El factor humano en las "catástrofes naturales"



El factor humano. ¿Por qué el cambio climático no es el único culpable?

Fecha de Publicación
: 16/03/2015
Fuente: La Nación
Provincia/Región: Nacional


Ante cada desastre natural que ocurre en el país, se acusa a lo inexorable del calentamiento global. Pero la planificación de infraestructura y territorial, entre otras políticas, podrían evitar muchas tragedias
El cambio climático es muchas cosas: un asunto que mezcla ciencia, política y diplomacia; el más grave problema que enfrenta la humanidad en el siglo XXI; un tema estrictamente ambiental (o económico); y hasta una oportunidad de negocios para algunos. Y la lista podría seguir.
En los últimos tiempos se transformó en algo más: una coartada.
"Fue algo inusual, un tsunami que cayó del cielo", dijo el gobernador José Manuel de la Sota tras las inundaciones que sufrió la provincia de Córdoba días atrás, con al menos once muertos, miles de evacuados e incalculables daños económicos.
"La naturaleza nos jugó una mala pasada con las intensas precipitaciones y el aumento del caudal de arroyos y ríos", dijo Claudio Poggi, gobernador de San Luis, provincia con cientos de evacuados y al menos un muerto.
No es algo único de provincias: Diego Santilli, entonces ministro de Ambiente y Espacio Público del gobierno de la ciudad, señaló algo similar en ocasión de las inundaciones del 2 de abril de 2013 en el distrito. Ni siquiera es un invento exclusivo de la Argentina: un funcionario paraguayo culpó al cambio climático. ¡de los baches del pavimento de Asunción!
Lo cierto es que ante la certeza del cambio climático -hay un enorme consenso de que no sólo existe sino que es de origen industrial- son muchas las cosas que se pueden hacer desde las políticas públicas y privadas. En principio, ser conscientes de que los eventos extremos (de lluvias bíblicas a sequías de órdago, pasando por granizadas, rayos y trombas) llegaron para quedarse y su frecuencia e intensidad será cada vez mayor. No es algo nuevo, ni un paper que científicos de elite hayan publicado la semana pasada: se sabe desde hace por lo menos quince años, lo difunden enorme cantidad de investigadores (entre ellos, decenas de argentinos) y se ha cumplido terca y lamentablemente. Y todo indica que seguirá; y más aún: empeorará.
Por todo eso se puede, y debe, reacondicionar ciudades, diques, rutas y espacios verdes en orden de acomodar las infraestructuras a esta nueva realidad; y no echar más leña al fuego, con desmontes y urbanizaciones poco planificadas y al calor del cortoplacismo de rápidos negocios inmobiliarios.

