedad alentará incendios. Nosotros, por razones operativas, mantendremos la postura de actuar cuando se adviertan peligros contra personas o casas”, concluyó. Hasta el sol se hace tenue en agosto; y no por las nubes que cargan agua, sino por el humo que asfixia y borra el horizonte.
“La quema de caña en pie es un delito; es tan simple como eso. Y no es un delito ‘porque sí’. Están demostrados los múltiples perjuicios que causa. Y lo peor, es que ni siquiera genera beneficios”, define indignada la neumonóloga Nora Vázquez de Argiró.
En lo que respecta a su especialidad, insiste en resaltar lo que los estudios epidemiológicos que ella y su equipo han llevado a cabo vienen demostrando desde hace años: el humo y el hollín que se generan al quemar los cañaverales llevan las cifras de obstrucciones bronquiales mucho más allá de los promedios esperables: llegan al 22% de la población.

Valores triplicados
Otras mediciones, realizadas en La Trinidad (“uno de los lugares más contaminados de Tucumán”, afirma), mostraron que la presencia de partículas contaminantes triplica los valores considerados normales.
Es médica, pero no se limita a esa área su saber. “¿Cuánto ganan los cañeros quemando los campos? -se pregunta-. Nada, en realidad; monedas. En otros países, como Colombia, por ejemplo, se hace la cosecha verde, es decir, se aprovecha toda la caña como combustible, y rinde lo mismo que el bagazo”. También se utiliza como forraje para animales. “De hecho, hace unos años, en medio de una gran sequía de la pampa gringa, quisieron comprar para darle de comer al ganado. No se pudo hacer negocio: la habíamos quemado”, relata e insiste en que es necesario desarrollar alternativas como estas, más rentables y menos dañinas. “Pero, no. Ni así se logra frenar este grave delito”, añade.

Falla el rol del Estado
“Es grave -coinciden en asegurar miembros de la Cátedra de Salud Pública de la Facultad de Bioquímica de la UNT (prefirieron no dar su nombre), que desde 1998 están estudiando este problema-. Pero lo más grave es que, a pesar de que hay una ley provincial que regula el problema, nadie hace nada concreto para combatirlo. No hay controles eficientes por parte del Estado; tampoco sanciones”.
Enumeraron además los problemas más frecuentes, que no por conocidos son menos serios (dermatitis, tos, conjuntivitis, alergias, obstrucciones bronquiales, etcétera) y especificaron por qué es grave la situación en Tucumán: la mayoría de los cañaverales y todos los ingenios están en zonas muy urbanizadas (los famosos pueblos de ingenio). “Prácticamente respiran humo”, advirtieron.

¿Y los ojos?
“Hace unos años, antes de que instalaran los filtros en las chimeneas de los ingenios, la ‘basurita’ en el ojo era un problema frecuente en la guardia, pero eso ya casi no ocurre, cuenta Javier Marengo, jefe del servicio de Oftalmología del Hospital Padilla, y explica que las conjuntivitis típicas de esta época no están relacionadas con la quema de caña, al menos directamente. “En general, son virales o alérgicas. Ocurre cuando arranca el calor; las polinizaciones y el polvo en suspensión son típicos de esta época”, destaca. “Podría llega a haber una incidencia indirecta de la quema de caña en pie, pero eso sería algo muy difícil de medir”, resaltó.
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