Previsión, ese faltante
Córdoba misma, por ejemplo, es la provincia peor administrada ambientalmente, según afirma el biólogo Raúl Montenegro, presidente de Fundación para la defensa del ambiente (Funam) y premio Nobel Alternativo 2004. Lo que tiene como consecuencia víctimas fatales humanas. En este caso el medio ambiente no es una abstracción o el intento de salvar ballenas en los mares del Sur, esas banalidades en las que se encasilla por comodidad al ecologismo.
"El cambio climático global, que en esta provincia traerá más humedad y precipitaciones, impacta sobre el nivel de resistencia ambiental y social más bajo de toda su historia", dice. "Al estar destruidos los ambientes nativos, cuando se producen lluvias intensas el agua en lugar de infiltrar o entrar en la zona de montañas, con cuencas activas, escurre, dado que ha sido destruida buena parte de la vegetación natural. Las sierras se transforman en toboganes de agua."
Las cifras que acompañan los conceptos de Montenegro son fuertes: queda hoy en Córdoba menos del 5% de todo el bosque nativo cerrado, es decir, aquel que tiene un alto nivel de densidad y que es el que retiene más agua. En los últimos años, la provincia tuvo una de las tasas de desmonte más altas del mundo. ¿Por qué? Por un lado, la presión para extender la frontera agrícola (que se repite en todas las provincias que sufrieron inundaciones este 2015): los suelos con soja o maíz no retienen tanto el agua. Por otro, la falta de una mínima planificación urbana. "La provincia y los municipios no han establecido zonas de protección para las crecientes. Hay puentes mal construidos, malecones de cemento, rutas incorrectas, y todo eso ofrece obstáculo cuando entra el agua y actúa como un soplete hídrico, se derrama y se hace más temible", dice y añade que tampoco ha habido preparación de la población para fenómenos como crecientes o alta pluviosidad y menos para el turista. En todo lugar del mundo expuesto a sismos, volcanes o con riesgos de tsunamis se trabaja en alarmas y rutas de evacuación, incluso con carteles a la vista de todo visitante.
Pero la sociedad civil no es sólo víctima de especulaciones inmobiliarias y nulas planificaciones: también tiene su cuota de responsabilidad. Dice Francisco Marraro, investigador del INTA de Manfredi, en Córdoba, que "muchas veces las investigaciones están y se sabe qué hay que hacer, pero luego la adopción lleva más tiempo. Porque los actores sociales tienen que entender mejor ciertas cosas. En Córdoba muchos se van a vivir a las sierras por el contacto con la naturaleza, dicen, pero trabajan en la capital. Entonces hacen 30 kilómetros todos los días desde donde se hizo el loteo. La gente no ve las consecuencias de su afán por moverse al country de la sierra". Es decir,las consecuencias adversas de construir en el bosque y el derroche energético de ir y volver en auto, con el consiguiente incremento de la emisión de gases invernadero.
¿Y qué se puede hacer? Marraro dice que se podrían citar cincuenta páginas con medidas de adaptación al cambio climático ("mitigación", la otra palabra clave, refiere a la reducción de emisión de gases de efecto invernadero): "Reforestar las cuencas altas, construir o reforzar diques de contención, tener en cuenta cuencas y pendientes a la hora de habilitar el crecimiento urbano. Y pensar el manejo agronómico de los lotes. Hay pautas que hacen que disminuyan las escorrentías [aguas producto de una correntada descontrolada] y sobre eso el INTA viene trabajando". Ordenamiento territorial, en una palabra.
Para Montenegro, el hecho de que el desastre ambiental se observe a simple vista es una medida del tamaño del problema. Y menciona que si el río desbordado rompió casas e infraestructura no conviene reconstruirlas en el mismo lugar sin precauciones, porque puede volver a suceder lo mismo. Elemental. Y sucedió el 6 de marzo en Mendiolaza, Córdoba, que los vecinos salieron a quejarse y reclamar, sentido común en mano. "Están reconstruyendo la traza que fue arrasada y destruyó viviendas a sus márgenes de la misma manera, rellenándola con piedras, sin respetar el cauce del río. Así la tragedia que ya sufrimos nos volverá a suceder, por eso no vamos a permitir que continúen con esos trabajos", comentaron al diario La voz del interior los vecinos reunidos. Además pidieron un sistema de alarma temprana, relocalizar sectores del barrio, la capacitación de bomberos, personal municipal y de policías. Elemental bis.
Es que la ecuación parece simple: lluvias extraordinarias por el cambio climático, más nula preparación social y de infraestructura, igual a multiplicación de desastres no-tan-naturales. Y el asunto, por supuesto, excede a Córdoba y resulta endémico en la zona central y norte del país.

Algunas claves
Enumera la situación Hernán Giardini, coordinador de la campaña de bosques de Greenpeace: "Lo de Santiago del Estero, Santa Fe y Córdoba no es casual: se deforestó en zonas no permitidas por la ley, a Santa Fe le queda poco bosque, y Santiago ha deforestado muchísimo desde 1998: 1,7 millones de hectáreas, un número impresionante, donde también se autorizan desmontes en contra de la ley nacional. Todo esto no ha contribuido a mitigar el cambio climático sino todo lo contrario".
Rolando Núñez, de la Fundación Nelson Mandela, con sede en Resistencia, Chaco, aporta: "Lo que le falta a Argentina es establecer un ordenamiento territorial que marque qué zonas son y podrán ser productivas y cuáles no, regular bien las actividades humanas para que todo el país no termine siendo un gran Riachuelo". La ley de bosques supuestamente marcó qué territorio nativo podía tocarse, cuál bajo ciertas condiciones y cuál debía permanecer intocable, con un sistema tipo semáforo, zonas verdes para realizar cualquier actividad, amarillas con restricciones, y rojo para los lugares que debían respetarse tal cual están (incluso contempla una compensación monetaria para los dueños).
El tema es que no se cumplió, o se lo hizo a regañadientes. "No se respetaron las clasificaciones territoriales. Nosotros mostramos que durante todo 2014 hubo en Chaco desmontes en zonas amarillas. Hay una ley, un mundo del deber ser, y una práctica que va contra el manejo sustentable. Lamentablemente, los gobiernos provinciales no se dan cuenta de que es imposible llevar adelante acá la producción como si fuera pampa húmeda porque en poco tiempo se transforma en desierto." Además, Núñez señala la paradoja de que se eliminan bosques en zonas en las que por los costos de producción (pesticidas, fletes, fertilizantes, impuestos, etc.) resultan antieconómicas. "Es decir, hacen el daño, salinizan el suelo, pero no pueden sacar rédito", se lamenta.
Coincide Giardini: "Con la ley de bosques se buscaba entre otras cosas mitigar las lluvias más intensas, pero si no se cumple no tiene sentido". Y dice que de la ley se violó hasta en el presupuesto: "Este año tuvo 20 veces menos que lo que indicaba la ley. Debieron ser unos $ 4700 millones y fueron $ 230 millones. Eso se deriva a provincias según cantidad de bosques. Igual algo se mejoró: en Chaco y Salta tenían un millón de pesos al año para cuidar bosques y ahora pasaron a tener 40 millones cada una, pero debió ser mucho más: unos 800 millones."
Giardini agrega que hay que pensar en un diseño distinto de las ciudades, no sólo aquellas que se aposentan en zonas ex boscosas, sino también las que se instalan o extienden en zonas de humedales, por ejemplo. Como en otros aspectos, no se piensa a largo plazo.
El investigador principal del Conicet y de la UTN Pablo Canziani resume la cuestión (y hasta deja espacio para la esperanza): "Echarle la culpa al cambio climático y no hacer nada es la peor opción. El cambio climático no es algo nuevo, tiene veinte años y los informes se hacen cada vez más precisos. Si desde el sector de toma de decisión, pública y empresarial, dicen que es inevitable se trata lisa y llanamente de una mentira. Porque hasta se podría obtener algún tipo de beneficio bajo ciertas condiciones. Como la vitivinicultura en ciertas zonas de la Patagonia. ¿Quién iba a pensar que tomaríamos vino de Neuquén y de la zona del valle del río Chubut?"
Desde hace un tiempo los ecologistas, pero no sólo ellos, señalan que las catástrofes naturales ya no son naturales y el elemento de (malas) decisiones humanas pesa en el conjunto. ¿Y si se pasa de aquella coartada del principio a la acción con base científica?

La necesidad de un nuevo paradigma
En un contexto en el que los responsables de diseñar políticas desde el Estado prefieren culpar al cambio climático de los males de los que no son enteramente inocentes, suenan como posible cambio de paradigma dos hechos de las últimas semanas.
Por un lado, el director provincial del agua de la provincia de Tucumán, Juan Sirimaldi, se transformó en el primer funcionario que reconoce los desmontes como el origen de las inundaciones. "No hay dudas de que llovió de manera extraordinaria pero creo que los desmontes son responsables en un 70% de las inundaciones en Tucumán. Y me hago cargo de lo que afirmo", dijo al diario La Gaceta. Sirimaldi recorrió algunas de las zonas afectadas, en el departamento de Juan Bautista Alberdi, donde se talaron 3000 hectáreas para el cultivo de la soja. "Con monte, las inundaciones no hubieran ocurrido", agregó.
Por otro lado, y tras la descomunal serie de incendios que sufrió Chubut, con más de 34.000 hectáreas incineradas en cinco distintos focos y con dos confirmados como intencionales, el gobernador local Martín Buzzi afirmó en diálogo con la nacion que va a impedir y hasta revertir los procesos de venta de terrenos que hayan incluido daños ambientales. "Firmé un decreto de necesidad y urgencia en el que establezco que donde hubo fuego no puede haber loteos, desarrollo inmobiliario u hotelero por el plazo de diez años", dijo.

-¿Por qué un decreto?
-Según la Constitución de Chubut, el suelo tiene propietarios, pero la cubierta vegetal, los bosques nativos, son propiedad de la provincia, no se pueden tocar. Por eso, el fuego provocado es aliado de los especuladores. Además, detectamos que en estos años hubo ventas de muchos terrenos con abuso de poder. Se trataba de sitios que tenían permisos precarios de propiedad, llamados derechos de pastoreo, que fueron vendidos por poco dinero y en muchos casos bajo presión. En aquellos casos en que los anteriores dueños fueron presionados para vender podríamos revertir y devolver a los dueños originales. Es inmoral porque terrenos de 50.000 dólares la hectárea se vendieron por cien dólares, con intervención de estudios jurídicos.

-Es decir, que hay razones ambientales y sociales.
-Sí, hay casos de paisajes hermosos, con vistas al lago, que tienen dueños con historias turbulentas. Ésta no fue una campaña al desierto, sino una campaña al bosque. Pero ahora el mensaje es que no puede ser una buena noticia que se te queme el campo.

-¿Lo hace bajo el amparo de la ley de bosques o de la Constitución provincial?
-De la Constitución, porque es anterior y tiene más fuerza.

-¿Siente que está solo o que impulsa un cambio de paradigma en cierto sentido?
-El cambio climático existe, pero el tema es qué hacer con eso. En la Cordillera se notan los cambios, con temperaturas mínimas bastante más altas que hace unos pocos años. Se da cuenta cualquiera. Pero hay que hacer algo, que no es rezar, ni conferencias en la ONU o similares, sino actuar en el bosque, que es lo que nos define y además que es lo que nos da el agua y fija las cuencas hídricas..
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